Refugio en la arena

Refugio en la arena

Estamos reunidos en el instante final del día, cuando se aventura la noche en una nueva ronda de sombras que agarran la ciudad con insidiosa parsimonia.

Son eficaces los astros al desvelar el arco galáctico, la Vía Láctea en todo su esplendor una noche más.

Nosotros permanecemos sentados en la arena, intentando protegernos de la brisa húmeda que llega desde el poniente, donde el mar engulle la tierra hasta abrirse los abismos, hogar de criaturas descomunales.

Es la hora del silencio. La muerte que se pasea entre el gentío busca su presa una noche más. Se toma tiempo sin crueldad, avanzando por las calles superpobladas de mujeres y hombres. Permanecemos lejos sabiendo que el movimiento es para los astros y los avanzados en el camino del Amado.

Somos más que humanos, o menos, según se mire. Importa la esencia y composición de vida en el misterio divino.

Somos forma desdibujada al cruzar la frontera del conocimiento donde fenecerá el sufrimiento y la ignorancia quedará atrás como el paisaje que nunca más veremos.