“Nuestro sistema educativo padece una profunda fragmentación”

Entrevista con Beatriz Jouve*

Como todos los años este ciclo lectivo se inició con importantes luchas docentes. La pérdida del salario, y las insuficiencias presupuestarias de todo tipo, son la base de una conflictividad que no cesa. Pero la crisis que padece la escuela pública excede ampliamente lo salarial y lo presupuestario. Desde los años ’90 padecemos reformas educativas impuestas desde el poder que no han hecho más que agravar la situación. Desde las corrientes de izquierda hemos tenido una firme actitud de rechazo a estas reformas. Valoramos esta posición pero creemos que es insuficiente.

*Por Juan Pablo Casiello, Secretario Gremial de AMSAFE Rosario y Militante del FPDS-CN

Recuperando nuestras mejores tradiciones políticas y gremiales tenemos que superar esta actitud defensiva y empezar a desarrollar una corriente que sea una usina de pensamiento educativo contra-hegemónico; un espacio en donde la reflexión pedagógica desde abajo nos permita diseñar caminos alternativos para la escuela. Con estas preocupaciones nos acercamos a charlar con Beatriz Jouve.

JPC: Más allá de algunos discursos oficiales, es evidente que la escuela atraviesa una profunda crisis. Sin duda se trata de un problema que va más allá de nuestras fronteras pero que aquí se expresa con mucha fuerza. ¿Cuáles crees que son los rasgos principales de esa crisis?

B.J.: Uno de los síntomas más importante es el de la fragmentación. Tenemos un sistema educativo muy diverso, muy heterogéneo. En algún punto, hasta cuesta hablar de un único sistema educativo cuando existen diferencias tan marcadas. Diferencias que no sólo se expresan en la división escuela pública/escuela privada. Al interior del sistema público, las escuelas de los sectores medios son muy diferentes a las de los barrios más pobres adonde asisten los sectores más postergados. Son notables las diferencias en los procesos de aprendizaje; en algunas escuelas los niños logran aprender en los siete años de escuela primaria lo que en otras aprenden en los dos primeros años.

Aunque ya resulta un lugar común, otro rasgo de la crisis es el de la falta de adecuación a los cambios de la sociedad. De alguna manera la escuela quedó “vieja”, desactualizada. Ya no cumple con claridad el “mandato” como lo hacía décadas atrás. Pero el problema no está solo en los contenidos que la escuela transmite; hay una estructura, una organización de la escuela anquilosada. Es común leer en los documentos oficiales que hay que “flexibilizar los tiempos, los espacios, los agrupamientos”. Pero la vieja estructura piramidal del sistema educativo se mantiene intacta. Esto se siente sobre las espaldas de quienes trabajamos todos los días en las instituciones educativas.

JPC: Nuestro país cuenta con un poderoso sistema de educación pública extendido en todo el territorio. ¿Se trata de un poderoso aparato de dominación del Estado a fin de garantizar la reproducción del sistema capitalista o, por el contrario, este sistema es el resultado de las luchas de los sectores populares por acceder al derecho a la educación?

B.J.: Es las dos cosas al mismo tiempo. Hay una relación dialéctica en tensión permanente. Sin duda, como plantean Althusser y otros teóricos, la escuela es un aparato importante para la reproducción del sistema capitalista. A través de él las clases dominantes imponen sus principios y sus valores y, además, forman la mano de obra necesaria para la producción. Pero a la vez, es indudable que los sistemas educativos también son el resultado de la lucha de los sectores populares por el derecho a la educación, por acceder al conocimiento.

Acuerdo con Tadeu da Silva cuando señala que la escuela reproduce y produce. Reproduce el sistema capitalista y sus relaciones de dominación y a la vez produce otro cosa, algo distinto que tiene que ver con el cuestionamiento a este sistema y la posibilidad de su superación. En este aspecto la escuela pública es un lugar de disputa permanente en donde los sentidos no están definidos de antemano.

JPC: Desde los años ’90, desde los gobierno se han planteado varias reformas educativas. ¿Qué opinión tenés de estas reformas?

B.J: Sí. Como parte de un proceso que se dio a nivel mundial, en los años ’90 se plantearon importantes transformaciones en los sistemas educativos. Estas transformaciones tenían que ver con la política de las clases dominantes y su voluntad de poner en sintonía a las escuelas con los cambios sociales que se estaban dando. La fragmentación de la que hablábamos al comienzo sin duda se desarrolló con mucha fuerza en los ’90. La educación apareció como una mercancía más que se podía comprar y vender. La Ley de Educación Nacional votada en el 2006 apareció como un cambio pero centralmente terminó siendo solo discursivo. Desaparece la educación como un bien de mercado y se habla del “derecho social a la educación”; pero en los hechos el proceso de fragmentación y de privatización del sistema siguió su marcha.

JPC: ¿Cómo valorás el accionar de las corrientes de izquierda frente a las reformas? ¿Podemos pensar en desarrollar una política que vaya más allá de enfrentar las políticas oficiales? ¿Podemos pensar el camino de elaboraciones programáticas que nos ubiquen más a la ofensiva en este punto?

