“Están a destiempo”

Rosas y oraciones para Oscar, última actividad que se realizó previo a la conmutación de Oscar López Rivera (Foto Rafa Buxeda)

Por más lluvia o frente frío que haya, nada es tan fuerte como el diluvio que nos viene cayendo encima hace unos meses y que se ha acrecentado en las últimas semanas.

Pese a la victoria de la lucha inclaudicable por la excarcelación de Oscar López Rivera y de las manifestaciones en contra de la imposición de la Junta de Control Fiscal, del depósito de cenizas en Peñuela y de la implantación de la Deforma Laboral, “Están a destiempo”, me expresó la mañana del 11 de enero una señora en una cafetería cercana al Tribunal Federal. Me comentó eso casi con la boca cerrada, café en mano, con ganas de que la oyera, o de que no la oyera, o de que no la oyeran los demás que desayunaban. Parece que con su acción quiso menospreciar la manifestación próxima a comenzar — la penúltima que se hiciera en aras de exigir la excarcelación de Oscar López Rivera — y la permanencia del Campamento Contra la Junta en ese perímetro de la urbe tan concurrido y asediado por el trajín diario. “¿Y cuándo es el tiempo?” pensé, aunque debí haberle increpado en voz alta.

En momentos tan cruciales como los que atraviesa Puerto Rico, para muchos y muchas como esa señora, cuándo será el tiempo. ¿No ahora que impusieron la injusta mal llamada Reforma Laboral?, ¿No ahora que la autonomía y la acreditación de la Universidad de Puerto Rico están en la mirilla con el proyecto de ley 451 de la Cámara de Representantes?, ¿No ahora que el gobernador electo firmó un proyecto que enmienda la Ley de Alianzas Público Privadas (APP) a fines de empoderar más a agencias del sector privado que quieran negociar con el gobierno?, ¿No ahora que están en advertencia de colapso los Sistemas de Retiro?, ¿No ahora que quieren reestructurar el país a base de muchas otras medidas que seguirán asfixiando al pueblo?

El gobierno recién elegido, sin lugar a dudas, tiene un plan de restructuración de la deuda — sin haberla auditado — en la que toda la clase política ha metido al país. No obstante, ¿a quiénes beneficiarían los ajustes propuestos en ese plan? Desde que el gobernador tomó posesión de su escaño, la lluvia de medidas ha caído de golpe causando ansiedad e incertidumbre entre el sector poblacional más atento a lo que ocurre en el país. Quizás el sopetón es una estrategia para ahogar, tanto a los que resisten en pie de lucha, como a los que, al igual que la señora de este relato, continúan tomándose el café matutino sin tan si quiera intrigarse por lo que sucede en las cercanías de la rutina diaria.