Ruleta Rusa

Ilustración: Manu Gey ( @ManuGey); Oleo

– Marta, amor mío, despierta. ¡Despierta!

– ¿Cariño? ¿Qué pasa?– Dice ella con voz adormilada.

– Levanta. Tranquila…

–Son las cinco de la madrugada…

–Cariño, no grites, pero han entrado en casa– le susurra al oído mientras le tapa la boca con la mano derecha, apretando. –Hay un hombre en la puerta y nos apunta con una pistola.

Ella abre los ojos y amaga un grito, amortiguado por la mano.

–Ahora levántate despacio, no hagas ninguna tontería. Ponte la bata y bajemos al comedor.

–Vamos, que es para hoy, joder, no tengo toda la noche– brama la sombra de la puerta.

–Cógeme la mano Marta, no llores…

–Tengo miedo Jorge– dice ella saltando la maraña de tela blanca del suelo.

– No pasará nada, confía en mí.

Bajan las escaleras despacio. La sombra les espera, apuntando con el reflejo de la pistola en los ojos, soltando carcajadas sonoras ante uno de sus intentos de cubrirse los ojos adormecidos.

–Sentaros en la mesa del comedor, uno a cada lado. No hagáis ninguna tontería o disparo.

–No te preocupes, haremos lo que nos digas… ¿Qué quieres? ¿Joyas? ¿Dinero?…

–Quiero proponeros un juego — les dice avanzando hacia ellos desde el umbral de la puerta.

– ¿Que broma es está? –Dice Marta con una vocecilla histérica. Arquea las cejas una ligera mueca de sorpresa cuando la cara del asaltante se dibuja.

– ¿Broma? Ninguna… es sólo que hoy me siento generoso y no voy a mataros como tenía pensado en un principio… Me habéis caído bien — contesta mientras saca del cinturón otra pistola.

– ¿Para qué es esa otra pistola?

–Dame un segundo, que os lo explique– dice arrastrando las palabras. Se sienta en el cabecero de la mesa, delante de la puerta, y deja el revólver brillante encima. Les apunta con la otra pistola. Sus manos son nudosas, llena de heridas. Su pelo rubio brilla bajo la lámpara. Guarda silencio. Les atraviesa con sus ojos negros.

–Jugaremos a la ruleta rusa. Los tres. Es mi regalo por ser vuestra noche de bodas– suelta otra carcajada sonora que retumba por la habitación silenciosa.- Ocho oportunidades, una bala…

Los grillos chillan aúllan dentro de la habitación.

– ¡Vamos a jugar!

– ¡Estás loco!

–Marta, cariño, no solloces — dice Jorge mientras lanza una mirada de odio. — ¿Y qué pasa si nos negamos?

– Si os negáis a jugar… ¡Bang! –dice apuntando a Jorge. Luego mueve la pistola hacia Marta–y… ¡Bang!

– ¿Por qué coño haces esto? Menuda puta broma. Como sea una cámara oculta o alguna mierda te vas a enterar, ¡hijo de…!

¡BANG! Varios trozos de cristal salen despedidos al otro lado del salón. Tras el sonido del disparo sólo los grillos cantan al otro lado de la ventana, acompañados por los sollozos contenidos de Marta.

–No estoy de broma…Tu turno, llorona.

–No, no…

–Tic tac tic tac. Vamos… ¡Rápido!

Clack

– Ves… es fácil. Y no ha pasado nada. Al final se le coge el gusto a esto. No es solo el dinero, o la vida, es… ¡la adrenalina!

–Estás pirado.

– ¡Calla! No me interrumpas. Seguro que es lo más emocionante que habéis hecho en vuestra vida. Tu turno, ojitos. Ya ves que a tu mujer no le ha pasado nada. ¿Serás tú?

Las manos de Jorge tiemblan al coger la pistola. Se la acerca a la sien despacio. Los grillos continúan con sus chillidos en la calle.

– ¿A que es emocionante el subidón de adrenalina que tienes ahora? ¿Lo mejor que has sentido en tu vida?…Oh, vamos, ahora no me dirás que te has medado… –suelta varias carcajadas mientras se inclina para mirar al suelo del lado derecho. — ¿Delante de tu mujecita? ¿Qué va a pensar de ti?

Los sollozos de Marta aumentan de volumen.

–A callar, ¡joder! Que te vas a deshidratar. Y tú, vamos, que no es tan difícil. A-p-r-i-e-t-a-e-l-g-a-t-i-ll-o.

Clack

–Mi turno… Mira que fácil.

Clack

–Cuando has estado en la guerra y has mirado a la muerte a la cara, estas cosas no dan miedo. El miedo es para los cobardes. Los que no saben vivir. Llorona, te toca.

–No quiero. No quiero…

–Vamos cariño. No pasará nada. Todo va a salir bien. Se fuerte. Cierra los ojos… Vamos. Tu puedes… te quiero.

–Que cosas tan bonitas os decís tortolitos. Se os ve taaaan enamorados. ¡Vamos!

Clack

–Ves. Vamos Marta, me toca.

–No quiero que lo hagas. No. No. No.

–Venga, dame la pistola. Muy bien. Ya sabes que te quiero.

–Yo también te quiero Jorge.

–Esas cosas se dicen siempre, pero seguro que te la está pegando con otro. Sois todas unas putas. ¡A qué coño esperas! ¿O vas a volver a mearte? — suelta varias carcajadas.

Clack

–Muy bien... Estáis jugando realmente bien. Sois unos buenos participantes. Hemos llegado a la recta final. Otros no han llegado tan lejos. Suelo disparar a alguno, o a ambos, antes por intentar ir de listos, pero vosotros lo habéis entendido bien. Sabía que podría confi…

BANG

Su cabeza estalla en muchos pedazos. Trocitos rojos vuelan como confeti por los aires salpicando techos, ventanas y cortinas blancas. Los chillidos histéricos de Marta lo inundan todo mientras Jorge llora en su silla.

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