El «Fujimorismo», o el populismo de derechas

Populismo» es un término muy de moda hoy en día. En España se ha comenzado a oír con bastante frecuencia a raíz del crecimiento de Podemos, pues es uno de los argumentos más comúnmente usados por sus detractores. Pese a todo, dicho término parece que tiene más arraigo en Latinoamérica, donde sin duda se ha aplicado fuertemente desde mediados del siglo pasado.

Por la realidad política actual, la mayoría de la población piensa que el populismo es algo exclusivo de la izquierda, sobre todo por lo que vemos en Venezuela en nuestros días con ese régimen chabacano y surrealista que ha creado Nicolás Maduro en el post-chavismo. Pero estamos equivocados si pensamos que no hay — o no hubo — populismo de derechas.

Venció gracias al apoyo de sectores marginales de la sociedad — indígenas, mineros y pequeños empresarios — y marcó los siguientes veinte años de Perú. Su nombre es Alberto Fujimori.

En el año 1990 el rector de una conocida universidad peruana consigue hacerse con la victoria electoral derrotando en la segunda vuelta nada más y nada menos que a Mario Vargas Llosa. Este señor era hijo de unos inmigrantes japoneses y estudió ingeniería, mostrando una gran motivación política desde joven. Venció gracias al apoyo de sectores marginales de la sociedad — indígenas, mineros y pequeños empresarios — y marcó los siguientes veinte años de Perú. Su nombre es Alberto Fujimori.

Hoy en día Fujimori está en la cárcel, pero vuelve a ser un personaje de actualidad porque su hija, Keiko Fujimori, se ha presentado a las elecciones presidenciales y ha sido la clara ganadora en la primera vuelta. ¿Qué puede significar esto para los peruanos? ¿Hacia dónde se dirigirá el país andino si se cumplen las expectativas?

Perú entró en el siglo XXI como uno de los países con más proyección económica de Latinoamérica, junto a otros como Méjico, Brasil, Colombia o Chile. Es un país con una situación estratégica inmejorable a orillas del Pacífico y con conexión directa con los grandes puertos comerciales de la costa oeste estadounidense como China, Japón o Taiwán. Es además uno de los principales productores de minerales, estando entre los líderes mundiales de producción de oro, plomo, zinc, estaño, carbón o plata. Estas reservas, al contrario de lo que pasa con Venezuela, sí que están reportando riqueza al país y por tanto posee una de las tasas más altas de crecimiento económico de América, que no baja del 6% desde 2009. Desde el punto de vista económico, Perú va a toda máquina. Los gobiernos de Alan García, desde 2005 a 2011, marcan el camino del crecimiento, continuado por el actual presidente Ollanta Humala. Que tres presidentes consecutivos (pues a García y a Humala hay que sumar a Alejandro Toledo), cada uno de una ideología política diferente, sean capaces de generar empleo y crecimiento económico en un país con programas diferenciados es algo extraordinario.

Alberto Fujimori gana esas elecciones de 1990 que hemos mencionado en una fulgurante carrera política sin precedentes en el país

Pero, ¿qué tiene que ver Fujimori con todo esto?

Alberto Fujimori gana esas elecciones de 1990 que hemos mencionado en una fulgurante carrera política sin precedentes en el país. Nadie lo esperaba un par de años antes, pues antes de 1989 Fujimori era muy desconocido en el Perú fuera del ámbito universitario. Su éxito se basó en un programa claramente populista, y aquí veremos cómo el término no es exclusivo de la izquierda.

Cuando Fujimori llega al poder el Perú distaba mucho del actual. Había una grave crisis social, con una sociedad tremendamente polarizada, una economía todavía en proceso de modernización y una situación más que precaria de la comunidad indígena. No olvidemos además que nos encontramos ante años muy sangrientos de la organización guerrillera, o más bien terrorista, Sendero Luminoso, guerrilla indígena de carácter marxista-maoísta.

Fujimori, mantuvo un núcleo de apoyo muy fuerte debido a su política de construcción de infraestructuras en zonas rurales, lo que llevo por primera vez colegios y centros médicos a zonas andinas que jamás antes habían poseído dichos servicios

Su primer gobierno estuvo marcado por la aplicación de las medidas económicas de shock que potenciaba el FMI y algunos tecnócratas económicos del libre mercado. El crecimiento aumentó, pero a costa de mayor desigualdad social y reduciendo el gasto público. Los más perjudicados, los de siempre: indígenas y trabajadores urbanos asalariados de las grandes ciudades como Lima o Arequipa. Pero pese a todo, Fujimori, mantuvo un núcleo de apoyo muy fuerte debido a su política de construcción de infraestructuras en zonas rurales, lo que llevó por primera vez colegios y centros médicos a zonas andinas que jamás antes habían poseído dichos servicios.

