Alegría

Alegría. Alegría es lo que falta, y hace falta, en la vida de las personas en esta España gris sotana cospedal en la que estamos instalados desde que los custodios de la moral y los terroristas de la Libertad y la Cultura han tomado los escaños. Nunca hasta ahora el vaho vaticano de la política institucional había empañado con tanta eficacia el cristal patrio usando limpiaparabrisas que como rodillos de pintura naif tiñen el retrato de la actualidad de colores chillones como los de los de dibujos animados. Lo sabíais pero no os lo queríais creer? Pues aquí está la realidad para hablaros claro, para deciros que el desmadre que se intuye es de verdad, que todo es una jaula de cigarras disfrazadas de grillos (vendedores de grilletes consumistas), una locura, una impostura. Que las diferencias de clase lo son ahora más que nunca. Que os han mentido. Que estáis todo está sumergido en el engaño.

Y es sobre estas diferencias de clase sobre las que los medios de comunicación, pagados por las empresas del Ibex, construyen su película metiendo a un país en un avión a punto de estrellarse. Y la gente, sentada y obediente en clase turista (que ni cacahuetes les ofrecen, más le dan a los monos en el zoo) apretada, constreñida, autosatisfecha y engañada mirando con envidia a los de van en bussiness — pocos y elegidos — dando rienda suelta a sus pasiones y a sus lujos. En un momento en el que las empresa que eran españolas ya ni lo son y en el que España, ha dejado de ser España para seguir siendo el parque temático de Europa: sol y sangría, que es en lo que se ha quedado este país de humoristas y de malhumorados. Sangría la que han hecho con vosotros.

Y sí, hay gente enfadada, indignada, cabreada. Ahora y hace cuarenta años, cuando la realidad era más gris y menos surrealista. Pero cada vez menos (porque su enfado lo metieron en un barco de papel al que se ha tragado la corriente). Ahora, que el Gran Hermano de Orwell es verdad porque sólo es un programa de la tele (que lleva más ediciones que el Quijote). Y ahí vamos, convertidos en turistas de una realidad que ninguna agencia de viajes se atrevería a publicar en sus folletos, drogados por el fútbol y dormidos con somníferos baratos, dentro de un avión sin tren de aterrizaje que navega sobre las nubes de la realidad a la espera de obtener el permiso de los controladores (alemanes) para poder aterrizar, después de muchas vueltas y sin moverse del punto de partida, en un aeropuerto vacío (castizo engendro español fruto de noches de pasión orgiástica compartida por pillos y cajas de ahorros). Quienes viven, quienes disfrutan, quienes se divierten, quienes se descojonan mientras nosotros nos acojonamos son los que viajan en bussiness. Los que han robado todo y han dejado sin vida a los que viajan dormidos. Y la iglesia más contenta que nunca (porque que absuelven a sus curas violadores porque en este país la Justicia está tan acribillada como la Honestidad).

O propongo con afán feminizar este desastre (sin venganza aunque ésta sea merecida) porque si no, nos vamos de cabeza al océano de la destrucción de lo posible, organizada por los hombres deshonestos, cobardes, avaros e iletrados que han llevan gobernado desde aquel golpe de estado que llevamos padeciendo desde entonces.