No tan distintos: Diseño y Tecnología.

A veces nos cuesta establecer una relación entre «diseño» y «tecnología». Esta dificultad no es casual, sino que está instalada por una serie de motivos sólidamente instalados en nuestra cultura y educación.

Sería pretencioso intentar reunirlos en un solo artículo, pero sí podemos hacer un esbozo por abordar el asunto y detectar algunas de las cuestiones conceptuales más generales que hacen que, en nuestra manera de pensarlos, «diseño» y «tecnología» parezcan disciplinas extremadamente distintas y hasta opuestas. De esta manera, nos será más fácil repensar de una manera más eficaz la manera en que ambos conceptos se relacionan y en definitiva, participan de lo mismo. Un buen lugar para comenzar, antes incluso de buscar respuestas, es hacer preguntas. Entonces, ¿de dónde vienen nuestras ideas de «diseño» y «tecnología»?


La belleza inútil

Muchas veces entendemos el diseño en general como arte, en el sentido de «belleza inútil». Si bien la sola idea de que el arte pueda ser considerado «belleza inútil» me produce escozor, la realidad es que, aún si quisiéramos forzar esa idea como posible, lo único que dejaríamos en evidencia es que no tenemos idea de lo que el diseño significa (ni tampoco el arte).

Como resultado de esta lógica, me gustaría identificar dos problemas muy comunes en la percepción del diseño por parte del imaginario colectivo.

Uno, es que se lo percibe como arte en un sentido que no tiene mucho que ver con su naturaleza. Un sentido que a la vez malentiende la idea de arte y la de diseño. La idea de que el arte produce belleza por la belleza misma puede ser verdadera en algunos casos, pero es limitada y falsa si se la entiende como definición.

El otro es que se entiende al diseño como una capa cosmética, accesoria, que se coloca por encima de la funcionalidad de un producto, cuando en realidad es inseparable de la misma, es una disciplina más, vital, que se funde con las demás y debe respirar con ellas para garantizar la buena salud de un producto.

En el principio era la palabra…

Pero en verdad esos preconceptos vienen un poco de la manera positivista en que fuimos educados para entender al mundo (como un montón de compartimentos estancos en los que las diversas áreas de conocimiento se yuxtaponen sin jamás interconectarse, como en el índice de una enciclopedia); y otro poco de la manera en que durante el siglo de las luces fueron forjándose los conceptos de «arte» y «estética», hasta consolidarse de la manera en que los entendemos hoy. Antes del Iluminismo, difícilmente podríamos pensar al arte como algo autónomo, no ligado a la religión o algún otro fin que lo requiriese como «herramienta» para su concreción. Y desde entonces, la relación del arte con la belleza se hace cada vez más estrecha, al punto de que, desde la modernidad, parecemos pensar que el único fin del arte es ser bello… porque sí.

Antes de esto, la voz latina «ars» (de la que deriva nuestro concepto de arte) significaba lo mismo que la palabra griega de la cuál era una traducción más o menos exacta: «téchne», de la que derivan «técnica» y «tecnología».

Desde la modernidad, parecemos pensar que el único fin del arte es ser bello… porque sí

Considero que es más útil pensar al diseño en este sentido de la palabra arte, en tanto técnica que persigue un objetivo. Esto no significa que haya que abolir las transformaciones históricas que sufrió el concepto desde la modernidad (que de hecho han acuñado grandes logros en orden de instituir al arte como disciplina autónoma), sino más bien incorporarlas dialécticamente.

Y por incorporar me refiero a que tampoco tenemos que volver al significado original de «téchne», porque eso sería decir que miles de años de historia sucedieron en vano. Volver hoy a la idea griega de arte sería mutilar al arte, porque la «téchne» en su sentido estricto no es poiesis: el arte griego no se consideraba creación, si no más bien imitación y método.

Y el diseño no es la mera reproducción de un método si no una transformación creadora. Los métodos, las técnicas, son las herramientas de las que el diseño se vale para conseguir sus resultados, pero el resultado será siempre una novedad: una respuesta específica a un problema específico.

Volver hoy a la idea griega de arte sería mutilar al arte

Todo es uno

No es un error pensar que el diseño es un arte. El problema es que tenemos una visión muy sesgada de lo que el arte realmente es y significa. Y esta visión, mezclada con la (falsa) idea de que la belleza va por un carril separado de la funcionalidad, nos hace pensar muchas veces, en el mundo de la producción, que el diseño es algo inútil o en el mejor de los casos opcional.

Pero no: el diseño es uno de tantos elementos fundamentales de un producto. Participa de su génesis y de su ejecución. En este sentido, es difícil separarlo de la tecnología, ya que un diseño pensado en abstracto es, a lo sumo, un ejercicio. Al momento de diseñar, la tecnología cumple un rol protagónico, porque será el método a través del cual el diseño consumará su existencia.

El diseño es una tranformación creadora

El diseño no existe por fuera de la tecnología: el diseño articula a la tecnología, es el pensamiento sensible que la orienta a su objetivo, que la realiza en un producto y no en mera potencialidad. La forma es inseparable de la función, como pensarían nuestros antepasados de la Bauhaus. Y como dice una regla japonesa: «lo bello es consecuencia de lo correcto».

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