El Pastor King y los afroamericanos 47 años después
Tal día como hoy, el 4 de abril de 1968, fue asesinado uno de los personajes más importantes e influyentes de la historia del siglo XX. Un hombre que recogió el testigo de Gandhi como modelo de una actitud: la resistencia, pero la resistencia pacífica y sin violencia. Hace 47 años el pastor Martin Luther King fue asesinado de un disparo en Memphis.
Desde Punto y Coma nos parece un buen momento no sólo para honrar su figura — claro ejemplo positivo para la humanidad — sino también para analizar, casi 50 años después, la situación de la comunidad afroamericana en los Estados Unidos, que tantas sombras tiene todavía.
El momento del nacimiento de King — el año 1929 — fue convulso para los EEUU. Estalla en el país una de las crisis más fuertes de su historia, si no la mayor, y por primera vez desde que naciera la joven nación en 1776 las penurias llegaron a su población. King nació en Georgia, en el viejo sur, agrario, atrasado (si lo comparamos con los estados industriales del norte) y racista.
Hijo de un pastor bautista, la religión fue fundamental en su vida desde el principio. Se graduó en Sociología en el año 1948 por Marehouse College, una universidad reservada exclusivamente para alumnos negros; pero no acaba ahí su formación académica y en 1951 se licencia en Teología en Pensilvania. Su culmen de formación es en 1955 cuando se le concede el Doctorado en Filosofía. Estamos hablando, por tanto, de un hombre que posee un tremendo conocimiento interior del ser humano: sociólogo, teólogo y filósofo.
Pero su salto a la fama — y a la historia universal — comenzó con el incidente de Rosa Parks en Montgomery en 1955, del que ya habló Albert Grau Carbonell en Punto y Coma en su aniversario, el pasado 1 de Diciembre. Luther King era ya pastor en dicha ciudad desde un año antes, y por tanto, estaba en el momento y lugar indicados para luchar por los derechos civiles. A esto le siguió el boicot a las líneas de autobuses de la ciudad, y desde ese momento su popularidad no dejó de crecer.
Su figura siguió en expansión con su intervención en 1961 y 1962 en el Comité Coordinador Estudiantil No Violento (SNCC en sus siglas en inglés). Allí se convirtió prácticamente en el líder indiscutible del ya fraguado movimiento por los derechos civiles. A estas alturas, King ya era conocido en todo EEUU.
A esto le siguen las acciones en Birmingham (Alabama), la marcha sobre Washington, la matanza de Montgomery, la presencia en la firma del presidente Johnson del Acta por los Derechos Civiles o su negativa a la Guerra de Vietnam. Allá donde hubiese una injusticia social aparecían el pastor y su séquito de seguidores. Pero este éxito vertiginoso le creó ingentes enemigos, y desde 1960 tanto él como su familia estuvieron amenazados de muerte.
En esa tesitura, en 1968, acude a la ciudad de Memphis, Tennessee — otro Estado con un alto grado de segregación — para apoyar la huelga de los basureros negros de la ciudad, que buscaban igualar su salario al de los basureros blancos. King se hospedaba en un motel del centro de la ciudad, junto al resto de su equipo, cuando un hombre blanco efectuó varios disparos, dándole uno de ellos de lleno en la garganta. Ya en el hospital, el pastor King moría desangrado. Ese 4 de abril el movimiento por los derechos civiles se quedaba descabezado.
Han pasado casi 50 años de ese terrible asesinato pero, igual que con otros muchos ejemplos en la historia, con su muerte no murieron sus ideales y sus principios. El movimiento que lideró Martin Luther King — junto a otros activistas negros — no dejó de crecer y contribuir a crear una situación mucho más fácil para la población de color del sur de los EEUU.
Aun así hay una pregunta obligada. Si bien es evidente que ha habido una clara mejora en la situación de los negros en los EEUU, principalmente porque el segregacionismo ya no existe por parte de las instituciones de los Estados sureños, ¿de verdad está ya «todo hecho»? ¿Qué situación económica y social tiene este grupo dentro de los EEUU actuales?

Hoy en día hay en torno a un 15% de negros en los EEUU, que como se puede ver en el mapa no están homogéneamente repartidos por el territorio nacional: los Estados del sur siguen siendo los núcleos más importantes. Observemos ahora algunos datos sociales o económicos y comparémoslos con datos similares de otras etnias en EEUU.
El primer dato escandaloso es la tasa de encarcelamiento por grupos étnicos. Por cada 100.000 blancos americanos 678 están en prisión. En el caso de los hispanos, la cifra es de 1.775. Pero cuando analizamos la tasa en la población negra, esta asciende a las 4.347. Es decir: la desproporción es escandalosa. Otro dato bastante revelador es la tasa de desempleo. Actualmente dicho dato para los blancos es del 6,7%, para los hispanos del 8,9% y para los negros del 13,4%. Una vez más, la diferencia es obvia.
Evidentemente algo no funciona en los EEUU, y no se trata de un problema económico ni social: es un problema racial. Las diferencias entre blancos y negros, pese a haber mejorado desde los años 60, siguen siendo vergonzosamente altas. Incluso si los comparamos con la población hispana — una ola migratoria muy posterior a la afroamericana — los negros salen malparados.
Es evidente que el problema de la discriminación no ha acabado y la negación de este hecho es no querer ver la realidad. La discriminación, pese a la opinión popular, no acaba cuando un hombre negro se convierte en presidente: mientras ese presidente ha regido los destinos del país más poderoso del planeta durante 8 años, los negros siguen cobrando menos y bajo condiciones laborales deplorables. ¿La situación ha mejorado? Sí, por supuesto, pero desde luego que querer comparar 1968 con 2016 muestra las pocas expectativas de mejora que tenemos.
Si Martin Luther King levantara la cabeza hoy, 47 años después de su muerte, vería la mejora e incluso se sorprendería al ver un presidente del gobierno negro. Pero no nos engañemos: seguiría luchando por el estado actual de la comunidad negra en los EEUU.

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Manuel Cano Ruiz-Ocaña se graduó en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y después estudió un Postgrado en Educación secundaria. Es editor del blog «El Ágora de los Seis», donde se pueden encontrar escritos sobre temas variados, con especial énfasis en la historia, la política y la educación.
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