Horizontes para una nueva bienal de arte

Por Ángela López Ruiz

Con un nuevo paradigma basado en la cooperación, la pluralidad y el diálogo nace la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de la UNASUR. Se trata de un proyecto transnacional apoyado en la Unión de Naciones del Sur, que se plantea como un work in progress y se irá construyendo en base al trabajo en red con agentes culturales de todo el mundo, con una metodología participativa y horizontal que apuesta a crear, como expresa en su acta fundacional, «un sitio para la emergencia de ideas y propuestas destinadas a ofrecer otras configuraciones del mundo contemporáneo».

Al mismo tiempo, su propósito diferencial es:

«Definir un formato y funcionamiento por el cual el arte de la región no se integre como mera cuota de diversidad, sino que funcione con respeto por las singularidades redefiniendo los posicionamientos tradicionales, complejizando las relaciones, recuperando tradiciones, estableciendo otros lazos entre espacios y tiempos, siendo congruentes, en fin, con el nuevo paradigma pos-autónomo que permite repensar la escena del arte y la cultura contemporáneos».

Con este fin, la Bienal propone jornadas de reflexión que sirven como punto de encuentro para los agentes de la cultura contemporánea. Estas jornadas, llamadas Sur Global, toman como referencia el campo del arte para cuestionar nuestra actualidad socio-política. El nombre de este espacio refuerza la idea de repensarnos desde el sur en el inminente contexto global. En la primera jornada confluyeron artistas, críticos, curadores, investigadores, público y coleccionistas. Estos últimos constituyen una figura fundamental para la composición del medio, que suele estar, además, poco integrada a este tipo de eventos. El cierre estuvo a cargo de Giles Lipovetsky, quien habló sobre la belleza, el consumo como un modo de producción estética y el lugar del arte contemporáneo hoy en día.

Mauricio Nannucci, citado por Diana Weschler.

Sur Global

Revista Hugo fue el medio uruguayo convocado para cubrir la segunda jornada Sur Global: Horizontes para una nueva bienal de arte. El encuentro se abrió con una mesa formada por Aníbal Jozami (director general de la Bienal Internacional de Arte-UNASUR), Andrés Duprat (director ejecutivo del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, Argentina), Gustavo Buntinx (curador y director del Micromuseo de Lima, Perú), Tadeu Chiarelli (director de la Pinacoteca do estado de São Paulo, Brasil), Diana Wechsler (curadora, investigadora, subdirectora del MUNTREF de Buenos Aires, Argentina) y Jaqueline Lacasa (crítica de arte y exdirectora del Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, Uruguay).

Aníbal Jozami, sociólogo que ha consolidado una de las colecciones de arte más sólidas en Latinoamérica, abre el encuentro definiéndolo así:

«Es un intento de pensar el mundo del arte y la cultura desde el sur. Esta reunión es para cuestionar y repensar el concepto y territorialización del arte contemporáneo».

Preguntas tan simples y vigentes como: arte contemporáneo ¿para qué?, ¿cómo?, ¿dónde? y ¿para quiénes? abrieron fuego en el debate.

Diana Weschler trae a escena la obra de Mauricio Nanucci. Aborda su análisis desde un punto de vista filosófico, proponiendo poner un “es” en el lugar del “ha sido”. Para Weschler, el espectador construye con su mirada esta contemporaneidad. Por lo tanto, todo arte es contemporáneo en la medida que tiene posibilidades de lectura:

«De esta manera, el arte de todos los tiempos sería contemporáneo en tanto el horizonte de miradas del hoy y ahora».
Jorge Macchi, Preludio. Citado por Andrés Duprat.

El aporte de Andrés Duprat al debate se basó en la referencia a su trabajo para la muestra In situ: Arte en el espacio público, realizada en Bariloche (2012-2013). Esta muestra consistió en la realización de intervenciones en el espacio urbano, para lo que fueron convocados diez artistas de la región. Su presentación mostró la riqueza del proceso relacional de los artistas con el medio, las implicaciones directas de las intervenciones artísticas en el paisaje cotidiano e incluso la influencia que algunas de las obras tuvieron en un caso de crisis socio-institucional. Duprat afirma que esta experiencia «donde uno rompe el espacio sacrosanto y el pacto con el espectador» debería ser tenida en cuenta a la hora de pensar una bienal como esta.

