La militarización en el cuerpo de las mujeres Aparatos represivos, disciplinamiento y patriarcado

En la actualidad el creciente proceso de militarización de los Estados ha aumentado y legitimado la violencia sexual contra las mujeres, blanco predilecto del patriarcado en los numerosos casos de guerras impuestas por el imperialismo. Desde México hasta Argentina, atravesando la heroica resistencia de las guerrilleras kurdas, el militarismo castiga por partida doble a las mujeres en el mundo.

Históricamente el cuerpo de las mujeres ha sido utilizado como botín de guerra en los conflictos bélicos.

La apropiación de las mujeres es un ultraje a la nación en conflicto. Es la penetración en un territorio conquistado. Es la honra de esos hombres de la nación en juego lo que se viola, a través de la toma de sus mujeres.

En los territorios militarizados -de la mano de Estados Unidos-, como Colombia, Haití, Honduras y México, la presencia militar extranjera y local se traduce en una situación de violencia extrema hacia las mujeres. El patriarcado se recrudece, siendo múltiples las consecuencias de la militarización: abuso sexual, torturas, desplazamiento forzado, violencia psicológica, confinamientos, femicidios.

La impunidad de los gobiernos y las fuerzas paramilitares, exacerban la violencia sexista y los valores del patriarcado, colocando a los cuerpos de las mujeres como territorios del terror de la guerra. Más allá de Latinoamérica, esta situación fue heroicamente visibilizada por la lucha de las guerrilleras kurdas, que denuncian los crímenes hacia las mujeres perpetrados por el fundamentalismo islámico.

En nuestro país, la violencia sexual hoy se expresa a partir de una apuesta política hacia un Estado policial como garante supremo de la seguridad. En los últimos años los dispositivos de control y represión se han incrementado, concentrando allí el Estado su forma más extrema para ejercer el poder. En la naturalización de estos mecanismos el capitalismo se asegura el control territorial donde -también- está incluido el cuerpo de las mujeres.

Argentina: la militarización de los barrios

El 31 de enero pasado el Parque municipal Gral. Belgrano de la localidad de Lanús se convirtió en escenario de un nuevo hecho de violencia patriarcal. En el predio público donde se desarrollan habitualmente diversas actividades de esparcimiento y recreación para niñxs, jóvenes y familias de los barrios más humildes de Monte Chingolo, una adolecente de 15 años fue abusada sexualmente. El agresor fue un efectivo de la Gendarmería Nacional armado y en funciones, con la complicidad de sus compañeros de turno.

El caso fue dado a conocer por el Frente Popular Darío Santillán que trabaja hace muchos años en la zona. Tanto la familia como la menor violentada son integrantes de la organización, que acompaña el proceso ante la justicia. Los tres efectivos involucrados han sido “pasados a disponibilidad” mientras se realiza la investigación, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI 4) de Lomas de Zamora.

La denuncia se hace extensiva a las instituciones de salud y protección que deberían asistir a la víctima, que -en cambio- por desidia, encubrimiento e inoperancia, redoblan la vulneración. La niña y su familia debieron atravesar una serie de peripecias para lograr realizar el peritaje que se necesita para imputar al violador, ya que la Comisaría de la Mujer de Lanús se excusó para no hacerla. En el centro de salud no se le proporcionaron los medicamentos preventivos para el contagio de enfermedades de transmisión sexual que forman parte del protocolo de actuación en estos casos. Así, la revictimización institucional termina funcionando como mecanismo para desalentar a las mujeres denunciantes.

Políticas represivas y patriarcado

Este nuevo hecho en el que las mujeres y lxs niñxs sufrimos la violencia del orden machista en nuestros propios cuerpos, se transforma también en caso testigo del abuso de poder de las fuerzas represivas del Estado que ocupan las barriadas populares del Conurbano Bonaerense en el marco del Operativo Centinela. Desde el año 2011, el Ministerio de Seguridad de la Nación ha reconfigurado las funciones de fuerzas militares como Gendarmería o Prefectura -encargadas de la defensa nacional- para “reforzar la seguridad pública”. Sumadas a la “maldita” policía bonaerense y las nuevas policías municipales, más de 10.000 efectivos operan mediante la “saturación de los territorios” con pretendidos fines de disuasión y “protección” de la integridad de la población. Hoy, como hace 39 años en que comenzaba la más sangrienta dictadura militar de la Argentina no preguntamos ¿qué pasa cuando es el propio Estado el que viola nuestros derechos?

