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¿Cómo sería el mundo si no existiera Google?

Googlear ya es considerado un sinónimo de buscar información, pero esa apropiación simboliza la centralidad de la web y el desconocimiento de otras alternativas.

Ilustración: Protoespinazo Producciones

Por Mercedes Muñoz

La interrogante surgió — un poco en serio, un poco en broma — como introducción de una clase. Pero esta es una idea recurrente cuando hablo con los amigos; y me vuelve a la mente por las connotaciones implícitas en las posibles respuestas.

Desde la perspectiva del gigante de las comunicaciones, este cuestionamiento es un sinsentido. A pesar de eso, Ashish Kedia, ingeniero de software de Google, en 2017 relató, a través de la página Quora, el hipotético caso de que el mundo estuviera sin la plataforma alrededor de 30 minutos.

Para el ingeniero, la primera reacción por parte de las personas sería verificar su conexión, fallos en el hardware y el sistema operativo, o culpar a Etecsa (en el caso cubano). Tras esos instantes de incredulidad, se convencerían con el colapso de Gmail o la inutilidad del sistema Android, y las redes sociales inundadas con la Página de error 404.

Solo entonces, destacó el ingeniero, la gente buscará alternativas en otros servidores, que probablemente no conozcan, como Yahoo, Bing y DuckDuckGo. Tiempo después comenzarán a pensar en la dependencia generada por Google.

Principios y marcas del dominio

Al respecto, el periodista y catedrático Ignacio Ramonet en el IX Encuentro Internacional de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación (ICOM 2017), señaló cómo Internet se ha centralizado y al emplearla dependemos de Google, «la primera empresa de capitalización bursátil del mundo, que regala su motor de búsqueda, y luego negocia vendiéndonos a los anunciantes».

El oligopolio de Mountain View ha estado en problemas desde 2013, cuando Edward Snowden develó el acceso de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) a datos privados de los clientes, incluso, mandatarios extranjeros. A pesar de eso, sortear conflictos es parte de su ADN; de la historia llena de saltos casuales/causales luego de la fundación de Google Inc., en septiembre de 1998.

Su principal producto, aún hoy, es el buscador. Sin que esto suponga restar importancia a otros servicios e innovaciones; como la creación de PageRank, cuyos algoritmos aumentan su capacidad para prever el futuro comportamiento de los usuarios y aumentar la eficiencia en su función primaria de ser una vía de lanzamiento hacia otras webs.

Otro elemento nada despreciable son sus inversiones; entre ellas la compra de Blogger, Picasa, YouTube y Android. Estas adquisiciones rompen con aquella lógica fundacional: nos invitan a quedarnos dentro del territorio Google con el impacto cultural, político y social que la concentración y manejo de tantas plataformas e información, conlleva.

Desde el punto de vista político, la presión de corporaciones digitales como esta sobre los actores de poder, y viceversa, pueden enrumbar las estrategias sociotecnológicas (geopolíticas a la vez) en función de sus necesidades. En el ámbito cultural influye en la diversidad de opiniones y limita la representación de todas las voces en Internet a partir de sus algoritmos para posicionar información.

Sin embargo, como apunta el teórico de la comunicación Carlos Alberto Scolari, al referirse a la guerra entre plataformas, en estas circunstancias «lo más productivo es comprender cómo funcionan estos espacios y activar otros espacios o usos dentro (y fuera) de ellos».

Desaparición de Google a debate

A mediados de agosto de 2013, el servidor sufrió una ligera avería. Bastaron cinco minutos para reducir el tráfico total de Internet en un 40 por ciento, según registró entonces la compañía de análisis web GoSquared. En enero de 2014 el suceso se repitió debido a una sobrecarga en los centros de datos de Europa, y volvió a ocurrir en 2016 y 2019.

Estos fallos en el servicio han generado debate entre seguidores y detractores de la plataforma. Los más ‘apocalípticos’ creen que nos quedaríamos sin un buscador «preocupado por los usuarios» y estaríamos saturados de anuncios. Para otros, Google es lo mejor que le pasó a nuestra generación, «incapaz de resistir su ausencia».

No obstante, este texto no es para hacerse eco de las nomofobias de algunos ni pretende, en su lugar, diseñar una vida sin Google. La idea es compartir algunas alternativas para la búsqueda y recuperación de información.

Otros buscadores y metabuscadores

Existen decenas de buscadores directos a bases de datos. Además, por otro lado, están los metabuscadores, una especie de listas referenciales hacia donde se reenvían los resultados de las consultas desde múltiples bases al mismo tiempo.

A la competencia con Google han sobrevivido, por ejemplo, Bing (propiedad de Microsoft y también envuelto en escándalos por violación de la privacidad), Ask o Yandex (de producción rusa). Asimismo, surgieron otros con perspectivas propias y, en su mayoría, especializados por idiomas, temáticas, regiones… para competir por la preferencia de sus segmentos de usuarios meta.

En China, donde no es accesible Google, existe Baidu; un buscador restringido que responde a sus tradiciones culturales, condiciones sociales, históricas y políticas. Dentro de su zona geográfica le da batalla a las grandes corporaciones de occidente; más aún tras superar el estereotipo de ‘copia china’ impuesto a casi cualquier producto de esa nación.

DuckDuckGo, por su parte, no guarda los datos de las búsquedas e impide a las aplicaciones externas rastrear la ubicación del dispositivo. Aunque tiene publicidad solo permite que se muestre un anuncio por página. Por su aceptación, ya aparece como una variante a elegir en Safari y otros navegadores.

Gibiru es otra opción atractiva, pues muestra las páginas habitualmente censuradas por el resto de los motores. Mientras la privacidad del usuario se resguarda con el empleo de un proxy anónimo.

Si tu interés se acerca más a la inteligencia artificial, la minería y almacenamiento de datos o la lingüística computacional, es Factbites el sitio indicado. Entre sus características distintivas está el interés en el análisis de contenido más allá de la popularidad del enlace, eso aumenta la conformidad de académicos y estudiantes.

Entre los metabuscadores más recomendables encontramos a MetaGer, Zapmeta, SearX y Startpage. Estas herramientas seleccionan la información desde las bases de datos de Google, Bing, Yandex u otras más específicas con materiales científicos o tecnológicos. Además ignoran nuestros hábitos de búsqueda; lo cual puede ser incómodo, pero es una ventaja si deseamos un rastreo desprejuiciado de los datos.

Aunque estas plataformas tampoco están libres de polvo y paja, proponen un acercamiento diferente a la información. Los metabuscadores y otros espacios por analizar, como las bibliotecas digitales, dan la opción de entrar a una especie de deep web, donde hallar contenido más útiles y específicos cuando realizamos investigaciones con fines científicos.

Esta no es para nada una guía exhaustiva y los cuestionamientos derivados de la pregunta inicial pueden motivar y merecer estudios más profundos. En cualquier caso, tus comentarios son también válidos para enriquecer el debate en torno a ¿Qué haríamos…? ¿Qué sería del mundo si no existiera Google?

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