Jacqueline Lacasa presentó su investigación teórico-curatorial Influencia: Una visión sobre el arte contemporáneo uruguayo, que parte, a modo de prisma, desde su caso de estudio y se expande al análisis global de la situación del campo. Hace planteos a partir de sus experiencias y vivencias como directora del MNAV (2007–2009), rol que le permitió detectar algunas prácticas que se estaban generando en América Latina. En este sentido, expresa la necesidad de:

«Generar un museo vivo y que cualquier manifestación en arte tenga un lugar de luz, de luminosidad, que sea un lugar vivible, reconocible y compartible. Y esto tiene que ver con la paridad, con que las instituciones estén al alcance, que sean vivibles en diferentes niveles de conceptualización».
Jaqueline Lacasa en un debate sobre arte contemporáneo, una de las actividades previas a la nueva Bienal de la UNASUR. Buenos Aires, diciembre, 2015.

Lacasa plantea tres conceptos en torno al museo vivo, proponiendo que vuelva a ser un espacio público, transgeneracional y transdisciplinario. Estos conceptos definen también nuestra contemporaneidad. Dentro de su análisis amplió su teoría del dogma filial, definido como:

«aquellos espacios filiatorios que generan determinada complicidad pero que no amplían los derechos de negociación, no amplían la cosmovisión, no generan redes[…]».

Lacasa afirma que el arte contemporáneo va en contra de esto. Lo plantea como un campo donde se generan evidencias para mostrar dónde estamos inmersos, un espacio cercano a la vida, un espacio renovador de discursos: «Es imposible pensar hoy el arte contemporáneo si no se generan nexos con otros campos de pensamiento», dice Lacasa.

El brasileño Tadeu Chiarelli comienza su ponencia preguntando: «¿Qué significa “arte contemporáneo” en estos tiempos sombríos?». Y responde:

«El arte como lo conocemos, por lo menos aquel que se transformó en un sistema sólido que comienza a ser avalado el siglo pasado desde su propio interior. Ese edificio del arte que fue desafiado las vanguardias durante el SXX entero, a pesar de ruinoso sigue siendo fuerte.[…]En términos absolutos el público de las artes significa poco y para atraerlo el sistema de arte casi siempre acaba por traer la propia arte, para continuar siendo un espacio de revelación, contemplación y reflexión crítica o no».

Con un texto breve y potente interpela el rol de los agentes culturales y el público, dejando en pie la pregunta de si acaso una nueva bienal sea una forma de mantener viva esa llama que aún existe en el arte.

El director del Micromuseo, Gustavo Buntinx, realizó una ponencia controversial donde propone “recuperar la poética” y cuestiona la espectacularidad del medio actual:

«El arte crítico corre hoy el riesgo de morir de éxito y dejarnos exhaustos. Ante ese agotamiento necesitamos tal vez espacios melancólicos, zonas de silencio a salvo de la gran fiesta cosmopolita que hoy embriaga a nuestros museos impúdicos.[…]El arte contemporáneo empezó a morir cuando se convirtió en deporte de masas. La espectacularización del arte es el beso de Judas, es morir de éxito. El problema final es el de la temporalidad».

Y propone:

«Precisamos una nueva teoría del valor que nos devuelva los postulados éticos. Un programa científico de recuperación del delirio.[…]Si hay una posibilidad de resistencia crítica en el arte es construyendo el enlentecimiento de nuestras existencias actuales que están devoradas por el frenesí del capitalismo hedónico. Me interesa un arte que pone la vida y la historia en pausa y nos hace posible esa introspección de donde surge el diálogo. Si no hay enlentecimiento no hay dialéctica».

Las contradicciones, las fallas, las ilusiones, la falta de certezas, la espectacularización y la banalización de las estructuras museales fueron los tópicos más escuchados en las charlas. El público participó con críticas incisivas al corporativismo cultural y cuestionó la falta de apertura a la voz del artista.

Serie Siluetazo de Eduardo Gil.

El segundo segmento, Intervenciones estéticas, se abrió con una propuesta lúdica de la artista brasileña Lía Chaia. Todos la recibimos como la bocanada de aire fresco que necesitábamos. A partir de ese momento, quedó claro que los artistas somos la célula madre de un campo aún vivo. Luis González Palma hizo una reseña de su trascendental trabajo desde los comienzos hasta la actualidad, mostrando todos los pliegues de su carrera. Eduardo Gil, por su parte, realizó una genealogía desde el activismo del “Siluetazo” hasta las actuales intervenciones en el paisaje geopolítico. Eduardo Basualdo retomó algunos puntos planteados en la primera charla, llevándolos a la luz a través de sus obras. Por último, Celeste Bourdier cerró el evento con un paneo de lo presentado en la última Bienal de Venecia.

Luis González Palma, Retrato Alma América.

El trabajo en proceso continúa. El lanzamiento de la convocatoria a proyectos curatoriales y artísticos, las jornadas siguientes y la plataforma online compartida a través de las redes aseguran la multiplicidad de voces representadas en el proyecto. Esto recién comienza.

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