La adopción, regeneración, herencia y derecho del creyente.

Justificación por fe en Cristo.

La premisa es «el creyente es hijo de Dios por adopción». Por ello, vemos que no es hijo de Dios por naturaleza, ningún padre puede adoptar a sus propios hijos. Este acto de misericordia por parte de Dios, es un acto legal que pone al pecador en un status de hijo. En Rom. 8: 15 se usa el término huiothesia (de huios y tithenai) que literalmente significa «ser colocado como hijo» y el siguiente versículo contiene la palabra tekna de tikto que quiere decir «engendrar», la cual indica una regeneración, un nuevo nacimiento, por tanto, Juan 1: 12; Rom. 8: 15 y 16; Gál. 3: 26, 27; 4: 5, 6 mencionan que no solo somos adoptados para ser hijos de Dios, sino para ser nacidos de Él, una obra completa. En Juan 1: 12 está activa la idea de la adopción, con las siguientes palabras: “Pero a todos los que le recibieron les dio el derecho (exousian edoken) de ser hechos hijos de Dios”. La expresión griega que aquí se usa significa «conceder derecho legal» y en seguida el versículo 13, el autor menciona la regeneración mediante la voluntad exclusiva de Dios. Ahora, la relación entre adopción y ser engendrado por Dios (regenerado) se expresa con más claridad en Gál 4:5, 6 “para que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!”. Vemos que el Espíritu Santo nos regenera, no hace nacer de nuevo, nos santifica e impulsa hacia la búsqueda constante de Dios, sin miedos y con confianza, como un hijo a su padre.

Siendo hijos, la vida eterna es un derecho.

Cuando el pecador es adoptado se inviste del derecho legal a la herencia del Padre (Rom. 8:7). Esto denota que el creyente es heredero a todas las bendiciones, pero no con relevancia material como en la actualidad pretenden exaltar, sino de las bendiciones de la salvación y sobretodo de la más importante promesa: la del Espíritu (Gál. 3: 14), esto nos lleva a hacer énfasis en Gálatas 4: 6 “el Espíritu de su Hijo”, consiguiente a esto recibimos los dones espirituales.

Ser adoptados y redimidos no nos exime del dolor y la tribulación, por ello, la herencia a la cual el creyente accede va más allá de la vida temporal, tiene un objetivo futuro y eterno. La gloria de la cual habla Pablo en Rom. 8: 17 sigue después de los sufrimientos del tiempo presente. Según Rom. 8: 23 la redención del cuerpo que en ese pasaje se llama “la adopción”, pertenece también a la herencia futura. Romanos 8:29 nos expresa la inherencia entre la glorificación con la justificación, entonces, siendo el creyente justificado por la fe, somos herederos de la vida eterna.