La libertad de la escritura

La libertad de la escritura

En las redes sociales que alimento figuran del orden de 300 personas que se declaran “escritores profesionales”; es decir, que viven del oficio de escribir. La lista va en aumento. Haciendo una simple proyección podría decir que se cuentan por miles los escritores. Mucha gente escribe, lo cual me parece perfecto y no tengo nada que objetar; pero sí me extraña que tantas personas puedan vivir de la escritura, no al menos que se compatibilice con otra actividad profesional. Creo que en España no pueden hacerlo más de ocho o diez de los llamados “escritores consagrados”.

Lo cierto es que hoy resulta sumamente sencillo publicar, para eso están las plataformas de autoedición y los editores que editan por cuenta del autor o autora. Así las cosas, publicar un manuscrito se ha convertido casi en una obligación, una forma de adquirir presencia y notoriedad en el mundo de Internet, el cual no tiene que coincidir necesariamente con el mundo presencial, alejado de redes sociales y productos digitales, de tal forma que muchos autores son, a la postre, desconocidos más allá de las redes que tratan de alimentar en la blogosfera y las numerosas aplicaciones virtuales.

Algunos negocios bien consolidados realizan propaganda eficaz sobre las posibilidades económicas de publicar un libro con ellos. Y ofrecen cifras sobre tal o cual autor/a que ha vendido decenas de miles de ejemplares (en ebook) y “ha ganado un pastizal”. No me creo tales cifras. Tal vez unos pocos elegidos puedan llegar a ellas; pero no pasa de un producto de marketing para atraer más escritores con sueños de grandes ventas y promociones. En definitiva se trata de negocio, puro negocio: a más archivos subidos al sistema, más beneficio para la empresa. Aquí no se controla la calidad, ni los contenidos, ni el estilo de escritura. Lo importante es la cantidad. Cuanto más, mejor.

En fin, cada día hay más gente que escribe y publica su libro. Imposible leerlos a todos. Imposible seguir su evolución literaria, imposible hacer críticas. Al final, solo unos cuantos pasan a engrosar mi lista de lectura cotidiana.

Durante los últimos quince años he estado dedicado de forma casi exclusiva a trabajar por la promoción de comunidades locales en vías de desarrollo, entendido como una forma de colaboración con personas e instituciones, desde el respeto y la no injerencia. Los ámbitos de trabajo se definieron teniendo en cuenta la promoción educativa y las tareas asistenciales. Todo ello en colaboración con asociaciones locales. Después de este tiempo creo que ha llegado la hora de centrarme en la escritura, actividad que siempre cultivé a tiempo parcial y que dio como fruto la publicación de media docena de título en los géneros de la poesía y el teatro. Ahora estoy recuperando algunos de esos libros y promocionando nuevas obras. Es un proceso imparable con el que espero ofrecer lo mejor de mí mismo en el ámbito literario. Solo los lectores podrán valorar si ha merecido la pena; pero críticas aparte, lo importante en mi caso es la satisfacción de escribir y crear espacios de libertad. Por supuesto, seguiré colaborando con algunos proyectos de cooperación, especialmente en los ámbitos del diálogo cultural e interreligioso; pero ya digo, centrado en la escritura.

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