Papismo climático I: el Palo de Hockey
El año 1998 fue el más cálido de toda la serie instrumental (que se remonta a finales del siglo XIX). También fue el año de publicación de un artículo que haría desmoronarse las bases de la climatología y arrastraría a la ciencia a un debate en el que las primeras víctimas fueron la verdad y la decencia.
En la espinosa materia del cambio climático tendemos a considerar únicamente dos posturas. Por un lado, quienes afirman que la causa es la actividad humana — tesis conocida como cambio climático antropogénico, o CCA — , y por otro, quienes lo niegan. Lamentablemente olvidamos que hay una tercera postura: la de quienes antes de afirmar o negar nada se dedican a hacer ciencia al respecto. Pero ellos no importan. Son científicos: sus afirmaciones son siempre cautelosas y precavidas, carentes de esa espectacularidad que nuestros amos — los medios de comunicación — necesitan para ponernos la correa.
Si el cambio climático es realmente producido por la actividad humana, ello haría tambalearse las bases de nuestra propia sociedad. Afectaría a todos los niveles económicos: a toda la actividad industrial, al transporte — coches, camiones, aviones… — , a la calefacción de los hogares, a la producción de alimentos y un larguísimo etcétera. Con tanto en juego, no es de extrañar que algunos estén jugando sucio.
Origen del Palo de Hockey
El artículo de marras fue publicado por Michael Mann, del Departamento de Geociencias de la Universidad de Massachusetts, junto a Raymond Bradley y Malcolm Hughes. En él, los autores comparan una reconstrucción de temperaturas globales históricas (hasta el año 1400) con las temperaturas instrumentales — medidas con termómetros — del siglo XX.
Su novedoso método de reconstrucción, diseñado por el propio Mann, consiste en una técnica estadística aplicada sobre los anillos de crecimiento de los árboles, que sirven como aproximación — o proxy — a la temperatura regional donde crecieron. Cuantas más regiones se incluyan, más global será la reconstrucción. Para este artículo se emplearon árboles de diversas regiones del hemisferio norte, entre las que cabría destacar Mountain Sheep por motivos que se desvelarán más adelante. Gran parte de estos datos fueron compilados por Keith Briffa, de quien volveremos a oír hablar. A este artículo le siguió otro un año después que alcanzaba hasta el año 1000.

En la imagen se aprecia el motivo por el que el gráfico fue conocido popularmente como Palo de Hockey. El área amarilla representa la varianza de los datos — la incertidumbre — . La principal sorpresa del gráfico fue la desaparición, tanto del previamente bien conocido Período Cálido Medieval — una época considerada generalmente como mucho más calurosa que la norma — como de la Pequeña Edad de Hielo que le sucedió.
A la vista del gráfico y de los datos aportados por Mann, no cabe duda de que el siglo XX es el más cálido del milenio, de que su última década es la más cálida y, dentro de ella, 1998 el año más cálido. Más aún, asusta pensar que la variación de temperatura en el siglo XX es mucho más extrema que la que pudo vivirse en cualquiera de los diez siglos precedentes. En otras palabras, ¡pone los pelos como escarpias!, pues señala un punto de inflexión en la historia climática, una frontera entre lo natural y lo catastrófico, entre lo conocido y lo aterrador por conocer.

La gráfica sólo puede explicarse a través de la liberación de gases de efecto invernadero — principalmente CO2, en azul en el gráfico — debido a la actividad industrial humana, que es la única variable que se puede correlacionar con la temperatura — en rojo — , según Mann. ¡Diez puntos para los defensores del CCA!, ¿cuándo empezamos a cerrar fábricas?
Impacto
El artículo de Mann fue adoptado por el tercer informe del IPCC de 2001, y el gráfico fue mostrado en el resumen para responsables de políticas (Summary for policymakers). Todos los medios, ávidos por encontrar la noticia más impactante, se hicieron rápido eco de este provocativo gráfico y de sus implicaciones. Pero la imagen todavía era demasiado científica y precavida para ellos, así que llegaron al esperpento de eliminar las barras que indican la incertidumbre — el área amarilla — , en una operación que fue tachada de deshonesta por voces dentro de la comunidad científica — entre otros, Gerald North, galardonado en 2008 con el premio de la sociedad meteorológica americana — .

