Entre El Príncipe y El Principito: una conversación con Álvaro Ramírez-Alujas

Álvaro Ramírez-Alujas es uno de los investigadores más lúcidos y penetrantes de Gobierno Abierto en la actualidad. Armado de un optimismo que ensalza las posibilidades utópicas de la apertura gubernamental sin por eso obviar la naturaleza gradual de muchos cambios y la importancia de ser pragmático, este chileno recorre América Latina analizando las reformas realizadas en los distintos países de la región y brindando recomendaciones sobre las acciones a tomar para profundizar el salto hacia una democracia más participativa y transparente. Con motivo de la publicación del primer número de Sinergia, aprovechamos para conversar con él vía Skype y así obtener una visión más amplia de los principales debates actuales en torno al Gobierno Abierto y su potencial para incidir en algunos de los problemas más persistentes de nuestras sociedades.
¿Cuál es la forma más útil de conceptualizar o pensar el gobierno abierto? ¿Qué diferencia al gobierno abierto de reformas o paradigmas previos?
Lo primero es poner énfasis en que la idea de gobierno abierto no es tan nueva, es algo que viene desarrollándose desde hace mucho tiempo, sobre todo vinculado desde una agenda de sociedad civil o de activistas vinculados con los temas de lucha contra la corrupción y transparencia, particularmente en lo que es garantizar el derecho de acceso a la información pública. Entonces, claro, el tema de gobierno abierto tiene que ver con una nueva forma de concebir la relación entre los gobernantes y gobernados en un contexto en el que, por un lado, el Estado ya no tiene el monopolio exclusivo de las respuestas a todas las preguntas, donde existe una ciudadanía mucho más activa, donde además el mismo proceso de cambio del sector público requiere la incorporación de actores que van más allá del gobierno y del sector público. Y ahí lo ligo con un trabajo que me tocó desarrollar que es la Carta Iberoamericana de Gobierno Abierto. Nosotros en ese espacio tratamos de forzar una definición más que todo operacional de cómo entender gobierno abierto y finalmente lo planteamos como un conjunto de mecanismos que contribuyen a la gobernanza pública y al buen gobierno.
Tiene que ver también, viéndolo más desde la región, con tratar de reconfigurar los espacios de los sistemas democráticos. Gran parte de que estemos conversando hoy en día de gobierno abierto en América Latina se relaciona con que hay una fractura, hay una distancia abismal entre gobernantes y gobernados y, en definitiva, hay un descontento a propósito de lo que ha venido pasando en muchos países con el tema de corrupción, las asimetrías y abusos de poder. Para hacerlo más simple y sencillo, la mejor manera de entender el gobierno abierto es como un equilibrio entre El Principito de Saint-Exupery y El Príncipe de Maquiavelo, es decir, se trata de propender al bien común, de que nuestras sociedades realmente sean mucho más equitativas y más justas, pero con una cuota de realidad, entendiendo que el fenómeno del poder es un fenómeno complejo. Por eso hago referencia a Maquiavelo, porque uno tiene que aprender a operar como Frank Underwood, con sigilo, con prudencia. Entonces yo creo que este tema de gobierno abierto tiene que ver con el acercamiento necesario entre la ciudadanía y el gobierno, sobre todo en un contexto de crisis muy fuerte. Y finalmente está también el tema de las tecnologías, de las plataformas, de las prácticas que vienen asociadas al concepto de redes y de internet, particularmente todo lo que es código abierto y las nuevas prácticas colaborativas que surgen a partir de esto. Todas estas tendencias hacen que hoy en día podamos tener una especie de poder mucho más horizontal, más distribuido, más compartido, más en complicidad entre la sociedad y el gobierno.
Partiendo de ese balance que usted menciona entre una visión más pragmática, representada por El Príncipe, y una visión más idealista simbolizada por El Principito, ¿cómo se está manejando ese equilibrio en América Latina? Especialmente a la luz de los escándalos de corrupción en países como Brasil y México que fueron promotores iniciales del gobierno abierto en la región.
Yo creo que ha habido una evolución. Este tema de gobierno abierto se instala internacionalmente con fuerza a partir de setiembre del 2011 cuando se forma la Alianza para un Gobierno Abierto, que logra instalar el tema en la agenda, lo pone encima de la mesa en términos de relaciones internacionales y, como tu lo dices muy bien, México y Brasil son dos de los ocho países fundadores. Entonces este tema, primero, es relativamente nuevo en su actual concepción a nivel internacional, o sea, la Alianza tiene seis años en promedio, y en ese sentido hay un dato que es bastante interesante y es que, en poco tiempo, de 8 países se pasa a 75 que son los que actualmente están en la Alianza, y de esos 75 entiendo que son 15 los que participan de América Latina y el Caribe, que dicho sea de paso esta región es una de las más activas por lejos en temas de gobierno abierto a nivel internacional.
Lo novedoso que está en el corazón del gobierno abierto tiene que ver con que por primera vez en la historia reciente, los procesos de cambio en el sector público ya no son unilaterales, no son de arriba hacia abajo, no son reformas pensadas por la tecnocracia y después aplicadas a la ciudadanía. Hay que decir que cuando partió todo esto la mayoría de los países no seguían los principios de co-creación. Básicamente los planes de gobierno abierto eran productos que asumía el gobierno y que después involucraba a la sociedad civil para validarlos. Eso ha ido cambiando totalmente con los años y hoy uno puede llegar a decir de que hay procesos de co-creación, hay procesos de complicidad y que inclusive este avance ha impactado en otros poderes del Estado, porque cuando se hablaba de gobierno abierto originalmente se hacía referencia al Poder Ejecutivo, pero hoy en día en la mayoría de los países en sus planes de acción incorporan compromisos a nivel del Poder Legislativo, del Poder Judicial, de órganos subnacionales como son municipios y gobiernos regionales, y de otros sectores de la propia sociedad civil o del sector privado y la academia. Entonces esto es una estrategia que le viene muy bien a nuestros pueblos tan afectados por la corrupción y la desconfianza.
