Persecución y Censura

Durante la dictadura de Aramburu en 1957 se crearon dependencias que tenían la potestad de declarar un material “inmoral y presuntamente obsceno, y de exhibición limitada”. El cual significaba que el material en cuestión podía ser vendido sólo en locales cerrados, sin que pudiera ser expuesto en la vía pública ni escaparates exteriores.

En el 78 continuaban funcionando estas dependencias, lo cual obligaban a vender Chaupinela y la inminente Humor Registrado en un local cerrado. “Este tipo de humor no es conveniente para menores”, le contestaron a Cascioli desde la comisión, entre los que estaba el crítico de espectáculos Hector Rossi.

En diciembre del 78, la revista tuvo el primer problema con el tomo nº7 . Los reyes de España, posaban caricaturizados en la portada, y estaban visitando Buenos Aires para esa fecha. Los ejemplares fueron demorados hasta que la realeza abandonó el país.

REVISTA N°97

En febrero de 1983, la junta militar secuestró el tomo N°97, pero por la rápida reacción de la editorial logró un recurso de amparo y la publicó 15 días después, y alcanzó un pico de ventas de 330 mil ejemplares.

Periodistas, escritores, humoristas y dibujantes de primer nivel nutrieron su staff y produjeron páginas memorables para regocijo de los lectores y disgusto de los censores del poder político y económico. No fue, por supuesto, una actividad impune: la publicación y muchos de sus creadores debieron soportar de manera reiterada los intentos de censura y las intimidaciones. Y si resistió, fue en gran medida porque se sintió protegida por sus propios lectores y comprometida a seguir por ellos.

En el tomo de la Revista Humor editado por Musimundo el 25 de junio del 2006 Cascioli, quién enfrento más de 30 juicios, declaró. “nosotros desde la pequeña trinchera de Humor, hicimos los que estaba a nuestro alcance en aquellos tiempos duros: denunciarlos y reírnos tanto de los protagonistas de la obra, como de sus guionistas (dictadura y los que la avalaron).

VOLVER A LA NOTA PRINCIPAL: HUMOR REGISTRADO

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Luis Castro Palma’s story.