ENTRAR POR LA CHIMENEA

Perfil Libre||Prejuicios al margen

Guste o no, por procedencia, estilo y votantes Jonatan Fattorini representa el ícono de las figuras que llegan a la política a partir del desencanto con la histórica clase dirigente de Luján. Si bien puede creerse que el nivel más básico de ingreso a la política vía voto popular es campo fértil para los outsiders, no se había dado con la pureza que se presenta en este caso. El Fatto acumuló caudal electoral y ahora tendrá su prueba de fuego: ganar la PASO y ser un fuera de línea, cabeza del PJ.

Los pasillos del Concejo Deliberante de Luján son relativamente espaciosos. Pero los bloques, en donde trabajan los concejales, varían en tamaños desde pequeñas habitaciones hasta amplios despachos con ventanales que dejan entrar y renovar el aire siempre denso. Están pegados unas con otros; con paredes incompletas que no llegan al techo y que son de un material permeable a dejar escuchar sin demasiados esfuerzos lo que sucede en cada cuarto. Así, parece que después de una recorrida por los políticos más reconocidos, una mañana Jonatan Fattorini llegó hasta el primer piso de la Municipalidad y entró a un bloque. Después de formalismos, fue al grano.

— Quiero estar en tu lista. Tengo ésto para aportar— le dijo a un importante concejal del kirchnerismo, mientras le mostraba un papel con números.

—Mirá, no está mal, te diría que está bastante bien, pero por como viene la mano, lo que te conviene es lo siguiente: con este mismo papel andá allá, al otro sector de los bloques y ofrecé lo mismo. Hablá con ellos, o más arriba. Ah, y después sí vení.

En forma meteórica, nacía el proto outsider del Frente Renovador. Y con estética de outsider. Como aporta Andrés Malamud, esa palabrita en inglés se puede traducir y decir que significa: “Personajes sin trayectoria política que, desde afuera de los partidos, se promueven como alternativas a las viejas dirigencias, alegando ejecutividad y relación directa con la gente”. En dos estilos de políticos fuera de líneas podemos hallar a los desconocidos que utilizan un partido establecido, o aquél outsiders que se larga sin ser conocido y con un partido nuevo o ignoto.

¿Un pibe de barrio superador de dificultades, la creación de Cariglino, el producto de Peugeot, un indignado por un robo, el resultado de una estrategia de algún kirchnerista pillo que lo acomodó por allí para tener aliados extrapartidarios? Un poco de todo.

De chiquilín, te miraba de afuera

El Pacto Federal de 1990 puso a Luján en el centro de la escena durante la Semana de Mayo: la representación política de la nación argentina se iba a congregar en el Cabildo de la ciudad de la fe. Minutos antes a la firma de los gobernadores, Carlos Saúl balconeó y dio un discurso de cara a la plaza Belgrano secundado por funcionarios y gobernadores. “La Argentina será Federal, o no será nada”, chamuyó.

Jonatan David tenía en aquel momento 7 años. Como parte de una etapa infantil mezclada entre juegos pícaros y hechos señalados como punitivos, Fattorini se hacía de frutas del predio de la institución que más a mano le quedaba. El colegio de los Hermanos Maristas fue modificando sus muros hasta hacerlos de concreto, pero antes de ellos y del alambrado previo a los tapiales, apenas unas ligustrinas hacían de perímetro.

Para los pibes del Barrio El Quinto (en adelante, del Quinto) cruzar la línea verde y agarrarse damascos y mandarinas era rutina. “Una vez -cuenta Fattorini- bajó un helicóptero mientras andábamos dando vueltas por el colegio, pregunté quién era y me dijeron ‘Menem, el presidente’. Seguí preguntando, ¿qué es un presidente?, ¿qué hace un presidente?, ¿por qué está acá?”.

