¿QUÉ ES PSICOPATOLOGÍA?

Lopez Piña Stephanie Guadalupe


Es dificil dar una definición a la psicopatología , sin embargo, podemos hablar de ella como una ciencia que estudia las manifestaciones de trastornos en la mente, que tomando en cuenta los signos y síntomas puede darse un diagnostico acertado. Dichos signos y síntomas se definen anormales de acuerdo a su amplitud (exceso o déficit), duración, intensidad, tiempo y variabilidad con los eventos fisiológicos, como la percepción, la emoción, el pensamiento y la actividad motora.

En general, los fenómenos psicopatológicos se reconocen con relativa facilidad, como tales, por el clínico y las personas que los observan; sin embargo, a veces no se ponen de acuerdo a la hora de identificar como patológicas una determinada vivencia o acción, pues la definición del fenómeno psicopatológico no es una cuestión simple e inequívoca y presenta dificultades como las siguientes:

1. Las diferentes anomalías psíquicas son de distintas naturalezas, donde no es posible hallar en ellas una peculiaridad común, cuya presencia sea necesaria para considerar a un fenómeno psíquico (vivencia, comportamiento) como anormal.

2. Por otra parte, los fenómenos psíquicos anormales no presentan una cualidad, un componente, que solo se halle en ellos y no en los normales.

Sin embargo, la naturaleza de los fenómenos patológicos si pueden ser mejor caracterizados, ya que pueden depender del sufrimiento, de la incapacidad funcional, de inadaptación, de pérdida de control, de la desviación del término medio o por alguna patología orgánica; a consecuencia de esta diversidad, es que en la actualidad, hay múltiples criterios sobre cómo definir lo patológico, y en base a que establecerlo:

a) Criterio estadístico

Este criterio postula que la psicopatología es todo aquello que se desvía de la normalidad, es decir, «algo» (un rasgo de personalidad, una capacidad intelectual, una actividad mental, un comportamiento, una emoción, un afecto, etc.) que resulta poco frecuente, que no entra en los límites de la distribución normal de la población que nos sirve de referencia.

De modo que las diferencias entre lo normal y lo patológico son de naturaleza cuantitativa; lo que significa que cuando una conducta, rasgo, actividad o característica es muy poco frecuente, se vuelve poco representativa del grupo social normativo de referencia, siendo cuantitativamente distinta de lo que se considera normal.

b) Criterios sociales e interpersonales

Se afirma que lo psicopatológico no es más que una «construcción social» y una «convención» que la comunidad adopta en un momento, y de un modo por lo general poco explícito,afirma que lo psicopatológico no existe más que en las mentes de quienes lo postulan. Cierto es que, en muchas ocasiones, la investigación transcultural ha demostrado que este modo de argumentar no es, en absoluto, una tontería, y que lo que en un contexto cultural, social o histórico es normal, se torna patológico en otros; y, a la inversa.

Así pues, y con todas las precauciones que haya que adoptar, no queda más remedio que admitir honestamente que esas normas sobre cuyas bases catalogamos a una persona como normal o como psicopatológica existen en nuestras mentes. La solución no está, ni en negar su existencia, ni en ignorarlas, ni en proclamar ingenuamente que no existen psicopatologías ni personas que las padezcan. Muy al contrario, cualquier solución pasa necesariamente por estudiar y definir del modo más preciso posible esas normas y los supuestos en que se fundamentan, con el fin de evitar al máximo que nuestra actividad clínica se deje llevar por los prejuicios y la falsa moral. Y, sobre todo, con el de ayudar a la persona que presenta la psicopatología en cuestión, a reintegrarse, en las mejores condiciones, en el medio social al que, se quiera o no admitir, pertenece, pues en la medida que una persona se comporte, piense o sienta como lo hacen sus congéneres, o como éstos esperan que lo haga, será catalogada como normal.

A decir verdad, conseguir restaurar la capacidad de adaptación social constituye un objetivo fundamental de la mayor parte de las técnicas de tratamiento e intervención psicológicas. Sin embargo, no siempre es fácil determinar qué hay que entender por adaptación social. Y lo que es más importante, suponer que esa adaptación es sinónimo de salud mental puede llevarnos a cometer graves errores.

