La inversión extranjera en Argentina ¿Un nuevo cuento CHINO?

El kirchnerismo ha hecho gala de una gran capacidad para presentar bajo un discurso nacionalista de alto vuelo las más grandes cesiones de soberanía popular y de autonomía económica. Así sucedió con el llamado “desendeudamiento”, que nos ha hecho pagar casi 200 mil millones de dólares en una década y seguir debiendo lo mismo o más. Luego, la promesa de una política económica permitiría el renacimiento de la mítica burguesía nacional, pero que sólo ha fortalecido a las grandes transnacionales que saquean el país y controlan todas las ramas de la producción (desde la producción de alimentos hasta la producción de automóviles, desde celulares a lácteos). Más recientemente, en el marco de la crisis transicional del proyecto neodesarrollista (crisis externa, crisis ferroviaria, crisis energética, etc.) el gobierno ha apelado a una política de “asociación” con capitales transnacionales con el discurso de recuperar “la soberanía energética”. Esto se tradujo en la práctica, en el acuerdo de YPF con la norteamericana Chevron, o con la china Sinopec y en el caso de “los ferrocarriles”, en la compra de material rodante a China.

¿Nuevas relaciones carnales con China?

Sin ponerse colorados, recientemente, el gobierno argentino suscribió un amplio acuerdo con la República Popular China, ya ratificado por el Congreso, para promover inversiones en infraestructura, energía y otras áreas. A cambio, se recibirá financiamiento para el déficit externo (el llamado ‘canje de monedas’ -swap- con el Banco Central, crédito para financiar compra de insumos chinos para las obras) y garantías de mercado para las exportaciones primarias de las grandes empresas exportadoras (transnacionales) de Argentina a China. La Presidenta presentó este último arreglo como algo maravilloso, altamente beneficioso para el país y -no menor- expresión de un realismo político sin parangón. Cuestionar el acuerdo sería, según Cristina, ser ni más ni menos que un “colonizado mental” o “subordinado mentalmente”. Poner en discusión la relación con China sería, según el gobierno, el resultado de una mirada subordinada al más tradicional imperialismo norteamericano o europeo. Rechazar este acuerdo implicaría estar rescatando las relaciones “carnales” con los Estados Unidos. ¿Pues qué problema puede haber con aquellos (los capitales chinos) que “nos vienen a ofrecer inversiones”? Preguntamos: ¿no son estas las nuevas “relaciones carnales”?

La Argentina ha ocupado históricamente un lugar periférico y dependiente en la economía mundial. En sus inicios esa posición periférica remitía a la dependencia con la colonia española. Luego de la independencia formal en 1810, cambiamos de perro pero no de collar: la dependencia pasó a centralizarse en Inglaterra y luego, ya en el siglo XX, en los Estados Unidos. En los ochenta y noventa, Brasil comenzó a ocupar un lugar -secundario- como nueva potencial sub-imperial en la región. En la última década, China ha comenzado a tomar la posta, convirtiéndose ya en una importante potencia sub-imperialista en el sur global.

Detrás de este proceso histórico de la dependencia argentina, ha estado siempre las burguesía local (ayer los Anchorena, los Martínez de Hoz y los Álzaga; hoy los Roggio, los Macri, los Burlgheroni y los Rocca, entre otrxs). Estos sectores han estado dispuestos, en todo momento, a ser los actores de reparto de una trama que ha permitido la expoliación de nuestras riquezas naturales y la superexplotación del trabajo de nuestro pueblo con el solo fin de maximizar los beneficios de los grandes capitales en el mundo.

Ser periférico y dependiente no es una condición natural, es una decisión política. El acuerdo con China, por ejemplo, es la decisión de un gobierno de ubicar al país como proveedor de materias primas (minerales, petróleo, soja) y algunas manufacturas de esos productos (como aceites o harinas), mientras que aquel país se convierte en un creciente proveedor de manufacturas industriales de alto nivel de elaboración.

