Omphalotus olearius

Al final me harté y decidí preparar la cena: freí un poquito de cebolla, partí en taquitos la docena de omphalotus olearius para echarlos en la sartén, una pizca de sal y huevo batido. Lo puse en un plato y dije a Laura: “Cariño, tu cena está lista. He hecho revuelto de setas”. “¿Cenarás conmigo?”, me preguntó. “No amor, no me encuentro muy bien y llevo quince días cenando setas. Esta vez te toca a ti”, respondí. Cuatro horas más tarde, mi mujer estaba echando la vida por la boca mientras estaba sentada en la taza del wáter.

Efectivamente, una intoxicación de Omophalotus olearius, más conocida como seta del olivo, produce vómitos, diarrea y dolor abdominal. Tiene cura si se acude rápidamente al hospital, pero yo dejé que Laura muriese en el baño de nuestra casa.

Como he dicho, estaba harto: llevaba quince días comiendo hongos. A mi mujer le dio por las setas. Para comer, para cenar, casi hasta para desayunar. Con huevo, acompañando a la merluza, al filete de ternera y a la arroz. Ella me miraba ávidamente mientras almorzaba día tras día las setas. Esperaba algo. Ahora ya lo sé: quería que me intoxicase y… mi muerte. Pero durante quince días no pasó nada. Mi querida mujer había confundido la seta del olivo, de color amarillo anaranjado, de hasta diez centímetros de diámetro y que puede encontrarse a los pies de robles, castaños y olivos, con la Cantharellus cibarius. También de color amarillo anaranjado, de hasta diez centímetros de diámetro y que puede recogerse junto a robles, castaños y olivos. ¡Ah! Pero con un pequeño matiz que puede hacer cambiar la historia: es comestible y, por tanto, te permite vivir.

Mi querida Laura cocinó durante dos semanas seguidas la cantharellus esperando verme morir. Ella sabrá por qué. Yo, en cambio, lo hice por hartazgo, para decirle “es que eres tonta, mira que confundir las setas”. Así que después de tanto hongo, sospeché. Sí, sin más, sospeché. Al decimo sexto día cociné yo. Ella se comió las setas y no paró de vomitar. “Que, Laura, ¿estaban buenas las setas?”, y le guiñé un ojo. La intoxicación seguía su curso.

Si metes un trozo del sombrero de la seta en amoníaco, esté se volverá verde. Y esto es lo que diferencia a la Omphaletus olearius de la Cantharellus comestible. Claramente, después de quince días comiendo setas, empiezas a sospechar y tomas precauciones.