B.J.: Las corrientes de izquierda que intervienen en los sindicatos y llevan política a las escuelas tuvieron una ubicación correcta de denuncia y enfrentamiento a estas reformas. Y sin duda eso fue importante. Pero sí, es probable que sea necesario reflexionar más a fondo sobre algunas cuestiones y avanzar en las elaboraciones. Se trata de retomar algunas de nuestras mejores tradiciones sindicales y pedagógicas. Si nos vamos a los años ’30 nos encontramos con militantes como Angélica Mendoza o Florencia Fossatti quienes, en el marco de la política de organización gremial que llevaban adelante, hicieron importantes aportes cuestionando al sistema educativo vigente, a su rigidez, a su autoritarismo. También las hermanas Cossettini en nuestra región supieron combinar la pelea gremial y la apuesta a otra educación. O el Maestro Iglesias, o Jesualdo en el Uruguay. En los años ’70 se desarrolló en Rosario el Sinter, un sindicato muy combativo y que supo también poner el centro el debate sobre las reformas pedagógicas. Creo que sería importante que pudiéramos recuperar estas experiencias.

JPC: ¿Qué opinás de los conceptos “calidad educativa” e “inclusión educativa”?

B.J.: Son términos muy usados por las autoridades. El concepto de “calidad educativa” se empezó a usar en los años ’90. Y viene del campo de la economía y de la producción. A mí no me gusta este concepto, pero igualmente me parece importante que podamos pensar en el proceso educativo y los logros en el aprendizaje. Necesitamos desarrollar una escuela en donde todos los niños logren los mejores aprendizajes posibles, un aula en donde puedan adquirir mayores conocimientos.

El concepto de “inclusión” es otra trampa de los ministerios. Es un mecanismo para tirarnos el problema a los docentes. No cambian realmente nada, no generan las condiciones sociales ni tampoco las condiciones educativas, y nos dicen a los docentes: “incluyan”. Y todo termina siendo una gran mentira. Hay una estructura muy rígida que se impone y que no permite avanzar. Y encima aprovechan para culpabilizarnos; los que todos los días sostenemos las escuelas terminamos siendo los responsables del fracaso educativo, de la deserción, de la pobreza en los aprendizajes.

JPC: Sin dudas un punto clave es el de la relación con la comunidad educativa. ¿Cómo ves ese vínculo? ¿Cómo se puede mejorar?

B.J.: El vínculo de los docentes con la comunidad educativa se construye todos los días. En nuestro compromiso cotidiano, en el trabajo con cada alumno, en lo que el chico cuenta cuando llega a su casa. Ahí es donde vamos cimentando el vínculo con nuestra comunidad. No alcanza con convocar a los padres cuando estamos desarrollando una lucha, hay que abrirles la puerta todos los días.

* Beatriz Jouve es Profesora de Enseñanza Primaria y de Ciencias de la Educación. Trabaja como maestra desde 1987 y desde el año 2006 es directora de la Escuela Primaria Nº 150 de la ciudad de Rosario. Trabaja también en la formación docente en Institutos Terciarios. Ha publicado tres libros reflexionando sobre las escuelas y la labor docente: “Crónicas desde las escuela”, “¿Se nace o se hace? Crónicas de una maestra” y “De guardapolvos y campanas”.

  • Avancemos en el lanzamiento de la nueva corriente nacional docente Hacia finales del 2014, desde la Corriente Político Sindical Rompiendo Cadenas y otros sectores clasistas se empezó a gestar el lanzamiento de una nueva corriente al interior de los gremios docentes. Se trata de espacios con una importante representatividad en los sindicatos de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Santa Cruz, Neuquén, CABA, Mendoza y otras provincias. Agrupaciones y militantes con una mirada común sobre la necesidad de la construcción sindical desde abajo, combatiendo a la burocracia celeste, con independencia de los partidos políticos y con una clara confrontación con las políticas educativas oficiales, tanto del gobierno nacional como de las distintas variantes provinciales. Nuevamente, en este comienzo de año los gremios docentes han dado muestra de su combatividad. Cerca de una decena de provincias iniciaron el ciclo lectivo con distintos planes de lucha. Esto ha sido posible por la presión de las bases que pugnaron por superar la nueva claudicación de la Ctera a nivel nacional y el accionar burocrático de las conducciones provinciales de SUTEBA, AMSAFE, UEPC (Córdoba) o SUTE (Mendoza). Aspiramos a desarrollar una corriente que defienda el salario y nuestras condiciones de trabajo y que, a la vez, ponga en el centro el derecho a la educación de nuestro pueblo. Queremos ser parte del proceso de construcción de una escuela pública que, en una disputa permanente, pueda ser parte de un proceso de transformación con el horizonte del cambio social. Lxs docentes del FPDS-CN estamos comprometidos con el desarrollo de esta apuesta.

Originally published at fpds-cn.com.ar.

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