¿Hay lugar para la verdad en el circo del marketing digital?



Hace unos días leía un artículo de Jason Calacanis (@Jason) titulado “Is there a place for the truth in journalism today?”, en él hablaba sobre las dificultades que tiene hoy en día el verdadero periodismo para competir con el sensacionalismo y la urgencia por conseguir más y mejores anunciantes.

Estos dos párrafos resumen bastante bien su idea argumentación:

Publications that do a thorough job as journalists are punished by having link-baiting, traffic-whoring, venture-backed brands reblog their content with an emphasis on spinning the truth! So, if you spend $10,000 on an exceptional story you can fully expect Business Insider will break it into 10+ blog posts which do not match the truth, getting them 100x the traffic you did for 1% of the cost.
Extreme voices drive more traffic than reasonable ones, so journalists who want to tell the truth won’t do well in our perverted ecosystem. By featuring extreme voices, the world’s problems — be they climate change, radicalized religions, gun control, or equality — are perceived as unsolvable by the public.

Si esto es así — y creo que sí lo es — , el periodismo tiene un futuro bastante difícil.

Pero no es un problema que afecta solamente al periodismo. O, al menos, eso me dice esa necesidad que muchos tenemos de llevar cualquier cosa a nuestro terreno.

Link-baiting, tráfico, mentira, sensacionalismo, controversia, plagio, hipérbole… Todos estos son síntomas que también se dan en el sector del marketing digital.


¿Cuál es nuestra responsabilidad?


Cómo profesionales, creo que tenemos la responsabilidad de informar y educar. O, al menos, de NO des-informar y des-educar.

Tengo claro que hay veces que es muy difícil de conseguir cuando tenemos que competir contra un traficante que suministra drogas baratas, pero estoy cansado de ver cómo muchas personas creen en estos traficantes e intentan montar negocios en base a las mentiras que les cuentan.

Estoy cansado de ver como muchas personas se estrellan y pierden la fe — ¡y el dinero! — .

Estoy cansado de que me comparen con uno de esos traficantes.

Tenemos que decidir si estamos del lado de periodistas y profesores, que intentan informar y educar, o si estamos en el mismo negocio que “Sálvame” (sí, el programa de televisión), el del entretenimiento desinformado y dañino.

No sirve escudarse en el “es lo que la gente quiere” y empezar a servir checklists, best practices, frases rimbombantes y vacías, verdades absolutas sacadas de algún libro…

Nuestros clientes no siempre tienen la razón.

No somos camareros que sirven lo que “la gente” les pide.

Somos médicos y tenemos la obligación de recetar a nuestros pacientes lo que realmente necesitan.

Desde luego el marketing y los negocios no siempre se parecen a las matemáticas, hay muchas maneras de plantear y resolver un mismo problema. No es de eso de lo que me quejo.

Compartir tu opinión y escuchar las opiniones de otros es algo deseable y necesario. Leo libros y blogs precisamente por eso, asisto a charlas y escucho podcast precisamente por eso, entro en Twitter varias veces al día precisamente por eso.

El problema es que no siempre y no todos nos hacemos responsables de lo que decimos en esos libros, blogs, charlas, podcasts o tweets. El problema es que muchas veces nos olvidamos de las personas que nos escuchan o nos leen, y lo que pueden llegar a hacer con la información que les proporcionamos.

Ese es el problema.

Sí. Seguro que todo puede parecer idealista, inocente, ingenuo, idiota…

Lo sé y no me importa.

Desde luego no soy periodista, ni profesor, ni médico. Son profesiones en las que creo y a las que respeto demasiado como para fingir que sé de lo que hablo. Pero, en mi opinión, son mejor ejemplo a seguir que los programas de cotilleos.


¿Realmente somos todos responsables?


Sí. Absolutamente. Sin ninguna duda.

Creo que es responsabilidad de todos y cada uno de los profesionales del sector.

De una u otra manera. Quizá no por acción pero probablemente sí por omisión.

Pero hoy y aquí no voy a hablar por otros, solo me voy a responsabilizar a mí mismo.

Así que, damas y caballeros, ahí va mi confesión:


YO SOY RESPONSABLE de convivir en silencio con todos los traficantes del sector del marketing digital: veo cómo intoxican mi sector a cambio del dinero fácil o de placebo para su maltrecho ego, pero no hago absolutamente nada al respecto — salvo, quizá, esconderme debajo de la sábana y enfadarme como un niño — .

YO SOY RESPONSABLE de las personas que malgastan tiempo y dinero porque nadie les dijo que había otra manera; soy responsable de las personas que no se dan cuenta de que tienen un problema y de las que buscan soluciones a problemas que no tienen; soy responsable de no llamar mentiroso a quien es evidente que está mintiendo.


¿Qué vamos a hacer al respecto?


Creo que el sector del marketing digital tiene un grave problema de credibilidad y que, de una manera u otra, yo contribuyo a él.

Ya estoy cansado de esconderme debajo de la sábana y lloriquear como un niño, prefiero ponerme del lado de los que seguro que van a perder y ayudarles a ganar aunque solo sea una batalla.

Se supone que los adultos nos debemos hacernos responsables de nuestros actos.

Y he decidido que voy a intentar hacer algo al respecto.


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