Cosas del destino

Era una tarde soleada, en el patio de una casa en El Cafetal todos sentados tomando, otros jugando Ping Pong. Se sentía un aroma a parrilla hasta el último rincón de la casa. Douglas, mientras, tomaba cerveza solera junto con su amigo Arturo, revivían y contaban el robo que habían vivido hace unos meses.

Todo ocurrió un día viernes, cuenta que ya él y Arturo aproximadamente a las nueve de la noche, estaban en una reunión en casa de unos de sus “panas”, “Guzmán”. Douglas había llevado una botella de Ron Santa Teresa la cual colocó en la barra donde estaban las bebidas de la reunión, empezó a compartir con sus amigos, en lo que una amiga la tropezó y se partió. En estas instancias ya se estaba acabando “la curda”, Douglas le dice a Arturo que lo acompañara a comprar otra botella de ron. Por esta razón cuenta que salió de la casa tan tarde después de que ya había llegado a dicha reunión.

Se montan en el carro de Douglas y se dirigen a los Pomelos, un local pequeño que queda subiendo a Los Naranjos, a las diez y media de la noche ya “la curda” la venden más cara por lo que decidieron ir a Luna de Oro en Los Ruices. Douglas cuenta que mientras iban bajando por la pendiente de Los Naranjos, Arturo le comenta que por Macaracuay vive una amiga de él y que si la buscaban ella traía una botella de su casa. Douglas sin pensarlo dijo que sí la propuesta y se desvió por el Centro Comercial Plaza las Américas para meterse por la Guairita y buscar a Jessica, la amiga de Arturo.

Parándose de la silla teniendo la atención de todos, cuenta que cuando iba llegando a Macaracuay los empezó a seguir una camioneta 4Runner, pero ninguno de los dos se dio cuenta de esto ya que iban distraídos hablando y escuchando música. Cuando va llegando a casa de Jessica, Arturo le escribe que salga que estaban afuera. Al llegar Douglas se para en todo el frente de la casa que estaba un poco antes de entrar al Llanito. Douglas pone las luces intermitentes de su Yaris y la 4Runner sigue trancándole el paso adelante. “Se bajan unos monos horribles de la camioneta encañonados, yo me asuste demasiado porque a mí no me habían robado nunca en la vida, mi reacción fue escaparme” dice Douglas. Lo primero que hizo fue poner retroceso y agacharse hacia el volante por si disparaban, le gritaba a Arturo “agáchate, agáchate que nos van s disparar” mientras retrocedía. Al retroceder tanto choca muy fuerte contra el muro de una casa.

Debido al choque Douglas se baja con las manos arriba angustiado diciendo: “chamo llévate el carro no me hagas nada, llévate todo lo que tú quieras”. Se bajaron dos muchachos, uno a revisar a Douglas y el otro a revisar a Arturo. Cuenta Arturo apoyando a Douglas en su anécdota que él no se podía bajar del carro, no encontraba la forma de abrir el seguro. De los nervios además lanzo su teléfono a la parte trasera del carro y cuando logro bajarse le quitaron el reloj que tenia puesto.

Debido al ruido del choque, los vecinos se asomaron y los ladrones se montaron en el Yaris y se fueron junto con la 4Runner. Arturo y Douglas quienes estaban sin teléfonos, sin documentos, sin dinero, entran a la casa de Jessica y pasaron la noche allí, llamaron a todos sus familiares, pensando en localizar el carro que tenia GPS. “Me oriné encima de los nervios” dice Arturo. El día siguiente encontraron el carro en Mariche desbalijado.

Douglas termina la anécdota diciendo que a partir del viernes 27 de febrero del 2015 cambió su vida por completo. “A pesar de que salgo todavía, cuando es reunión trato de quedarme hasta el amanecer. Ando demasiado pendiente cuando manejo y de no andar tan tarde por ahí. 27 de febrero, nunca olvidaré esa fecha” Dice Douglas con una expresión dura en el rostro. Ese día Douglas y Arturo se salvaron de un secuestro o asesinato, ya que si los vecinos no se hubiesen asomado hubiese ocurrido cualquier cosa. Son cosas del destino.

Kailyn Chacín

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