«Yo luché por Napoleón (y contra él)»

Recreación y divulgación histórica

Algunas recreaciones, como la de la foto, reúnen a miles de personas y espectadores. Fuente.

He visto caer las águilas imperiales en los campos de centeno de Waterloo, he desembarcado de un navío dieciochesco en la playa de Málaga, he defendido Zaragoza de Napoleón, he luchado por el primer Borbón que se sentó en el trono de España, he firmado las últimas voluntades de gentes de 1605, he sido reclutado en la leva aragonesa con la que Pedro III tomó Sicilia y he acompañado a Alejandro Magno en su conquista de Persia. Y alguna cosa más.

No, no soy funcionario del Ministerio del Tiempo, aunque bien podría. Soy recreador histórico, reenactor, reconstituteur historique… Para gustos las lenguas.

¿Y qué es ser «recreador»? ¿Qué son, esos tipos raros y frikis que se disfrazan? ¡No! Jamás llames disfraz a una reconstrucción fidedigna de una vestimenta de época. Y por si no queda claro, nadie se «disfraza» de traje para una boda, ni un militar se disfraza de uniforme, ni un maño se disfraza de baturro, ni un sevillano se disfraza de cofrade. Se «visten de». Nosotros, los recreadores nos vestimos de una época, de la forma más rigurosamente posible. Y no solo eso, sino que la intentamos recrear en su conjunto — previa investigación y estudio — para darla a conocer de una forma vistosa, es decir, divulgar la Historia. Es la pasión de la Historia llevada más allá de la escritura y lectura de los libros. Es Historia «viva».

Lo que no consigan hacer los amigos del “Reding” … Desembarco en la Malagueta en “1812”. Fuente: Valischka (fotógrafo).

Hace años escribí un «decálogo» sobre lo que era la recreación, o más bien, algunos puntos importantes que la Ciudadanía debería conocer. Las recapitulo:

  • La primera era dejar claro que los que nos dedicamos a esta afición (o hobby) no somos responsables de los (ab)usos públicos que otras personas o instituciones hagan de mala fe (me refiero a medios de comunicación y políticos) ya que nuestros objetivos son bienintencionados.
  • La segunda diferencia conmemorar de celebrar, ya que a veces se confunde el recuerdo con la exaltación, siendo lo primero objetivo de la recreación mientras que lo segundo no.
  • La tercera ya la he señalado y hace referencia al rigor histórico — por tanto, que no se confunda la recreación histórica con otros eventos, legítimos pero distintos, como son mercadillos artesanales, fiestas de evocación histórica o actuaciones teatrales historicistas — .
  • La cuarta cuestión incide en la importancia divulgativa. La Historia debe conocerse, y a veces es más fácil enseñarla de una forma vistosa.
Hablando de vistosidad, he aquí una columna de hoplitas (grupo Athenea Promakos) formando en un campo de batalla.Fuente: Ana Belén (fotógrafa).
  • La quinta hace referencia a un punto que últimamente — y quizás agudizado por la crisis — está en debate: mayoritariamente los recreadores no cobramos. Las recreaciones son organizadas por asociaciones sin ánimo de lucro; si bien estamos asistiendo a intentos de mercantilización de este mundo — con los riesgos que ello implica — .
  • El sexto punto señalaba que la recreación de hechos bélicos del pasado no es una exaltación del militarismo en la actualidad. Hay que saber diferenciar pasado y presente, comprender las luces y sombras de la Historia sin memoricidios: ser pacifista en el presente no implica borrar guerras ya pasadas, amén de señalar el impulso que está tomando la recreación eminentemente civil.
  • El séptimo reiteraba cuestiones similares, diferenciando lo recreado e histórico de la realidad presente.
  • En el octavo punto considero la reconstrucción histórica como una forma de Arqueología experimental, dadas las oportunidades que ofrece.
  • En el noveno hablo de los beneficios económicos derivados del turismo que se pueden originar en los lugares donde se lleve a cabo una recreación.
  • Finalmente, llamaba y llamo a que cualquier persona interesada o con dudas pregunte. Si algo se ignora, se pregunta: hay cientos de recreadores dispuestos a responder.

Dicho todo esto, si, querido lector/a, sigues leyendo, nos vamos de viajes espacio-temporales a través de las experiencias de quien teclea.

La recreación, obviamente, está abierta a todo tipo de personas por igual. Fuente: Valischka (fotógrafo).

Era domingo, 17 de abril de 2005, cuando por acompañar a un amigo, fui a un parque en Torrero (barrio zaragozano) donde descubrí a «unos tipos vestidos raros» que me descubrieron que en la que es mi ciudad, Zaragoza, había habido dos tremebundos asedios en 1808 y 1809. Eran los Voluntarios de Aragón, una reconstrucción fidedigna de aquél batallón de infantería ligera española que combatió en Los Sitios de Zaragoza frente al Ejército de Napoleón.

«[…] los avatares de la Guerra de Independencia, de España o Peninsular, me llevaron a combatir por él, por José I o bajo las órdenes de Wellington»

Cinco años después ya me había costeado un bicornio con pluma verde, camisas, casaca y chaleco de paño, calzón y pantalón de batalla, canana — cartuchera ventral — , medias, zapatos, correaje para bayoneta… El fusil de avancarga debería esperar a mi primer sueldo de entidad. Pero el caso es que ya estaba «alistado» para luchar por el cautivo rey y «deseado» (en 1808) Fernando VII… Y bueno, los avatares de la Guerra de Independencia, de España o Peninsular, me llevaron a combatir por él, por José I o bajo las órdenes de Wellington. De punta a punta, asaltando las puertas de la ciudadela portuguesa de Almeida o defendiendo las almenas de Tarifa, muriendo en la escalinata de la catedral de Tarragona o saltando a/y desde un bote de la Royal Navy en el Mediterráneo… Y, para el Bicentenario (2015), Waterloo.