Un modo de solucionar estos problemas, es examinar muy a fondo el contexto social, así como el tipo de contingencias ambientales que modulan el comportamiento y la actividad mental, si queremos llegar a comprender la génesis y/o el mantenimiento de muchos comportamientos perturbados o anormales.

c) Los criterios subjetivos o intrapsíquicos

De acuerdo a este criterio, es el propio individuo el que dictamina sobre su estado o situación, lo que se suele traducir en quejas y manifestaciones verbales o comportamentales: quejas sobre la propia infelicidad o disgusto, sobre la incapacidad para afrontar un problema o buscar una solución razonable, retraimiento social, comportamientos poco eficaces y/o incapacitantes, contacto deficiente con la realidad, malestar físico e incluso búsqueda de ayuda especializada (Maher, 1976; citado en Belloch).

El principal problema de estos criterios reside, en que implican que una persona es siempre consciente de sus problemas e incapacidades o, lo que es igual, de que tiene problemas y de cuáles son su naturaleza y su alcance. Y esto no es siempre así. Además, no todas las personas que manifiestan quejas de infelicidad o angustia personal, que tienen problemas para entablar y/o mantener relaciones sociales, que se comportan de un modo poco eficaz o que son poco realistas, son catalogables como psicopatológicas (o anormales, si se prefiere), incluso aun cuando recurran a un psicólogo clínico o a un psiquiatra. Lo mismo sucede con las personas que acuden al médico: no todas están enfermas, o mejor, el hecho de ir al médico no significa necesariamente que se esté verdaderamente enfermo.

d) Los criterios biológicos

Enfatizan sobre todo en la naturaleza biológica y física de las personas. La variedad de este grupo de criterios es muy amplia, puesto que son muchas y muy diferentes las disciplinas que se encuadran en las perspectivas biológicas o físicas de la psicopatología: genética, neurología, bioquímica, inmunología, fisiología, etc. Todas estas disciplinas mantienen un mismo supuesto básico: el de que las diferentes psicopatologías son, fundamentalmente, la expresión de alteraciones y/o disfunciones en el modo normal de funcionamiento, bien de la estructura, bien del proceso biológico que las sustenta.

Evidentemente, la irrupción de esta clase de criterios en el ámbito de la psicopatología supuso tanto una ruptura radical con las hasta entonces dominantes perspectivas mágico-míticas y religiosas, como la adopción de planteamientos científicos para la explicación y el tratamiento de las psicopatologías. El avance ha sido desde entonces incuestionable. Nadie puede dudar, pues, de su importancia y ningún psicopatólogo debería permitirse la arbitrariedad de ignorar su existencia o de despreciarla. Aunque, lo que ya no está tan claro es que el hecho de que se descubra una etiología orgánica significa descartar sin más la intervención de factores estrictamente psicológicos y sociales.

Las personas somos, además de organismos biológicamente determinados, individuos sociales, con una historia personal de aprendizajes, de memorias y de modos de conocimiento del mundo, que no son meros epifenómenos de nuestra condición de organismo, ni son tampoco explicables recurriendo única y exclusivamente a esa condición.

En definitiva, los planos psicológico y biológico están lejos de ser incompatibles; antes bien, son complementarios e igualmente necesarios para la comprensión de las psicopatologías. De hecho, la tendencia actual a postular un modelo biopsicosocial para la explicación de la naturaleza humana y sus alteraciones (mentales o no) significa el reconocimiento de esa complementariedad (Belloch y Olabarría, 1993; citado en Belloch et all).

e) Criterios de anormalidad

Después de todo lo expuesto podría pensarse que ninguno de los criterios mencionados es útil para explicar y describir las psicopatologías. Todos y cada uno de ellos son necesarios; pero ninguno es suficiente, por sí mismo, para su definición.

