Sofocos de invierno
Este invierno acomplejado e intermitente, que se asoma tímido y enseguida vuelve a ocultarse. Esta España sin color, que no sabe si los próximos años será roja, azul, naranja o morada. La primavera se instaló en el Congreso de los Diputados el 20 de diciembre y asustó al invierno que todavía no había abierto las maletas. Ente tiempos y a destiempo.
La estrategia no es qué decidir, si no el instante de hacer efectiva cada decisión. Elegir el momento marca el destino más que cada una de las decisiones. Pregunten si no a los almendros engañados y adelantados más que nunca, y que asoman unas flores que asesinará sin piedad la próxima helada. En el ciclo natural de la política también hay tiempos. Lo que pasa es que en España nunca tuvimos que fijarnos en eso. No había arco iris en el Congreso, no había que sacar la paleta de pintor y descubrir quién es solo es capaz de derramar la pintura y quién de crear una obra de arte.
Este invierno poselectoral nos pueden las prisas, como a la primavera del calentamiento global. Los ciudadanos azuzados por los periodistas ansiosos de resolver las ecuaciones avanzan los meses y analizan escenarios ficticios que quizá nunca se produzcan. Hay momentos para la negociación y momentos para el pacto. Desvelar antes de tiempo cada decisión es tan catastrófico como dejarla madurar demasiado y acabar con la fruta podrida en el árbol. No nos saltemos páginas, no seamos como los “listos” de la clase que cuando tenían que hacer el trabajo sobre un libro se leían los primeros capítulos y el último, creyendo que acabarían entendiendo todo el relato.
A eso sí han aprendido bien los políticos. Los nuevos y los viejos, los emergentes y los veteranos. Sus tiempos son su destino, lo saben. Cada decisión marca el movimiento del contrario en un efecto dominó que te puede empujar a gobernar o a quedarte en la soledad minoritaria de la última fila de escaños. En la aritmética parlamentaria no hay más ciencia que las sumas y las restas, no hay más ley que la Constitución. Andan contando hasta con los dedos. Los últimos pueden ser los primeros, los cuartos los segundos, ¿y los primeros? Eso sí, con cortesía y por orden, señorías. Hay semana para negociar la mesa del Congreso, semana para atrincherarse, semana para un primer primer cortejo… y habrá semana para el primer beso, del adiós definitivo o el pacto de legislatura. Paciencia y política.
Pero a día de hoy estamos en un entretiempo de locos. La derecha no sabe si descolgar el chaquetón y prepararse para el frío de la oposición o sacar el bañador y la toalla en la playa de la gran coalición. La izquierda de camisas desabrochadas lanza órdagos sin que se sepamos sí se están jugando todo a una buena baza o rompiendo la baraja para que unas nuevas elecciones vuelvan a repartir las cartas. Es curioso que a los rojos de siempre, que añoran unir a toda la izquierda en un Gobierno, les separe “la línea roja” del derecho a decidir. Casualidades cromáticas de un enero sin vaho anunciando las palabras. La decisión es la estrategia. Unos quieren ganar rápido y por K.O., otros aguantar para intentar acumular puntos. Diálogo y política.
Vaya invierno de sofocos, que tenemos loco al invierno.
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Originally published at comuniteca.wordpress.com on January 23, 2016.