El término «Gracia» y su uso en la Biblia.

Soteriología, rama de la teología que estudia la salvación.

En las Escrituras la palabra «gracia» no tiene siempre el mismo sentido, sino que posee una variedad de significados. Podemos encontrar en el Antiguo Testamento que la palabra chen de la raíz chanan denota plenitud de gracia o de belleza (Prov. 22:11; 31:30), pero por lo general la más de las veces significa favor o buena voluntad. La gracia no es una cualidad abstracta, sino más bien una activa, un principio vivo que se pone en evidencia en actos de benevolencia, puesto que «hallar gracia», como repetidas veces aparece en el Antiguo testamento, significa «hallar el favor» en los ojos de Dios o del hombre (Gén 6: 8; 19: 19; 33: 15; Ex 33: 12; 34: 9; 1 Sam 1: 18; 27: 5; Ester 2: 7). En el Nuevo Testamento la idea fundamental se mantiene, las bendiciones concedidas por gracia se las proporciona en forma gratuita y no en consideración a algún derecho o mérito. La palabra charis, de chairein significa regocijarse y hace entender una agradable apariencia externa como amabilidad, agrado o aceptación y lo vemos en Luc. 4: 22; Col. 4: 6. No obstante, un significado más notable de la palabra es el favor o buena voluntad (Luc. 1: 30; 2: 40, 52; Hech. 2: 47; 7: 46; 24: 27; 25: 9), el favor y la buena voluntad de nuestro Señor, o el favor manifestado o proporcionado por Dios.

La palabra «gracia» es tan hermosa que manifiesta la emoción provocada en el corazón de aquel que recibe un favor tan grande, de este modo adquiere también el significado de «gratitud» o «agradecimiento» (Luc. 4: 22; 1 Cor. 10: 30; 15: 57; 2 Cor. 2: 14; 8: 16; 1 Tim. 1: 12). Sin embargo, la palabra charis denota, en la mayor parte de los pasajes del Nuevo Testamento, la acción inmerecida de Dios en el corazón del hombre obrada mediante el Espíritu Santo.

Se puede aprender tanto de la traducción y el sentido de la palabra, la podemos ver como una cualidad grandiosa con un significado inmenso, pero más allá de todo lo que podamos expresar aquí, es la comunicación activa de las bendiciones divinas mediante el trabajo interno del Espíritu Santo procedentes de la plenitud de Aquel que está “lleno de gracia y de verdad”, Rom. 3: 24; 5: 2, 15, 17, 20; 6: 1; I Cor. 1: 4; 2 Cor. 6: 1; 8: 9; Ef. 1: 7; 2: 5, 8; 3: 7; 2 Ped. 3: 7; 5: 12.