La embestida del imperio

La historia se repite. El proceso bolivariano vive hoy los constantes ataques por parte de los partidos políticos de la derecha, y distintos sectores de la burguesía nacional y transnacional.

Este 12 de febrero se volvió a gestar otro intento de golpe de estado. Un año atrás comenzaban las llamadas guarimbas, una de las tantas estrategias de desestabilización que buscan generar un clima de ingobernabilidad. En este último año la estrategia de la generación de “escasez” de productos básicos en el mercado promueve las acusaciones de la derecha venezolana quienes argumentan que los controles en el acceso a las divisas, y el control de cambios y de precios son la causa de la deficiencia productiva del país.

En este contexto, la decisión del presidente Obama de decretar la ” emergencia nacional con respecto a la amenaza inusual y extraordinaria de la seguridad y política exterior de Estados Unidos planteada por la situación de Venezuela”, confirma e intenta dar marco a la decisión de su gobierno de traer la guerra a América del Sur.

Así, en nuestro continente se pretenden hacer lo mismo que hicieron en Medio Oriente con las invasiones a Libia e Irak y con la guerra contra Siria. Lo mismo que hicieron en Asia Central con el golpe de Estado propiciado en Ucrania.

Históricamente las acciones golpistas de la derecha, no responden a conflictos internos, sino al libreto de un imperio extranjero que ha decidido aliviar su crisis asegurando un férreo control de lo que consideran “su patio trasero”, apoderándose de las mayores reservas de petróleo del mundo.

En Venezuela, lo que no pudieron conseguir por la vía electoral o generando grandes tensiones sociales y saqueos para habilitar un golpe de Estado, lo van a intentar por la acción directa, sin máscaras.

El pueblo venezolano los derrotó 18 veces en las urnas y volverá a hacerlo en las elecciones de diciembre, para elegir diputadxs para la Asamblea Nacional. La oposición tiene el año próximo el recurso constitucional de sacar al Presidente por un Plebiscito Revocatorio, pero no puede apelar a él porque será derrotada. Padeciendo escasez, especulación, subas desproporcionadas de precios, el pueblo venezolano no se plegó a las protestas opositoras. En su última movilización en Caracas no llegó a reunir a más de mil personas. Internamente, la derecha golpista vive el momento de su mayor aislamiento político y desprestigio.

Las Fuerzas Armadas han demostrado una gran coherencia y unidad interna. El último intento golpista apenas involucró a un general y un puñado de oficiales de la aviación y fue desarticulado por la propia inteligencia militar.

Como afirmó el Presidente Maduro, “pocos gobiernos del mundo aguantarían las arremetidas de los últimos 16 años (…) arremetida mediática mundial, arremetida mediática nacional” que ha soportado su Gobierno constitucional”.

Sus límites para avanzar sobre Venezuela son los avances del pueblo venezolano organizado, con presencia contante en la calle ante cada arremetida de las fuerzas capitalistas. Las decisiones del presidente Nicolás Maduro de fortalecer el desarrollo del Estado Comunal, generan mayores niveles de legitimidad y colocan al pueblo como responsable real de la lucha por poder gestar lo nuevo.

Scalabrini Ortiz dijo algo así como que “en momentos aciagos la dignidad de un pueblo es llevada sobre la espaldas de pocos hombres”. A principios del siglo XXI ha correspondido a Venezuela llevar esa carga, no sólo resistiendo al imperio hegemónico, sino proponiendo un modelo civilizatorio que puede reproducirse.

No se trata entonces sólo del petróleo, se trata principalmente del ejemplo.

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