Matar a tu patria

PARÍS (FRANCIA), 07/01/2015.- El director de la mezquita de París, Dalil Boubakeur (i), el presidente del Consistorio central judío, Joel Mergui (2i), el presidente de la federación de protestantes franceses, Francois Clavairoly (c), el arzobispo de Marsella y presidente de la Conferencia Episcopal francesa, Georges Pontier (2d), y el líder de la iglesia greco-ortodoxa de Francia, Emmanuel Adamakis (d), comparecen ante la prensa tras una reunión con autoridades religiosas en el palacio del Elíseo en París, Francia, hoy, miércoles 7 de enero de 2015. Doce personas han muerto, entre ellas dos policías, en el ataque contra la sede de “Charlie Hebdo” en París, perpetrado por al menos dos individuos armados con kalashnikov. “Charlie Hebdo” había recibido amenazas en varias ocasiones, después de publicar caricaturas de Mahoma, y por eso estaba protegido. EFE/Yoan Valat.
Dicen que la tierra marca. Que los paisajes donde juegas, los horizontes donde te enamoras por primera vez se quedan enraizados en lo más profundo del alma. Que el terruño cala en los huesos más que lo aprendido en la escuela o los recuerdos de los padres que llegaron de otras realidades. Sin embargo, este mundo loco que todo lo pone patas arriba también se está empeñando en cambiar todas esas morriñas, saudades o añoranzas que inspiraron a los más grandes de nuestras letras.
El 70% de los terroristas yihadistas detenidos en España durante 2013 habían nacido en nuestro país. Los responsables la semana pasada del atentado de París contra “Charlie Hebdo” habían nacido en Francia. Se calcula que cerca de medio millar de los yihadistas que están luchando en Siria y en Irak son británicos de nacimiento. Se prepararan allí para después volver aquí para cometer atentados. ¿Cuál es el camino que hay que recorrer para terminar asesinando sin piedad tu patria, considerando enemigos y herejes que merecen castigo a los vecinos que saludaste tantas veces en el ascensor?
Este fin de semana escuchaba decir al imán de la mezquita de Valladolid una frase que deberíamos marcarnos a fuego: “No son musulmanes, son asesinos. Quien mata a otra persona es un asesino, no hay que buscar nada más, ni de donde vino ni que religión profesa”. La comunidad musulmana española está perfectamente integrada como una tesela más del mosaico de nuestras sociedades modernas. Sin embargo, una ridícula parte del colectivo que se dejó embaucar por las mentiras del odio está lapidando su imagen. Otra vez más, como ocurrió tras el 11-S y después tras el 11-M se les vuelve a mirar con recelo. Un pequeño escalofrío recorre el cuerpo del más tolerante ante cualquier comportamiento extraño de una persona con rasgos o vestimenta musulmana.
Los nuevos radicales forman parte de la segunda generación de inmigrantes. Es decir, nacieron aquí, en nuestra cultura de la igualdad , de los derechos y de las libertades. Sin embargo enloquecieron en manos del fundamentalismo hasta el punto de entregarse como mártires del terror. Hay analistas que aseguran que se trata de jóvenes desencantados por la falta de oportunidades en la vieja Europa. Se sienten ignorados por el sistema y primero coquetean para acabar fornicando con la ira de la venganza. Los captores saben como atraparles. Les inyectan odio y les prometen el protagonismo que ansían. Aunque sea para morir matando.
Quizá no les hemos sabido enseñar nuestros valores, quizá hemos fallado con ellos, pero ni aún así sería comprensible tanta perversión. Solo tienen enemigos. Más del 80 por ciento de las víctimas de yihadismo radical en todo el mundo son musulmanes. Hacen saltar por los aires a sus “compatriotas adoptivos” de allí, para después ametrallar a sus paisanos de aquí. Su única patria es la violencia.
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