Quienes vivimos y nos organizamos en los barrios populares conurbanos sabemos bien que esta militarización continúa siendo sinónimo de persecución, violencia sistemática y dirigida, disciplinamiento a través del miedo y desprotección a manos de las fuerzas represivas del Estado capitalista.

Como parte de la construcción mediática, la mayoría de las agendas de los políticos en campaña centralizan sus propuestas en la llamada “lucha contra la inseguridad”. En esta suerte de cruzada se criminaliza a las poblaciones más pobres, siendo los jóvenes y las mujeres los sectores más vulnerados y despojados de sus derechos.

La política represiva refuerza así las formas de violencia específicas que el sistema patriarcal tiene reservada a las mujeres. Desde la participación necesaria y la complicidad con las redes de trata con fines de explotación sexual, las repugnantes insinuaciones hasta el abuso en diversas formas, una vez más las mujeres, niñas y niños encarnamos la suma de las opresiones.

No nos callamos, nos organizamos

Ante esta situación, las organizaciones populares y feministas transformamos el dolor y la rabia en organización.

Contra todas las formas en que se garantiza la impunidad de este tipo de hechos y, a pesar del amedrentamiento posterior en el barrio para evitar que el caso trascendiera, un amplio arco de mujeres, vecinxs y organizaciones populares comenzamos a articular para seguir denunciando y visibilizando lo sucedido. Rompiendo el cerco de temor y silencio que se pretendía instalar en la zona, el día 21 de febrero, se hizo una actividad que recorrió el barrio y el parque Gral. Belgrano, conversando con lxs vecinxs, haciendo pintadas y pegatinas informando sobre el caso y exigiendo el retiro de la gendarmería de este y de todos nuestros barrios.

Para desnaturalizar la impunidad y los abusos constantes por parte de policías y gendarmes, contra la violencia institucional y la (in)justicia machista, en el marco de las actividades por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, hicimos un escrache al Ministerio de Seguridad y al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, máximos responsables políticos por éste y todos los hechos de abuso cometidos por las fuerzas de seguridad. Allí denunciamos, además, el mal funcionamiento, la inoperancia, la falta de presupuesto y de personal capacitado en perspectiva de género de las instancias de protección y asistencia a víctimas de violencia como las comisarías de la mujer, fiscalías, refugios y centros de salud. Exigimos el desmantelamiento de las redes de trata, la condena a los violentos, abusadores y femicidas que siguen en libertad mientras se juzga a mujeres víctimas de violencia como Reina Maraz y Yanina González, recientemente absuelta, por defenderse.

El control de los cuerpos y la sexualidad de las mujeres, continúa siendo una forma de dominación patriarcal que se refuerza en los contextos de militarización de las sociedades. Hoy el capitalismo trasnacional ubica sus bases militares junto a los mega emprendimientos sojeros, mineros y petroleros, donde se habilita la trata de mujeres y aumentan los índices de violencia.

Ante esta situación, la lucha de las mujeres resiste cada día frente a la violencia cotidiana a la que estamos expuestas. Como en Argentina, la sororidad entre las mujeres del mundo, nos hermana y hace frente al avasallamiento de nuestras vidas: México, Honduras, Guatemala, Colombia, son algunos de los países con estadísticas de femicidios más altas, inmersos en “Narco-Estados”, regulados por el control para militar, policial y político. Mientras que desde el otro lado del continente, las mujeres kurdas logran la victoria en armas frente al terror impuesto por un Estado Islámico misógino y fascista.

La libertad también reside en la autodeterminación de nuestras vidas. Hoy la lucha contra el patriarcado se hace indispensable y necesaria para la construcción de un verdadero socialismo desde abajo y feminista.


Originally published at fpds-cn.com.ar.

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