Por qué la programación me hizo una mejor persona

Después de 10 años en el mundo de sistemas, horas desveladas, desafíos extravagantes y pantallas imposibles, la experiencia me deja el recuerdo de personas increíbles.


El legado de haber sido JR

Recuerdo el primer proyecto en el que participé. Si bien era JR en el nuevo mundo de JAVA, (Java 1.5 en aquel entonces) el equipo necesitaba ayuda en cuestiones de maquetación y estilos. Y yo pedía a gritos un desafío.

Así arranqué mi primer proyecto. Había analistas, project manager, developers de todos los seniorities y claro… también había una hermosa cascada. A medida que pasaban los días, el equipo me ayudó a ganar confianza hasta llegar a mi primera tarea de desarrollo. Invertí -si es que se puede llamar inversión- una semana entera para finalizarlo y no lo habría logrado sin la ayuda de mis compañeros.

Hoy, siendo referente de las personas con las que trabajo, intento que los nuevos integrantes generen la confianza que necesitan y encuentren respaldo en el equipo.

El producto como motor

Un equipo está compuesto de personas pero uno lo transforma en distintas cosas: capacidad en story points, costo indirecto del proyecto y riesgos mitigables, todo menos personas que conviven, tienen sentimientos y un objetivo en común.

Uno de mis primeros bug fixing productivos fue de un desarrollo medianamente pequeño. Venía todo bien hasta que se me ocurrió levantar la aplicación con la configuración de la base de datos productiva; el resultado fue el borrado de esquemas, tablas y, obvio, información. Esa misma noche, dos de mis compañeros me ayudaron a arreglar el asunto.

Al conformar un equipo se genera un desafío, la necesidad de crear un producto que satisfaga la necesidad de un cliente (a veces en tiempo récord), o que sea algo que no existe en el mercado. Dadas estas condiciones, las capacidades grupales superan las individuales, las tareas cambian del punto de vista individual al colectivo, no existen límites ni barreras; el aprendizaje es del objetivo cumplido, es una experiencia incomparable.

Cuando el conflicto no es un problema

Pasaron los años y el mundo del desarrollo de software evolucionó. No solo en tecnología increíble, sino que también en conceptos de metodología.

Mis primeros pasos en el mundo de la agilidad dieron un giro de 180 grados en mí percepción del mundo del software y del trabajo en equipo. En un principio, pensaba que éramos un grupo de locos haciendo terapia grupal en lo que llamábamos retrospectivas. También íbamos de reunión en reunión para entender cuáles eran los próximos hitos del proyecto, o cuando tuvimos que entender por qué la estimación en esfuerzo relativo aporta una medición más real de las capacidades.

Sin embargo, el cambio transversal, o la reconfiguración de mi ADN, sucedió en una retrospectiva cuando uno de nuestros compañeros rompió los límites y expuso situaciones laborales y no laborales que le molestaban del equipo.

En ese momento no pude verlo, pero sabía que algo había cambiado. El grupo tomó la apertura de su integrante y la acompañó hasta que pudo resolverla como equipo. En las retrospectivas que le siguieron, aparecieron otros… y otros, hasta que ya no existía problema en expresarse y solucionar los conflictos internos y externos del equipo.

Aquel equipo había logrado algo que no había visto nunca antes, había podido crear un espacio maduro y autocontenido para resolver cualquier problema. Ya no nos preocupaban los desafíos tecnológicos porque sabíamos que íbamos a poder superarlos. Tampoco nos preocupaban los desafíos de tiempo ya que sabíamos que íbamos a estar incluso en las más malas. Creamos además, un espacio en el que cada uno de nosotros sabía cómo complementarse, éramos generadores de sinergia.

Palabras finales

Estoy convencido de que el trabajo que hacemos es cada vez menos formal, matemático, rígido, y pasa a ser un trabajo social. La formación de equipos exitosos, y con ellos la generación de personas efectivas, es un paso necesario para alcanzar cualquier desafío tecnológico. Es más efectivo tener un equipo que pueda sortear cualquier problema que un especialista que no pueda afrontar sus conflictos con el equipo.

Somos personas y tenemos valores compartidos. Incluso, puede que en otro orden, cuando esas mismas personas ponen lo humano sobre lo tecnológico, lo llevan límites insospechados y, además, te hacen una mejor persona.