EL TIEMPO

Fotografia de Vivian Maier

El látigo del tiempo no tiene benevolencia.

No te susurra grandes horizontes,

ni habla de bolas de fuego

que te consumen entre caramelos, no,

no escuchas el viento del universo,

ni dice muchas cosas entre pilas de expedientes,

se evapora, indignado en algunos cumpleaños,

nos hace ver obviedades:

el látigo del tiempo, una vez te habló

de los tallos de la hierba que se mecen con cada estación.

Pero la melodía te era extraña

como las agujas de un reloj sin detenerse.

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