¿Qué tienen de malo estos acuerdos con el capital extranjero, sea Chino, Estadounidense, Europeo o Brasilero? Por un lado, cada vez más territorio es cedido a empresas extranjeras para realizar la explotación de nuestras riquezas naturales con el solo fin de su exportación. Para citar un ejemplo, casi la totalidad del oro extraído en el país se exporta. En el caso de la producción agropecuaria, el crecimiento de la producción para la exportación desplaza a la producción para el mercado local de alimentos (trigo, maíz, carne, hortalizas), haciéndolos más caros. En concreto, casi la totalidad de la soja producida se vende al exterior, y dos tercios de la tierra cultivable se destina a la producción de este cereal transgénico. Por supuesto, los efectos negativos sociales, ambientales y económicos de estas producciones los paga nuestro pueblo con enfermedades, inundaciones, contaminación de la Madre Tierra, y destrucción y desplazamiento de comunidades.

Por otro lado, este tipo de acuerdos hace que la única producción industrial posible en el país sea la “armaduría” de manufacturas (como en el caso de los automóviles o celulares, con subsidios públicos monumentales) o algunas manufacturas de productos primarios para la exportación. Este tipo de producción industrial es dominada por las grandes multinacionales. Los acuerdos firmados bloquean la posibilidad del desarrollo de tecnologías locales, y ubican al país como un mero eslabón en su cadena de la producción global de las transnacionales. Por eso, hoy están pero mañana cierran y se van sin dudarlo, sin importar las consecuencias en términos del empleo, la producción, etc., como en el caso presente de la petroquímica TFL en la ciudad de Zárate, que ha cerrado sus puertas unilateralmente, poniendo en riesgo no sólo las fuentes de trabajo sino la salud de la población de la zona, que queda con toneladas de productos químicos arrumbados sin control.

Por otra parte, ¿cuántos puestos de trabajo se pierden por la creciente importación de manufacturas chinas? Miles, pues nadie puede competir con los bajos costos laborales y pésimas condiciones de trabajo que padecen los trabajadores de aquel país. La competencia china multiplica en nuestro país la precariedad laboral como forma de competencia. Estos acuerdos comerciales y de inversiones sólo promueven el deterioro de las condiciones de vida de nuestrxs compatriotas.

¿Dependencia para el desarrollo?

El mito del capital extranjero como base para el desarrollo debe ser desterrado. Esos capitales aportan poco, mientras se llevan millones de dólares en ganancias, regalías, dividendos, además de saquear nuestros recursos y contaminar nuestros territorios. ¿Aportan tecnología? La que traen no la comparten, limitando el desarrollo de tecnologías propias a partir de nuestro sistema científico y técnico. ¿Necesitamos el financiamiento internacional para las inversiones en infraestructura? No, pues la mayor parte de los recursos materiales y humanos podrían ser locales, y los saberes técnicos y científicos necesarios son abundantes en nuestro país y podrían ser mayores si hubiera una estrategia para su ampliación en el marco de una estrategia de desarrollo autónomo, para el bienvivir y no para el capital.

¿Para qué importar trenes de China si acá hay experiencia acumulada en su fabricación y reparación? ¿Por qué no invertir en esos emprendimientos, como la empresa EMFER, que el gobierno argentino se empeña en cerrar? ¿Necesitamos de Sinopec o Chevron para el desarrollo energético, o necesitamos repensar la matriz energética -consumo, distribución y producción- sobre otras bases?

Los acuerdos con China consolidan un nuevo eslabón en la cadena de la dependencia argentina. Por el mismo camino nos lleva el tratado de libre comercio en discusión, a puertas cerradas con la Unión Europea. Es necesario plantearse una estrategia de articulación e interacción regional y global que ponga en primer lugar a nuestro pueblo y la necesidad de otra forma de desarrollo, que nos libere de la dependencia de los viejos imperialismos y los nuevos (sub)imperialismos como Brasil o China.


Originally published at fpds-cn.com.ar.

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