De los periódicos, el gráfico saltó directamente a las pancartas y a las mentes de la ciudadanía, la cual no recordaría el nombre ni el contexto, sólo la aterradora forma de palo de hockey. En su célebre documental Una verdad incómoda, Al Gore combinó el Palo de Hockey con otras medidas para obtener un gráfico espeluznante carente, por supuesto, de la más mínima validez científica. En el colmo de la manipulación, el gobierno canadiense envió a todos los hogares un folleto alertando de los peligros del cambio climático, acompañado del gráfico de Mann.
La duda
En los albores del siglo XXI un canadiense, Steven McIntyre, que probablemente leyó uno de los panfletos del gobierno, quiso poner a prueba la calidad estadística del artículo de Mann. McIntyre pidió los datos estadísticos al autor del Palo de Hockey, quien se los proporcionó tras un par de semanas y cierta reticencia. El canadiense detectó varios errores estadísticos en el artículo del 98, que expuso en un artículo en 2003. La respuesta fue que había usado datos incorrectos, y que desde el 2000 los datos se encontraban en el sitio oficial.
En 2004 Mann publicó una corrección de su artículo teniendo en cuenta los errores estadísticos detectados por McIntyre, pero precisando que «ninguno de estos errores altera significativamente el resultado». Es una cantinela que se repetiría mucho en adelante.
En 2005 McIntyre encontró nuevos errores metodológicos. Nuevamente se anotaron y se repitió que «no afectaban significativamente los resultados». Pero en dicha crítica el canadiense también delató el uso predominante de cierta variedad de pino en la zona de Sheep Mountain de Estados Unidos que había hecho Mann. Dichos pinos habían sido descartados como indicadores climáticos desde antes de 1998 por haber recibido fertilización con CO2. De nuevo, se aseguró que eliminar dichos datos apenas alteraba los resultados.
Finalmente, McIntyre hizo notar que el método estadístico desarrollado por Mann convertía en palos de hockey incluso series de datos aleatorios — en particular, asignaba a los componentes con forma de palo de hockey un peso trescientas veces superior a los otros componentes a la hora de obtener la forma final — . Si buscas palos de hockey, acabas encontrándolos. ¿Y cuántas veces se puede «apenas alterar los resultados» sin alterar significativamente los resultados?
Las observaciones de McIntyre fueron corroboradas por el informe Wegman en 2006, elaborado para el Comité de Energía y Comercio de Estados Unidos. En el mismo año, Linah Ababneh, estudiante de Hughes — coautor del Palo de Hockey — volvió a utilizar los mismos en los que supuestamente se basaba el artículo de 1998 sin obtener la forma que obtuvo Mann.
El «truco» de Mann para ocultar el declive

Cuando muchos años más tarde fueron pirateados los correos del Climate Research Unit (CRU), su contenido detonó la indignación de la parte de la población que consulta medios escépticos (pues los medios convencionales silenciaron el asunto). Una frase, escrita por Phil Jones, decía:
I’ve just completed Mike’s Nature trick of adding in the real temps to each series for the last 20 years (ie from 1981 onwards) amd (sic) from 1961 for Keith’s to hide the decline.
Lo que, traducido, significa:
Acabo de completar el truco de Mike en Nature de añadir las temperaturas reales a cada serie durante los últimos 20 años (esto es, de 1981 en adelante) y desde 1961 para las de Keith para ocultar el declive.
Suena muy, muy oscuro, especialmente la parte de «truco» y de «ocultar el declive». Existen, sin embargo, algunas explicaciones. El truco de Mike (quien, naturalmente, se trata de Michael Mann) parece referirse a una técnica estadística (no sé si usada apropiadamente, por eso de «truco»). El declive, por otro lado, no se refiere a un hipotético declive general de las temperaturas que contradijera la narrativa oficial del alza de las mismas — como algunos medios negacionistas quisieron dar a entender — . Se refiere al declive de los datos de Keith Briffa.
Briffa es, recordemos, el hombre que recopiló los datos de los anillos de crecimiento que empleó Mann en sus artículos. Efectivamente, su serie reconstruiría un declive muy pronunciado de las temperaturas a partir de 1960. Declive que no es real, como muestran los datos instrumentales, pero que resta mucha fuerza visual al gráfico del Palo de Hockey, y daría al traste con su credibilidad. Lo que hizo Mann para ocultar el declive fue omitir esa sección de los datos de Briffa, es decir, ocultar el declive, lo cual, estadística, científica y humanamente hablando, es una chapuza de primera magnitud, por no hablar de un fraude.
Estado actual del Palo de Hockey
Los defensores a ultranza del Palo de Hockey se enrocan en que «la conclusión final del gráfico se mantiene intacta: la Tierra está más caliente ahora que hace mil años». Sí, eso es cierto según el estado actual de la ciencia. Pueden repetirlo todas las veces que quieran. Y sin embargo, el Palo de Hockey no va sobre eso. Nunca fue sobre eso.

Muchos investigadores, incluso adherentes de la teoría del cambio climático antropogénico, han expresado que el problema del gráfico no es la «hoja», sino el «palo». El gráfico pretende una temperatura prácticamente homogénea a lo largo de mil años y eso se sabe que fue producto de mala ciencia: mala estadística, detectada por McIntyre, y un uso fraudulento de los datos, como se supo a partir de la mención a «ocultar el declive» en los correos pirateados del CRU.
La arrogancia de Mann (y, en menor medida, de otros defensores del gráfico) ha sido tal que ha llevado al comentarista político canadiense Mark Steyn a escribir un libro cuyo título se traduciría al español como «Una desgracia para la profesión: Los científicos del mundo, en sus propias palabras, sobre Michael Man, su palo de hockey y su daño a la ciencia».
Como indica su propio título, el libro recoge las opiniones de una nutrida selección de científicos sobre Michael Mann y el Palo de Hockey. No es un libro para negar el cambio climático o la participación del hombre en él. No es un libro para negar nada. Sólo para dar cuenta al público de otras cosas que ponen de acuerdo al 97% de científicos.

Neal King, colaborador del sitio antinegacionista Skeptical Science, ofrece una conclusión ideal para esta historia:
«Me quedo con la impresión de que la verdadera pregunta es, ¿por qué deberíamos creer los proxies de los anillos de los árboles en épocas anteriores cuando SABEMOS que no funcionan apropiadamente en los 90? Mann y otros perdieron mucho tiempo defendiendo lo que era incorrecto, y permitieron que la totalidad del argumento se infectara en la lucha»

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Carlos Vázquez trabaja como desarrollador web en Londres. Coautor del libro de relatos Uno más y lo dejo, escribe ficción desde hace más de diez años.
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