Expectativas en el Evangelio

Qué hacer cuando todo falla

Eduardo Escobar
Oct 16, 2017 · 5 min read

Somos seres expectantes

Todos hemos experimentado los sentimientos de frustración y fracaso que provocan las expectativas fallidas. Una relación amorosa que se enfría y repite patrones destructivos, un trabajo nuevo que pierde su esplendor y poder, promesas de otros y metas propias que han quedado vacías y sin cumplimiento. Estos sentimientos son comunes a todo ser humano.

Esto sucede porque somos seres expectantes. El ser humano por naturaleza anticipa escenarios, generalmente positivos, sobre personas, relaciones, eventos y lugares. Siempre esperamos algo de todo. Y regularmente deseamos el mejor desenlace. Así somos y seremos.

Todo falla

El problema es que tarde o temprano todo en la vida nos fallará. Inclusive en los mejores escenarios, y de manera no intencional, todo falla. Una pareja nos lastimará. Un sueldo llegará a ser insatisfactorio. Nuestro cuerpo físico se deteriorará. La amistad tendrá ausencias. La familia provocará estrés.

Entonces, ¿qué hacer? nos encontramos en un gran dilema: por un lado, somos seres expectantes, por el otro, todo falla. ¿Sería mejor ir por la vida sin esperar nada de nadie? ¿Es posible? o ¿preferiríamos tener las peores expectativas de la vida? Nadie puede decepcionarme si espero lo peor de ellos, pero ¿qué tipo de vida tendré esperando siempre con pesimismo?

¿Qué hacer?

La verdad es que uno no puede vivir sin expectativas. Si somos honestos con nosotros mismos, constantemente, y de manera inconsciente, nos encontraremos ilusionándonos ante la posibilidad de algo nuevo que nos promete felicidad y satisfacción. Nuestro corazón corre más rápido a abrazar promesas que lo que nuestra mente a detenerlo.

Por otro lado, podríamos tratar de esperar siempre lo peor de todo. Pero qué clase de persona seremos cuando tratemos de enfrentar la vida de está manera. Cómo puedo comenzar una relación amorosa, laboral o de amistad pensando lo peor del otro. Terminaremos aislándonos de todo y todos porque, tarde o temprano, nos fallarán.

Ante esto, muchos intentan un positivismo casi mágico. Deciden, en contra de todo sentido común, esperar siempre lo mejor de todo. Tratan se sacar fuerza y energía de dentro de sí mismos para enfrentar la vida. El problema es que no es posible hacerlo por mucho tiempo. Es colocar los pies dentro de una bandeja y tratar de hacerlo flotar tirando con las manos. El positivismo mágico es cansado.

Expectativas en el Evangelio

El cristianismo provee de una mejor alternativa ante la realidad de nuestro corazón expectante y la vida que falla: expectativas en el Evangelio.

La cosmovisión bíblica de la vida nos provee de dos verdades que explican esta condición, y nos da una tercera que la resuelve. En primer lugar, fuimos creados para una existencia plena en una realidad satisfactoria. En segundo lugar, dicho mundo se rompió y de ahí proviene toda la frustración. Por último, Dios ha provisto de una solución a este dilema en Cristo.

1. Dios creó todo bueno

Dios miró todo lo que había hecho,
y consideró que era muy bueno. Génesis 1:31

Dios creó todo bueno. Nuestro corazón fue echo para encajar perfectamente como pieza en el resto del rompecabezas del universo. Las expectativas de nuestro corazón son un recordatorio de como el mundo debió ser. Fuimos creados para todo aquello que deseamos: amor, paz, placer, felicidad.

2. Rompimos el mundo

La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. Génesis 3:6

Desde la perspectiva bíblica de la vida, sabemos que todo falla. Esto es lógico pues vivimos en un mundo caído. Como humanidad hemos dado la espalda a Dios y, como resultado, la realidad como la conocemos está descompuesta. Nuestras expectativas nacen de no estar en el mundo como se pretendió que fuera. Todo falla porque la condición actual de la realidad está rota.

3. Buenas noticias

Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió. Génesis 3:21

Inmediatamente después de nuestra falta y ruptura del mundo, Dios provee de gracia. A lo largo de la Biblia vemos promesas de como todas nuestras expectativas serán más que satisfechas. En el centro de la Escritura se encuentra Cristo, Dios en el mundo para remediar el problema del pecado. En Él se nos promete que todas nuestras expectativas serán satisfechas.

Todas nuestras expectativas están satisfechas en Cristo

Estando en Cristo, con arrepentimiento y fe, Él viene a ser la encarnación del cumplimiento de cada uno de nuestros deseos. Él viene a ser felicidad, paz, amor, y plenitud de todo anhelo humano.

Anhelas ser amado de manera plena, mira a Cristo. Deseas la amistad íntima y profunda, voltea hacia Él. Quieres perdón, paz y esperanza, contempla a Jesús.

Cuando a un ser humano se le es concedida la visión espiritual de la gloria de Cristo, mira hacia atrás a su propia vida y cae en cuenta el porqué de tantas frustraciones: sus expectativas estaban puestas en aquello que no puede satisfacer.

Pero ahora, la grandeza de Jesús viene a satisfacer cada rincón del corazón humano. Todas las necesidades espirituales del hombre y la mujer son saciadas hasta rebalsar. Es imposible ver a Cristo y tener expectativas insatisfechas. Todo lo que siempre has esperado lo encuentras en Él.

Nuestras expectativas bajo nuestra esperanza

Sin embargo, nuestra visión de Cristo aún es parcial. Un día lo contemplaremos plenamente, pero ahora no es así. Y en lo que ese día llega, debemos tener expectativas en el Evangelio realistas para un mundo caído.

No podemos esperar que aquello que no es Dios nos de lo que sólo Él puede dar. Nuestras relaciones humanas, aún las mejores, nos ofrecen un amor incompleto que en ocasiones fallará. Las circunstancias de la vida son una mezcla entre fracasos y éxitos. Un trabajo tendrá momentos gloriosos y fastidiosos. Nuestro propio corazón combina las verdades de Dios con mentiras que nos agobian. Pero esto es soportable en Cristo, porque la promesa del cumplimiento de todo anhelo.

Tener nuestras expectativas en el Evangelio es colocarlas bajo la esperanza de satisfacción plena en Cristo. Si en Cristo cada expectativa será satisfecha, puedo sobrellevar con esperanza las decepciones de esta vida.


Eduardo Escobar es pastor y fundador de Iglesia Presbiteriana Vida en Durango, Mexico. Es alumno del programa Intensivo Internacional de Redeemer City to City en 2015. Sigue su blog KARDIA y su Instagram.

Eduardo Escobar

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