La batalla de Rocroi: el principio del fin

Hace unas semanas escribimos, desde Punto y Coma, un breve artículo rememorando la batalla de Ceriñola, gran éxito militar de la Monarquía Hispánica y muestra de la superioridad técnica española en el campo bélico en aquellos tiempos. Esa batalla inició una nueva forma de hacer la guerra que garantizó victorias heroicas durante casi siglo y medio, hasta Rocroi. Un 19 de mayo de 1643 en una localidad del norte de Francia con este nombre, y en el marco de la Guerra de los Treinta Años (uno de los primeros conflictos a nivel mundial), un ejército español asediaba la ciudad. Al auxilio de la plaza acudiría un ejército francés al mando del Duque de Enghien. Los ejércitos se posicionaron y se prepararon para la batalla a las afueras de la ciudad. Todo estaba dispuesto.

Unas semanas antes de la batalla un ejército español liderado por Francisco de Melo, capitán general de los Tercios de Flandes, tenía la orden de penetrar en Francia para aliviar la presión militar que sufría España en los Pirineos y en sus posesiones en la Borgoña y el Franco Condado. La guerra se estaba perdiendo, y España necesitaba tiempo para reorganizar sus tropas.

En este contexto Francisco de Melo decidió iniciar un asedio sobre la plaza de Rocroi intentando con ello dos objetivos. Primero, rendir la plaza con rapidez y ocuparla, lo que reforzaría la posición española en el norte de Francia y, segundo, atraer con el asedio un ejército francés que se pudiera alejar de la maltrecha situación en los Pirineos y la Borgoña y, en el mejor de los casos, derrotarlo y dar la vuelta al conflicto.

«Las fuerzas estaban muy igualadas, los franceses tenían una ligera ventaja en cuanto al volumen de hombres, mientras que el ejército español contaba con más piezas de artillería.»

El plan inicial de Melo salió a la perfección, al poco de iniciar el asedio sobre Rocroi llegan noticias de que el Duque Enghien conducía un ejército hacia allí. El 19 de mayo ambos ejércitos se encontrarían a las afueras de Rocroi. El de Francisco de Melo no había conseguido ocupar Rocroi, así que tendría que enfrentarse a los franceses en campo de batalla.

La batalla

El Duque de Enghien situó a su ejército listo para la batalla. Las entre 10 y 15 piezas de artillería que tenía las puso en el centro, sus 7.000 jinetes repartidos en dos flancos y en el centro su infantería (más de 20.000 hombres). Francisco de Melo hizo lo mismo, copiando el despliegue del Duque, con la única diferencia de que apartó a 500 arcabuceros escondidos en un bosque cercano para cubrir el flanco izquierdo de su ejército. Las fuerzas estaban muy igualadas, los franceses tenían una ligera ventaja en cuanto al volumen de hombres, mientras que el ejército español contaba con más piezas de artillería.

Resulta destacable resaltar en qué terreno se hallaba Rocroi. La ciudad estaba rodeada por un espeso bosque que limitaba el movimiento de las tropas. Además, un pequeño riachuelo dividía el flanco izquierdo francés del flanco derecho español, por lo que los comandantes tendrían que seleccionar sus movimientos con sumo cuidado. En el arte de la guerra un movimiento en falso puede provocar el desplome de un ejército entero.

La batalla comenzaría con la caballería como protagonista. Los franceses iniciaron una carga de caballería en masa por los flancos junto a un fuego de artillería previo. No fue demasiado efectiva ya que los 500 arcabuceros aguardados en el linde del bosque abrieron fuego por sorpresa y la caballería francesa sufrió tremendos daños. Tras esta retirada fue la caballería hispana la que inició entonces su carga, consiguiendo hacerse con algunas piezas francesas de artillería. En ese momento Melo fue conservador y no dio la orden de ataque a gran escala y la infantería permaneció inmóvil. Esto, a posteriori, resultaría un grave error.

Al perder la oportunidad de acabar la batalla por la vía rápida, Enghien ganó tiempo y pudo reorganizar su maltrecha caballería. Entonces fueron las dos fuerzas de caballería las que se enfrentaron entre sí, mientras la infantería seguía inmóvil. En este enfrentamiento la caballería hispana logró aguantar y causar muchas bajas al enemigo, pero los mercenarios croatas al servicio de Francia desnivelaron la balanza y el flanco derecho fue cayendo en favor de los franceses, por lo que al fin la infantería entraría en escena, en este caso los tercios españoles frente a esta caballería mercenaria. En el ejército español no sólo había soldados españoles, sino que también lo conformaban italianos, alemanes y flamencos, que al tener menos experiencia fueron situados en la retaguardia.

