La prensa deportiva, el victim-shaming y Gerard Piqué

Hace un par de días casi me atraganto repetidamente durante la comida. Resulta que comíamos tarde ese día y nos encontramos poniendo la tele y sintonizando La Sexta, es decir, viendo Jugones. Sí, sí, ya lo sé, quién me manda y todo eso. Al principio pensé que por lo menos me distraería un rato, me reiría de las tonterías que dijeran y luego me iría a mis cosas después de comer.

Qué equivocado estaba. He aquí el programa que vi, por si alguien quiere echarle un ojo antes, durante o después de leer lo que sigue.

El caso es que a medida que el programa progresaba me iba indignando más y más. Y no porque lo que dijeran fuese un cúmulo de tonterías — entiendo que cualquiera que vea este programa sabe que no tiene absolutamente nada que ver con el fútbol y que es una suerte de intersección entre prensa rosa y prensa amarilla, pero construida en torno a los futbolistas y sus devenires — sino porque las tonterías que estaban diciendo revelaban mucho acerca de las opiniones de su audiencia, es decir, de la sociedad española.

El programa abrió con un segmento — de diez minutazos — acerca de la polémica entre la afición espanyolista y Gerard Piqué. Dicha polémica se basaba en varios cánticos que se sucedieron durante un partido del Barça en Cornellà. Los cánticos incluían lindezas del tipo “Shakira es una puta” o “Milan muérete”. La consecuencia de estos sucesos fue obvia: la Comisión Antiviolencia abrió una investigación. ¡Excelente!, pensarán ustedes, pero aquí no se acaba el asunto. Culminemos la oración: la Comisión Antiviolencia le había abierto una investigación… ¡A Gerard Piqué!

Los cánticos incluían lindezas del tipo “Shakira es una puta” o “Milan muérete” y la Comisión Antiviolencia le había abierto una investigación… ¡A Gerard Piqué!

Yo no salía de mi estupor. Recapitulemos, para los rezagados: una afición insulta a la mujer — Shakira — de un futbolista y desea la muerte de su hijo — Milan — reiteradamente y el órgano disciplinario responsable — la Comisión Antiviolencia — decide abrirle una investigación a la víctima: dicho futbolista. ¿Cómo hemos llegado a esto?

Pues muy sencillo: siguiendo la argumentación de las noticias que presentaba Jugones. Jugones abrió el noticiario con el titular: “Antiviolencia investiga a Piqué”. Hasta aquí todo bien; el problema radica en lo que viene a continuación. Pese a proseguir con el suceso — los cánticos contra Piqué — y condenarlo, Jugones se empeñó en presentar los hechos como consecuencias lógicas e inevitables del comportamiento de Piqué. Para ello usaron una técnica de lo más sencilla: crear una historia con unas víctimas, un villano, un héroe, una trama, un desenlace y una moraleja.

Jugones se empeñó en presentar los hechos como consecuencias lógicas e inevitables del comportamiento de Piqué. […] Crearon una historia con unas víctimas, un villano, un héroe, una trama, un desenlace y una moraleja.

Las víctimas son los pobres aficionados del Espanyol, que pasaban por ahí y sólo querían ir al estadio — o quedarse en sus casas —a animar a su equipo. ¿El villano? Gerard “El Provocador” Piqué, que, usando su admirable oratoria, ofendió irremediablemente a nuestras víctimas. La trama consiste en la reiteración de ofensas de nuestro villano hacia nuestras víctimas; una trama, por cierto, que Jugones explora en profundidad, yéndose hasta el año 2008 para encontrar los orígenes de la disputa. El desenlace — como en la mayoría de fábulas — es una consecuencia lógica de la trama: nuestras víctimas finalmente cedieron a las provocaciones del villano. El héroe es la Comisión Antiviolencia, que le dará a nuestro villano su merecido para que la paz retorne a la nación. ¿La moraleja? Que todos debemos de ser muy cuidadosos y no decir nada a nadie, no vaya a ser que se ofendan y sea nuestra culpa.

Este tipo de argumento, muy usado en nuestra cultura, se llama en la cultura anglosajona victim-shaming. Urban Dictionary explica maravillosamente el concepto en inglés, y yo aportaré una burda traducción al Español:

Sucede cuando se culpa, total o parcialmente, a la víctima por el ataque que sufre. Es un concepto principalmente utilizado en el contexto de agresiones sexuales, violencia doméstica o violación, pero puede aplicarse a otras situaciones. Traspasa equivocadamente la culpa del evento a la víctima, dificultando el castigo al verdadero culpable.
El victim-shaming sucede cuando se culpa, total o parcialmente, a la víctima por el ataque que sufre; y traspasa equivocadamente la culpa del evento a la víctima, dificultando el castigo al verdadero culpable.

Tenemos innumerables ejemplos de esta actitud en la vida cotidiana o en las noticias. Uno de ellos — y quizás el más condenado — es la condena a la vestimenta de una mujer que ha sido violada. En ese caso, el victim-shaming traslada la culpabilidad del culpable — el hombre que comete el crimen — a la víctima — la mujer que lo sufre — aduciendo que la actitud de la mujer — en este caso, vestir de una cierta manera — causa una reacción en el culpable que hace que la acción en cuestión sea inevitable, es decir, que el resultado final es culpa de la víctima y no del culpable.

Otro ejemplo relativamente reciente — y recurrente — fuera del ámbito de la violencia de género es la narración de los hechos que desencadenaron las protestas en Ferguson, Missouri. Un joven afroamericano, Michael Brown, fue abatido en las calles por un policía. El hecho en este caso fue que un hombre desarmado y que no representaba una amenaza recibió hasta seis disparos. Sin embargo, parte de la prensa americana publicó inmediatamente otra noticia: que minutos antes del tiroteo, Michael Brown robó un paquete de puros de una tienda cercana. Estas noticias no están relacionadas: el hecho en cuestión — que un culpable mató a una víctima — no cambia. Lo que sí hace esta noticia es aportar una historia “creíble” que convierte a la víctima— Michael Brown, el joven abatido — en el culpable, es decir, el clásico “se lo ha buscado” o “se lo merecía”.

Por supuesto, el caso de Piqué y Jugones es de mucha menor importancia. Al fin y al cabo, ni Piqué ni nadie de su familia ha muerto a raíz de estos sucesos. Pero es preocupante que el deporte, un ámbito que tradicionalmente refleja mucho lo mejor y lo peor de una sociedad, haga uso continuamente de técnicas como ésta. La reacción a la investigación de Antiviolencia a Piqué debería haber sido una crítica fuerte precisamente a Antiviolencia por no condenar a los verdaderos culpables: los que insultan a Piqué y su familia. Porque investigar a Piqué y sus “provocaciones” lo único que hace es legitimar esos comportamientos, darle la razón al que insulta. Y claro, si se le da la razón al que insulta, ¿qué creen que hará la próxima?

Correcto: exactamente lo mismo.


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Rafa Zamorano escribe desde Escocia, donde reside desde hace seis años. Estudia Política Pública y escribe en el Libro de a Bordo desde hace más de diez años.

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