La escritura poética es una droga que produce dolor

Creación y sufrimiento

Lo vengo comprobando desde hace muchos años, cuando siendo joven escribía poemas que luego iban al cubo de la basura. Nunca he coleccionado nada, ni tan siquiera mis propios escritos. Eran poemas de adolescente, de incipiente naturalista e investigador, de activista ecologista. Más tarde me dio por escribir sobre la naturaleza, incluso mantuve una colaboración mensual con un periódico local. En aquellos años no existía Internet, por lo que ver algo publicado era difícil. En la edad adulta seguí escribiendo de todo: poesía, teatro, ensayo, novela… siempre he tenido el lapicero en la mano. De todo lo escrito poco he llegado a publicar, tal vez por pereza y falta de tiempo. La verdad es que para mí publicar nunca constituyó un objetivo. Pude hacerlo editando yo mismo mis libros, ´autoedición` dicen ahora, y algunas de mis creaciones han visto la luz así; pero confieso que me parece un sistema algo tramposo. Entiendo que la publicación tiene que estar mediada por una labor editorial ajena a uno mismo para gozar de independencia, objetividad y criterios profesionales que permitan ver la luz, o no, a la obra en cuestión. Yo mismo empecé a editar libros de otros autores, compatibilizándolo con mi profesión. Era dar rienda suelta al gusto por los libros y todo lo que les acompaña, desde la escritura hasta la maquetación, el diseño, la impresión y la comercialización. Así he estado muchos años.

Pero a lo que vamos, ¿por qué digo que la escritura poética produce dolor? La causa es simple y profunda. Escribir novela, ensayo, teatro incluso, son actividades que requieren documentarse, buscar, comparar,… uno puede extenderse todo lo que quiera en descripciones, diálogos, definiciones. No existe una limitación, incluso el teatro puede soportar obras que duran horas. No hay problema; sin embargo, en el proceso poético todo viene limitado, la extensión constituye un problema, la búsqueda de las palabras, las metáforas, las rimas si es poesía rimada, etc., constituyen una ´atrofia` lingüística, un desmantelamiento, una amputación del cuerpo literario, a veces se lleva al extremo, como en los haikus. Se va a lo mínimo para alcanzar lo máximo. Dicho de otra forma, con la mayor economía de palabras se busca el mayor significado posible. Por tal motivo la poesía forma parte de las artes, y yo diría que de la ciencia (el lenguaje científico es poético), y los demás estilos literarios no son arte. Ademas, la escritura poética arranca de una pulsión, una fuerza que nace de nuestro interior, que no necesita ´documentarse` ni buscar “fuentes bilbiográficas”. Tampoco es necesario viajar, ni tener experiencias maravillosas. La poesía suele nacer en un pequeño cuarto, alejado de miradas indiscretas, en ocasiones sobreviene realizando otra actividad y entonces necesitas papel y bolígrafo para escribir un poema, una idea que constituya más tarde la génesis de un poemario, y así…

Este proceso requiere sufrimiento. No puede ser de otra forma. El poeta sufre creando en silencio. Es verdadero dolor, de ahí que muchas veces los poetas son vistos como criaturas singulares que están en las nubes. La inspiración llega siempre en el momento menos previsto. Se presenta igual que la muerte, de sopetón, y ya no puedes escapar de ella.

Además el poeta es el más crítico de los creadores, el más incisivo. Siempre hay más de una lectura en toda composición poética. Y también es el más cercano a la espiritualidad -aunque no practique religión de ningún tipo o se declare ateo-, a la dimensión mística que siempre se atribuía a los santos; pero algunos de ellos también eran poetas, como el sublime San Juan de la Cruz.

Desarrollar una mística poética conlleva sufrir. No puede ser de otra forma. O seríamos piedras. No comparto esa visión del budismo consistente en eliminar todo el sufrimiento para alcanzar el nirvana.

En cualquier caso, la experiencia me dice que “crear poesía” es sublimar nuestra más profunda realidad, es extraer del interior las raíces de nuestra esencia, casi como plasmar el alma en el papel, bueno, ahora en la pantalla del ordenador, y eso duele.