En 1995 Fujimori vuelve a ganar, pero ya ha polarizado la política peruana: o se le ama, o se le odia. Y es en este segundo mandato donde verdaderamente se descubre la esencia del dirigente.

Por un lado, se puede ver en la lucha contra Sendero Luminoso. El gobierno comienza a combatir a la organización guerrillera con «terrorismo de Estado», es decir, con ataques selectivos sobre la población que apoyaba a la guerrilla. Varios grupos paramilitares asesinaron a numerosas personas en el ámbito rural. No podemos olvidarnos tampoco de la represión sobre la opinión pública, hecho perfectamente narrado en la novela de Vargas Llosa Cinco Esquinas, con medidas que se asemejan a las de la Venezuela de Chávez y sobre todo de Maduro.

se calcula que entre 1995 y 2000 se esteriliza de manera clandestina — y sin su consentimiento — a más de 300.000 mujeres indígenas de las zonas rurales de Perú

Pero con especial tristeza se debe recordar la política de control de natalidad que impuso el gobierno Fujimori, con métodos horribles. Perú se encontraba en aquella época con un crecimiento demográfico de tal calibre que era casi imposible gestionarlo, con una pirámide de población muy joven. Dicho crecimiento quería frenarse en la población indígena, pobre y con poca integración, por lo que se calcula que entre 1995 y 2000 se esteriliza de manera clandestina — y sin su consentimiento — a más de 300.000 mujeres indígenas de las zonas rurales de Perú.

Todos estos hechos comienzan a salir a la luz y la polarización política se hace más y más obvia. El año 2000 es tortuoso para Fujimori, y marcará su final. Pese a que gana a Alejandro Toledo en las elecciones de ese año entre acusaciones de fraude y corrupción, finalmente se ve obligado a dimitir poco tiempo después. La presión interior y exterior se hacía demasiado poderosa.

Conocedor de que sus sucesores intentarían llevarlo ante la justicia, Fujimori se traslada a Japón y pide la nacionalidad al ser hijo de padres japoneses. La justicia peruana, con mayor libertad de acción, comienza a moverse y se formulan los primeros cargos contra él: responsable de asesinatos selectivos contra supuestos miembros de Sendero Luminoso (como la matanza de Barrios Altos) y fraude y corrupción, con los que pagó — supuestamente — los estudios en EEUU de su primogénita Keiko. En 2007 es extraditado y se le condena a 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad y corrupción, llegando el final del político peruano… O eso creíamos.

Caricatura con los Fujimori y Vladimiro Montesinos, mano derecha del ex-presidente

Porque ahí está el problema de la probable llegada de Keiko Fujimori al poder: Keiko no es sólo su primogénita biológica, sino que también es su primogénita política, pues nunca ha dejado de evidenciar que cree en el trabajo que hizo su padre por el Perú. Además, entre los círculos de investigación periodísticos peruanos, se baraja la posibilidad de que Keiko Fujimori presente una ley por la que se acepte el indulto para su padre, algo que tendría un respaldo importante de una parte de la población peruana.

Keiko no es sólo su primogénita biológica, sino que también es su primogénita política, pues nunca ha dejado de evidenciar que cree en el trabajo que hizo su padre por el Perú

Sin duda se acercan años convulsos para la locomotora andina. La victoria de Keiko en la segunda vuelta parece probable: su rival, Pedro Pablo Kuzynski, necesitaría el apoyo de gran parte de la izquierda peruana, algo hartamente improbable.

Veremos en unos meses si Nicolás Maduro tiene a una compañera populista de derechas en el continente Sudamericano.

Si te ha gustado el texto, por favor compártelo en las redes sociales que uses habitualmente o recomiéndalo en Medium.

Manuel Cano Ruiz-Ocaña se graduó en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y después estudió un Postgrado en Educación secundaria. Es editor del blog «El Ágora de los Seis», donde se pueden encontrar escritos sobre temas variados, con especial énfasis en la historia, la política y la educación.

Puedes seguirle en twitter en @manucro1, y puedes mantenerte al tanto de las publicaciones de Punto y Coma en @PuntoyComaMed o en la página de Facebook.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.