Y es que aquella batalla que supuso la caída de Napoleón — y la Revolución con él- frente a Wellington — y la Contrarrevolución que iba de su mano- marcó los destinos de la Europa decimonónica, y su recuerdo no fue menor, dado que para recrearla nos reunimos más de 6000 recreadores de todo el mundo. De ella y todas las que hubo antes y después, según mi experiencia, puedo dar fe de muchas cuestiones que un historiador inglés señala, me refiero a J. Keegan en El rostro de la batalla.

Los casacas rojas no nos recibieron bien en Waterloo… ¡Vive l’Empereur!. Fuente: Valischka (fotógrafo).

Para empezar, la caballería ¿a qué queda bonita en los cuadros y en las películas uno salta de emoción cuando ve una carga? Pues en la realidad, acojona, y mucho. Tanto si eres un recluta en tu primera batalla cuando 5 húsares negros de Brunswick te cargan en el camino junto al río Coa, como si eres ya un curtido veterano que en la primera línea del 3émè de ligne recibe de frente a una cincuentena de jinetes británicos. Acojona, creedme. Y entonces es cuando entiendes las formaciones apretadas en líneas sucesivas de infantería: instintivamente cuando ves a los caballos acercarse, echas un pie atrás, te quieres volver y salir corriendo. Pero no puedes. Las líneas de detrás te lo impiden.

Las primeras filas nunca huyen, por imposibilidad física ya que no pueden por lo dicho o porque son las primeras que combaten. Otra cosa son las últimas, como ocurrió en la granizada de Valdeviejas (Astorga) en 1812 (en realidad 2012, y aquello parecía la retirada de Rusia), que ante las inclemencias del tiempo — y no de los franceses — el ejército español se deshizo como un azucarillo. Quienes no están en primera línea, se informan a base de rumores, ya que ver, ven poco o nada.

«[…] instintivamente cuando ves a los caballos acercarse, echas un pie atrás, te quieres volver y salir corriendo. Pero no puedes. Las líneas de detrás te lo impiden»

Desde luego, de primeras solo las cabezas de sus compañeros de inmediatamente delante, cuando pasa algún mandamás lo saben por los vítores y sombreros al viento, y cuando empieza el fragor del combate… nada, solo estampido de cañonazos, ruido de descargas de fusilería, trote de caballos, y humo, mucho humo formado por la pólvora negra. Ni las órdenes de los oficiales se escuchan — si acaso el tambor, los transmisores de la época — . Y, en la realidad, además, el griterío y alaridos de heridos — porque no nos engañemos, la guerra nunca fue bonita ni romántica — . Con ello, el caos y el desorden, y aún sin bajas, y con la mayor organización que posibilita una recreación, este es inevitable. Imaginaos en la época.

Nuestro intrépido autor, a la derecha de la muralla de lanzas . Fuente: Ana Belén (fotógrafa).

Pero ¿acaso no hay recreación de hechos civiles? ¡Claro que sí! Y en auge y diversificación. En el pasado no estaban todo el día matándose, y menos mal, de hecho, creo el mundo de hoy es más cruel — para que os voy a narrar las noticias que salen en televisión…y lo que no vemos… — .

En la villa de Alcorisa (Teruel) he ejercido como notario barroco y en lo referente a la época medieval — siglo XIII aragonés concretamente — hay un grupo que se está convirtiendo por méritos propios en todo un referente europeo: Feudorum Domini. Y he tenido el privilegio de ser invitados en dos ocasiones a participar en sus eventos, siendo Foces el más señero. Junto (y en) a la iglesia gótica de San Miguel de Foces (Ibieca, Huesca) cada año vuelven a la vida el señor Eximen de Foces — familia importante bajo Jaime I y Pedro III de Aragón — , su familia, sus caballeros, eclesiásticos, campesinos y campesinas, judíos, artesanos, prostitutas, boticarias… Llegando a visitarle el mismísimo rey con su corte itinerante, diplomáticos granadinos, cortesanas sicilianas o hasta Bricio el pordiosero. Recrean bautizos, bodas, funerales, banquetes, juicios, milagros, conflictos sociales, artesanía, música, misas, coronaciones… Es una auténtica puerta a la segunda mitad del siglo XIII de la Corona de Aragón.

La recreación histórica se atreve con todas las épocas., ¿y por qué no? Fuente: Valischka (fotógrafo).

Y como los mencionados grupos, otros tantos dispersos por toda la geografía española, europea, mundial. La recreación histórica conforma una herramienta cultural que preserva nuestro Patrimonio inmaterial y pone en valor el Patrimonio material, la Historia presente en monumentos, calles y ciudades, y la recuerda con sus luces y sus sombras. Porque la Historia, nos guste o no, siempre es compleja, nunca fue blanca ni negra, sino que es conformada por una amplia gama de colores. Historiadores y recreadores solo somos quienes restauramos el cuadro, lo exponemos y explicamos a quien quiera acercarse a conocerlo.

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Daniel Aquillué es decimonónico empedernido, doctorando entre semana en la Universidad de Zaragoza — investigando el periodo revolucionario español de 1833–1843 — , funcionario del Ministerio del Tiempo los fines de semana, habitualmente enviado a 1808–1815, aunque ha estado también destinado en los siglos XIII, XVII y XVIII. Su lema es «Decimonónicos del mundo ¡uníos!». Y bueno, alardea de que su muro de Facebook es algo así como el plató de «Al Rojo Vivo» o «Espejo Público».

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