Adam Smith y la misteriosa teoría de «La mano invisible»

El 5 de junio de 1723 nacía en Escocia uno de los hombres que cimentó las bases teóricas del liberalismo económico, lo que llamamos comúnmente capitalismo. Hemos considerado desde Punto y Coma que el aniversario del nacimiento de este personaje es un buen momento para reflexionar sobre el capitalismo y algunos de sus principios, los cuales, como ahora veremos, fueron totalmente tergiversados.

La economía, en muchas ocasiones, se convierte en un tema aburrido y tedioso, algo comprensible debido a su complejidad. Por ello hablaremos de economía de una manera fácil de entender.

La obra principal de Adam Smith se tituló «Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones», que en modo resumido se conoce como «La riqueza de las naciones». Esta obra es, para muchos, el primer estudio económico exhaustivo de la historia. La intención del economista y filósofo era explicar el motivo y las razones de la prosperidad económica de Inglaterra y Países Bajos. En su análisis reflexiona sobre división del trabajo, maneras de producción, microeconomía y sobre teorías ya existentes. El libro es una verdadera obra de arte, pues presenta la economía, por primera vez, como una auténtica ciencia, un campo de estudio plena y totalmente independiente, cosa obvia hoy en día.

Una de las teorías más polémicas y más curiosas es la «teoría de la mano invisible». Seguramente todos hemos oído hablar de ella alguna vez, pero lo cierto es que lo que se trasmite hoy en día sobre esa teoría no es lo que dijo Adam Smith. En otras palabras: ha sido totalmente tergiversada.

Esta teoría es entendida hoy en día como una de las bases del sistema capitalista más puro, y viene a decir que en el sistema económico no debe intervenir el Estado bajo ninguna condición, pues hay una fuerza oculta —descrita como una «mano invisible»— que en los períodos de desequilibrio y crisis económico acaba por ajustar el sistema de manera natural y autónoma. En una crisis como la actual esto significa que el gobierno, la Unión Europea o el Fondo Monetario Internacional no deberían hacer nada, que las cosas por sí solas volverían a su cauce ya que cualquier intervención sólo atrasaría la recuperación.

Los defensores de esta teoría, por tanto, estarían en contra de mucha acciones que se han tomado estos últimos años, acciones que nos suenan a todos, como por ejemplo el rescate que hizo el gobierno español sobre Bankia. Un defensor de esta teoría hubiera dejado caer la entidad bancaria, argumentando que es el orden natural de las cosas y que, con el tiempo, todo volvería a su cauce.

Hasta ahí creo que todo está claro. Una teoría que defiende la no intervención por parte de ningún organismo en la economía, algo plenamente encuadrado en el liberalismo económico. Pero la cuestión es que Adam Smith jamás dijo eso. ¿Qué fue lo que etiquetó Adam Smith como «Teoría de la mano invisible»?

Una de las principales preguntas que Adam Smith se hizo a lo largo de toda su vida es: ¿qué hace que una nación sea rica? Por supuesto esta respuesta es larga y requeriría hojas y hojas de análisis en todos los aspectos, algo que, por supuesto, no vamos a hacer aquí. Pero sí que nos referiremos a una de las muchas razones que él da para contestar a su pregunta, y es que la riqueza personal de un hombre beneficia al conjunto social que, dicho en cristiano, significa que los ricos benefician a la sociedad. Una sociedad con muchos ricos es una sociedad, en opinión de Smith, sana económicamente hablando. Esto tiene una justificación: Smith alega que detrás de un rico se generan una serie de actividades económicas que generan a su vez más riqueza y puestos de trabajo.

Una sociedad con muchos ricos es una sociedad, en opinión de Smith, sana económicamente hablando.

Por ejemplo, si un rico sale a cenar seis veces al mes significa que hay restaurantes en los que trabajan camareros, cocineros y personal de limpieza. Además ese rico tiene una casa muy grande con un enorme jardín que no puede cuidar él solo, lo que le obliga a contratar a dos jardineros. El rico puede decidir comprarse un coche, pero además, como se lo puede permitir, su mujer y su hijo tienen uno también, lo que hace que se abra un taller mecánico cerca de su casa, pues la ley obliga que cada cierto tiempo se hagan revisiones. Nuestro rico además querrá ir a la última, por lo que se compra ropa y eso hace que se construya un centro comercial con tiendas a dos calles de su casa —y allí no sólo trabajan el personal de las tiendas, sino que hay agentes de seguridad y personal de limpieza. Su hijo no va muy bien en la universidad, así que sus padres, con buen criterio, deciden pagarle una academia en la cual trabajan profesores, uno de matemáticas, otro de física y otro de química. Y así podríamos seguir eternamente con cosas en las que el rico decide gastar —legítimamente— su dinero.

Queda claro el mensaje. Cuando un ser humano gana dinero es, esencialmente, para gastarlo, para gastarlo en lo que uno quiera. Y cuanto más se tenga, más se gastará. Todo ser humano —y aquí entra en juego la Teoría de la mano invisible— tiene en mayor o menor medida la necesidad interna y natural de enriquecerse, de buscar aumentar su patrimonio personal. Esa fuerza interna es la que Adam Smith llama «La mano invisible».

Fuente

Ahora viene la pregunta obligada, ¿cómo es que el verdadero sentido de esta teoría, estemos de acuerdo o no con ella, no ha llegado a nuestros días? ¿Por qué se llama Teoría de la mano invisible a algo que no lo es?

Como en casi todo en la vida, hay varios puntos de vista al respecto. Personalmente creo que ha sido utilizado tanto por defensores como detractores del sistema capitalista. Me explico.

Los jerarcas comerciales e industriales del siglo XIX hicieron gran fortuna con las nuevas formas de hacer la economía que llegaron con la revolución industrial. Dichos hombres de negocios se beneficiaban de la no participación del Estado en los asuntos de la economía y del comercio pues, ante ausencia de legislación laboral que defendiese a los trabajadores y la eliminación de las barreras comerciales, sus beneficios eran ingentes. De este modo tergiversaban conscientemente esta teoría alegando que Adam Smith (un referente para aquella época, casi un mito a idolatrar) defendía la existencia de una mano invisible que pone todo en orden sin necesidad de intervención del Estado. Los detractores acabaron creyendo lo dicho por el grupo anterior y lo dieron por válido. Por supuesto —y en eso la historia nos demuestra que no cambiamos— nadie se molestó en leer la obra original de Adam Smith para corroborarlo.

Adam Smith siempre abogó por el papel intervencionista del Estado en la economía.

Adam Smith creía en el libre mercado, creía en la iniciativa privada y, por supuesto, asentó las bases del liberalismo económico. Pero Adam Smith siempre abogó por el papel intervencionista del Estado en la economía. Sin embargo, la percepción general es que este modelo lo inventó el economista británico John Maynard Keynes tras la crisis de 1929, que defendía un sistema capitalista pero acotado y controlado por los poderes estatales.

Los postulados que Adam Smith defendió son, por tanto, más actuales y lógicos de lo que pensamos hoy en día y, aunque no estemos de acuerdo con lo defendido por el autor escocés, existe un deber moral de aclarar que efectivamente lo que se entiende hoy en día por «Teoría de la mano invisible» es falso.

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Manuel Cano Ruiz-Ocaña (@manucro1) se graduó en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y después estudió un Postgrado en Educación secundaria. Es editor del blog «El Ágora de los Seis», donde se pueden encontrar escritos sobre temas variados, con especial énfasis en la historia, la política y la educación.

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