«La escasa caballería francesa que quedaba fue lanzada a cargar contra el centro español, en ese momento distraído por el flanco, para separar los experimentados tercios españoles de los flamencos, alemanes e italianos.»

La retirada de la caballería española y la entrada en combate contra los tercios hicieron que Enghien dejara caer todas sus fuerzas sobre ese flanco derecho que había cedido. En ese momento los tercios flamencos y alemanes entraron en acción, pero al ser de menor experiencia muchos soldados aprovecharon el estar en la retaguardia para huir del campo de batalla, que cada vez se ponía más difícil.

Pese a ello, la infantería española causó mucho desgaste en el grueso del ejército francés y esto era peligroso pues, pese a ser tropas de baja experiencia, Melo aún disponía de los tercios italianos que aún no habían entrado en combate y estaban frescos, si seleccionaba el momento adecuado para que combatieran podían decantar la balanza de nuevo a su favor.

Fue en ese momento cuando el Duque de Enghien decidió tomar una acción muy ambiciosa y arriesgada. La escasa caballería francesa que quedaba fue lanzada a cargar contra el centro español, en ese momento distraído por el flanco, para separar los experimentados tercios españoles de los flamencos, alemanes e italianos. La acción causó muchas pérdidas sobre los franceses, pero fue un éxito, los tercios españoles estaban rodeados y los flamencos, italianos y alemanes separados de sus veteranos compañeros. Melo, que estaba con los tercios italianos, comenzaría a darse cuenta de que el fin se acercaba. Esperó unos refuerzos que no acababan de llegar y los inexpertos tercios comenzaron a huir. Sólo quedaban los 5 tercios españoles que, sin su comandante y rodeados, poco más pudieron hacer.

«Las bajas exactas resultan difíciles de especificar, pero ambos bandos perdieron más de 5.000 hombres ese 19 de mayo.»

Vendieron cara la victoria, pues habría una primera carga de infantería que sería rechazada y causaría cientos de muertes en los franceses, después sería la caballería la que realizaría otra carga usando armas de fuego y la carga directa para romper la formación, pero una vez más fracasaría. El Duque de Enghien, ante el desgaste que estaba sufriendo en una batalla ya ganada, decidió enviar una oferta de paz honrosa para lo tercios. Todos aceptarían, menos los tercios de Garcíez y Villalba, que siguieron plantando batalla. Dos cargas más bastaron para que finalmente acabaran aceptando las condiciones del Duque. La batalla de Rocroi acabó con una importante victoria francesa.

Las bajas exactas resultan difíciles de especificar, pero ambos bandos perdieron más de 5.000 hombres ese 19 de mayo.

Las consecuencias de Rocroi

Las consecuencias de la batalla fueron desastrosas para España. El ejército de Melo no sólo no alivió la presión sobre otras posesiones asediadas por los franceses, sino que también dejan vendida la frontera norte, pues los tercios veteranos quedaron totalmente destruidos. La guerra, por supuesto, se perdería, y en 1659 se firma la Paz de los Pirineos, donde España perdió el Rosellón (la conocida como quinta provincia de Cataluña) y numerosas plazas fuertes en la Valonia, lindando con los Países Bajos españoles.

Desde el punto de vista bélico esta batalla traería el fin de los tercios como organización militar. Los franceses aprendieron de las sucesivas derrotas y acabaron adoptando muchos de los principios tácticos con los que en el siglo anterior habían sido derrotados sucesivamente, esto es, el uso masivo de las armas de fuego en infantería y caballería, así como una clara mejora en la precisión y daño de las piezas de artillería.

«Los franceses aprendieron de las sucesivas derrotas y acabaron adoptando muchos de los principios tácticos con los que en el siglo anterior habían sido derrotados.»

Otro factor importante fue la mala situación financiera que vivía la Monarquía Hispánica. Ante la falta de dinero las condiciones de los tercios españoles eran mucho peores que las de los soldados franceses. Un buen ejemplo, para los aficionados al cine, es lo mostrado por el la obra cinematográfica de Agustín Díaz «Alatriste», basada en la novela de Arturo Pérez-Reverte. En la escena final de la película se aprecia la resistencia del último tercio español en Rocroi y se pueden observar las malas condiciones de higiene, ropa y alimentación que sufrieron aquellos soldados.

En Rocroi el tercio murió como formación militar. Pero moriría como vivió, luchando hasta el final.

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Manuel Cano Ruiz-Ocaña se graduó en Historia por la Universidad Complutense de Madrid y después estudió un Postgrado en Educación secundaria. Es editor del blog «El Ágora de los Seis», donde se pueden encontrar escritos sobre temas variados, con especial énfasis en la historia, la política y la educación.

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