Por tanto, es útil establecer algunos postulados o principios generales sobre los que podemos basarnos para caracterizar y catalogar un determinado modo de pensar, actuar o sentir como anormal o psicopatológico:


Primero: No hay ningún criterio que, por sí mismo o aisladamente, sea suficiente para definir un comportamiento, un sentimiento o una actividad mental como desviada, anormal y/o psicopatológica.
Segundo: Ningún comportamiento, sentimiento o actividad mentales son por sí mismos psicopatológicos. Para calificarlos como tales es necesario apelar a una relativamente amplia gama de condicionantes contextuales (Mahoney 1980; citado en Belloch et all), así como examinar su posible utilidad adaptativa y estratégica (incluyendo las ganancias secundarias que la persona que los exhibe, sus allegados o la sociedad obtienen con ellos).
Tercero: La presencia de psicopatologías representa un obstáculo importante para el desarrollo individual de la persona que las mantiene, o para su grupo social más cercano (Belloch e Ibáñez 1992; citado en Belloch et all), es decir, no tienen utilidad estratégica, o esta es menor que la conducta contraria (Martin 1976; citado en Belloch et all).
Cuarto: Las dificultades que tienen las personas con psicopatologías les impiden lograr sus niveles óptimos de desarrollo social, afectivo, intelectual y/o físico. Y esas dificultades no son exclusivamente el resultado de condicionantes socioculturales insuperables para un individuo particular, sino que están producidas por anomalías en sus actividades, procesos, funciones y/o estructuras, ya sean cognitivas, afectivo/ emocionales, sociales, biológicas y/o comportamentales.
Quinto: Los elementos que definen como psicopatológicos un comportamiento o una actividad mental, no difieren de los que definen la normalidad más que en términos de grado, extensión y repercusiones, lo que significa que es más correcto adoptar criterios dimensionales que categoriales o discontinuos para caracterizar a las diversas psicopatologías (Cattell, 1970; Eysenck, 1970; Mahoney, 1980; citados en Belloch et all).
Sexto: La presencia de psicopatologías no conlleva necesariamente ausencia de salud mental. Así pues, todas estas anomalías son tremendamente corrientes en la vida y todos alguna vez las hemos experimentado en pleno estado de salud.
Séptimo: Del mismo modo sucede que salud no implica simplemente ausencia de enfermedad. Como señalaba la OMS ya en 1946, salud no es sólo ausencia de enfermedad, sino también presencia de bienestar. En el ámbito de la salud mental, la Federación Mundial para la Salud Mental la definió en 1962 como «un estado que permite el desarrollo óptimo físico, intelectual y afectivo del sujeto en la medida en que no perturbe el desarrollo de sus semejantes».


Respecto a lo anterior, encotramos tres características básicas de la psicopatología, que son a la vez imprescindibles en su definición:

1. Aspira al conocimiento de las estructuras esenciales de la personalidad mórbida y de las causas de la patología mental.

2. Ofrece una perspectiva a la vez teórica y critica, abarcando todos los aspectos de la actividad psíquica mórbida.

3. Tiende a integrar su saber en el conocimiento científico total del hombre.

Estos enfoques, legítimos y necesarios, nos muestran hasta qué punto la psicopatología se encuentra ligada, por una parte a la psicología y a la sociología, y por otra, a la medicina y a la biología.

Concluyo cuestionando al lector lo siguiente: ¿ Qué significa ser normal ? ¿ Qué significa ser anormal? Y sobre de todo, ¿Ser normal es sinónimo de salud? ó ¿ Ser anormal es sinónimo de enfermedad?


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

• Uriarte Víctor. Psicopatología. 2º edición. 1997. pp.4-5

• Desahies Gabriel. Psicopatología General. Editorial Kapelusz. Buenos aires. 1961. pp.7-8

• Gradillas Vicente. Psicopatología Descriptiva: Signos, Síntomas y Rasgos. Pirámide. Madrid. 1998. pp.25-28

• Belloch Amparo et all. Manual de Psicopatología. Volumen 1. Mc Graw Hill. España 2008. pp.37-43.

Psicopatología y personalidad 2020–1

Medium de la clase psicopatología y personalidad

STEPHANIE GUADALUPE LOPEZ PIÑA

Written by

Estudiante de PsicologÍa, en la Facultad de Psicología de la UNAM

Psicopatología y personalidad 2020–1

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