La anécdota poco se conoce, pero su biografía infanta juvenil está algo más expandida por la ciudad. Todos saben de todos en la siempre silenciosa, pero conocedora, sociedad lujanense. Fatto recorrió varias escuelas para poder terminar los compromisos educativos y las derivaciones lo fueron alejando de la ciudad. En la localidad de Torres fue su última etapa formativa de nivel inicial; Oscar Luciani uno de sus profesores.

Cuando se le pregunta a él mismo, Fattorini expresa un mundo de abandonos y soledad que dibujan una historieta compleja de describir sin pasar al sensacionalismo barato. Sí, lo relata el concejal, alguna vez cumplió una probation “por problemas con la polícia” que se volvieron cada vez más frecuentes y problemáticos a medida que se configuraba completamente como pibito del Quinto. Brocha en mano, pintó la Casa de La Juventud como parte de sus horas comunitarias. Años más tarde, terminaría la secundaría de noche y el trabajo de ventas en concesionarias de autos llegaría para quedarse.

Conducir, persuadir, vender: la escuela de vendedores peronistas

Después de trabajar en Cartocor durante un año, pasó a ayudar a su padre arreglando motos. Con algo así como 20 años llegó el tiempo de las concesionarias de autos: la carrera que lo llevaría a ir conociendo a grandes vendedores del rubro, así como a gerentes exitosos y poderosos empresarios. Los ámbitos del empresariado bonaerese siempre incumben a algún político baronense. Y viceversa.

Renault y Ford lo vieron pasar como empleado y gerente. Ahora Peugeot lo tiene como uno de sus vendedores oficiales. El couching de las concesionarias fue moldeando las formas de hablar, relacionarse y presentarse de Fattorini. Parte de ese pragmatismo aprehendido, pero no sólo eso, lo llevó al presente protagonico de encabezar una de las listas con más chances de ganar en el histórico Partido Justicialista de Luján.

Con discos de estrategias de ventas en el reproductor de su auto, Fattorini viajaba día tras día por el centro de Luján. Modos, estilos, gestos, vocabulario, sonrisa a tiempo, aceleración y cierre de operaciones. Todo se estudia, todo se diseña. Aunque sobrevuela una verdad que se podría anexar a las infinitas veinte: la verdadera política no se aprende con un CD. Y Fattorini lo experimenta a cada paso.

“Un profesor de líderes y vendedores en Capital me presentó a Jesús Cariglino. Y me invitaron a una reunión donde estaba él y varios políticos con experiencia. Cuando dieron lugar a que hablen los nuevos pregunté cómo hicieron para que Malvinas esté tan bien”, cuenta el concejal. No pasó mucho para que le lleguen las invitaciones por parte del sector de intendente de Malvinas Argentinas. Entre tantas reuniones, apareció un regalo: el Manual de Conducción Política de Perón.

Entre 2011 y 2013 Fattorini se subió a una vorágine política no siempre fácil de domar. El inicio del camino lo determinó un robo en su concesionaria que lo llevó a querér hablar con el Intendente, ni más ni menos que su ex maestro. Sin suerte en eso y con inquietudes sociales que en el fondo siempre son políticas, empezó ver la necesidad de meterse en politica. “Cuando decidí arrancar con esto visité a muchos espacios pero no pude participar. Me pasó con Leo Boto, con Ariel Notta, entre otros, pero nadie me dio lugar. Les comentaba que tenía la posibilidad de aportar económicamente para la campaña del espacio que sea, porque lo que me importaba era participar de algún sector que traiga un recambio. Como no me dieron lugar, tuve que buscar fuera de Luján”, relata.

Debates, chicanas y dificultades por doquier marcaron -y todavía lo hacen- el paso del outsider. En el marco del hervidero que era Luján por el crimen de Lautaro Soto en 2014 (un pibe que asesinaron durante un asalto) el flamante concejal hizo su entrada estelar con el pico de rating que ostentan los encadaletes propios de un político. Todo lo con los ribetes particulares que se dan cuando se actúa con las libertades o despreocupaciones de aquellos que no vienen de herencias políticamente correcta.

Casi como si fuera aquel chico del barrio, pero con otras responsabilidades, Fatto descargó parte de su pasado, a patadas, contra un patrullero de la polícia. Estuvo en la picota pero zafó rápido y fácil: todo se solucionó con una amonestación. Cual alumno de secundaria, arrancó con sanciones.

Acá, en el Concejo, comenten…

Desde que llegó al Concejo Deliberante Fattorini avanzó en varios frentes a la vez. Por un lado se propuso colocarse con mayor o menor suerte, frente a todo lo que proponía el ejecutivo municipal para crear la imagen del opositor consecuente. Show asegurado ofrecieron los choques con concejales oficialistas, reproducciones y tráfico al por mayor exhibían los videos en Facebook.

Con menos herramientas a disposición, con insuficiencias propias de ocupar un lugar desconocido por primera vez, sin el detalle de las leyes, y con limitaciones para sobrellevar la tarea de escritorio que debe realizar un concejal, así y todo Fattorini acorraló y puso nervioso-a ojos de la gente- al oficialismo deliberativo y ejecutivo. Para algunos de sus colegas, de pura cepa política, representa un personaje cuasicómico; para otros, alguien con quien es difícil pactar o acordar en los tiempos y formas que la política requiere.

Pero los tiempos del outsiders lujanense son otros: quizá más parecidos a los del vecino de a pie, aunque no por ello más efectivos que los emergidos en la práctica política propia del sistema. No sería verosímil determinar que los modos de los fuera de línea sean mejores para aportar a la construcción de consensos, la superación de conflictos o la búsqueda de soluciones.

Otro flanco a cubrir fue comunicar, por aquello de que lo que no se comunica, no existe: constantemente, utilizando Facebook de modo segmentado (es decir dirigido a cada posible interesado en saber de los temas que él habla), enviando mensajes tipo spam vía whatsapp y con presencia especial en los medios. Alguna vez la mala segmentación le valió una nota periodística crítica por los “likes” (“Me gusta”) que ponían personas chinas, árabes, rusas. Su nombre siguió en los medios, para mal o para bien. A lo Margarita, siempre pensó: “Si hablan de mí, yo ya gané”.

A partir de su rol de empresario, la aparición mediática tuvo una particularidad. La exposición no fue, ni es mayoritariamente, debido a sus ideas y proyectos sino principalmente por las acciones sociales (comedor, campañas de reyes, clases de zumba), ayudas o denuncias varias; a eso se suman las publicidades de su comercio que al día de hoy repiten varios lujanenses como un latiguillo que se impregnó fuerte: “Hola soy Jonatan Fattorini”.

Sabedor de sus limitaciones y a base de las herramientas de la realidad efectiva, las mediciones le dan un conocimiento entre los vecinos que muchos políticos de la ciudad envidian y critican. Para sumar algo más, y quizá como dato a utilizar en otras conjeturas o reflexiones posteriores, es pertinente señalar la propuesta de llevar al hipermega desconocido José Neto (actual concejal) como su primer candidato en la última elección.

En esta elección, repite la idea de ir con novatos: Paula Jara fue la elegida para secundarlo en la lista que encabeza y se perfila para quedarse con la representación electoral del Frente Justicialista. “No me interesa el PJ, yo soy peronista pero el partido no es lo que me quita el sueño”, aclara. En los tiempos que corren es lógico que a pocos les interese un ámbito escaso de discusión, como irradia una sede partidaria esquiva de adaptarse a las nuevas necesidades y sujetos sociales.

Empresario de sacos brillantes y zapatos en punta; con autos y presencias de showman en Facebook; con banners en el Concejo Deliberante que anuncian su presencias. Sin historia política, un indignado de la inseguridad que se metió en política.

Ahí está Fattorini, entró por la chimenea y está jugando con el fuego amigo.

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