Con respecto a este tema, es importante no caer en confusiones, porque todavía hay mucha gente que dice que gobierno abierto es lo mismo que gobierno digital o que gobierno abierto es lo mismo que datos abiertos, aquí yo digo que no hay que confundir el medio con los fines; para mí todo lo que es simplificación de trámites, portales de datos, herramientas tecnológicas y plataformas digitales son herramientas que están al servicio de un cambio mucho más profundo y mucho mayor que busca re-equilibrar las asimetrías de poder. Porque, en última instancia, el fenómeno de gobierno abierto es justamente una forma de poder reducir las desigualdades tan presentes en las sociedades de América Latina. Creo que la región ha abrazado este paradigma de manera muy fuerte porque hay una esperanza de que a través de este medio llamado gobierno abierto podríamos llegar a alcanzar el bienestar colectivo, superar las desigualdades y de alguna manera tener un mayor protagonismo de la ciudadanía en términos de dignidad, de calidad de vida, de felicidad. A lo mejor aquí me pongo un poquito utópico, pero creo que es parte de la esperanza, de la expectativa que mucha gente tiene al incorporarse a esta historia.
Relacionado con esta esperanza de que el gobierno abierto sea un medio para lidiar con estas desigualdades, ¿qué otros factores han influido en el hecho de que América Latina haya sido una región especialmente receptiva al gobierno abierto?
Las cosas nunca son negras o blancas, siempre hay matices, y en esa perspectiva todo el mundo hoy en día habla de gobierno abierto, todos se quieren subir al gobierno abierto, pero de repente no tenemos claro desde donde queremos subirnos y el por qué queremos subirnos y porqué además se ha instalado tan fuertemente este tema en el último tiempo. Y en ese escenario, incluso yendo más allá del contexto latinoamericano, fijate que estamos hablando de que aquí hay países desarrollados como Inglaterra, Estados Unidos y Francia que están en esto. Entonces no es un tema que tenga que ver exclusivamente con las preocupaciones nuestras de corrupción, de falta de legitimidad de la acción pública, de abuso de poder, sino que yo creo que hoy en día hay una indignación cívica mundial con la clase política y los poderes en general. Hay como una especie de sentimiento de traición, de que aquellos que nos gobiernan nos usan para llegar al poder pero luego se olvidan de nosotros, y en ese sentido yo creo que gobierno abierto responde de alguna manera, junto con otras estrategias, a tratar de hacerse cargo de esta brecha y establecer nuevamente un puente que permita, en última instancia, reconfigurar el sistema desde dentro.
Volviendo a tu pregunta, las causas son variadas porque la crisis de confianza en nuestros sistemas democráticos es muy profunda. Es una combinación de crisis de distinto tipo: crisis sistémica, crisis económica, crisis del sistema político, pero fijate que es como declarar “ha muerto la política, viva la política”, o sea, lo que está pasando con esto es que está muriendo una forma de hacer gobierno, una forma de hacer política, y está naciendo una nueva forma más distribuida, más horizontal, más incluyente. Fíjense que a propósito de lo que tu comentas de lo que ha pasado en Brasil y en México, hoy en día la agenda de gobierno abierto está impregnada en su piel del tema de derechos humanos. El gobierno abierto hoy es un espacio de encuentro de múltiples comunidades, desde el tema de la pobreza, las poblaciones indígenas, la diversidad sexual, la seguridad, o sea, desde distintos ámbitos de la política pública que de alguna manera se encuentran y el gobierno abierto es una herramienta para poder construir el camino hacia el desarrollo. Esto es tan así que la Agenda 2030 con los objetivos de desarrollo sostenible incluye el objetivo 16, que se llama Paz, Justicia e Instituciones Sólidas, y si ustedes lo leen se van a dar cuenta que eso es gobierno abierto y ese objetivo es transversal a los demás. Es decir, el gobierno abierto es un medio para superar la pobreza, la desigualdad, los problemas de género, los temas de sostenibilidad ambiental, etcétera, entonces si hay algo que a mí me tiene realmente maravillado es cómo hoy en día distintas comunidades que antes no conversaban entre sí, que tenían distintos intereses, ahora se encuentran en un punto neurálgico.
Con respecto a esto último que menciona me surgen varias preguntas. Tal vez la primera es sobre esa relación entre un sistema obsoleto de hacer política que está dando paso a uno más participativo y directo. Porque se habla de que la participación ciudadana es un eje de gobierno abierto, pero hay una pregunta sin resolver de qué tanta participación estamos hablando, cuáles son los límites de esa participación, hasta dónde debe llegar. ¿Cómo se está manejando esta discusión, tanto desde el lado de la sociedad como desde los gobiernos?
Si uno mira en particular el contexto latinoamericano, se da cuenta que hay una verbalización instalada en nuestras instituciones públicas, privadas y sociales que viene siendo como lo siguiente: tú participas, yo participo, él participa, nosotros participamos, vosotros participáis, ellos deciden. Creo yo que nuestras instituciones, nuestros modelos de organización en el sector público, nuestros diseños institucionales y nuestras burocracias no fueron diseñadas para la participación ciudadana. La participación ciudadana es un software nuevo que estamos tratando de hacer correr en un hardware obsoleto. Entonces, desde esa perspectiva, parte de la promesa de valor de gobierno abierto es que nos hagamos cargo de construir esos mecanismos desde la escucha activa, desde la interlocución entre los gobernantes y los gobernados. Es más, dense cuenta ustedes que la participación como concepto en el marco de gobierno abierto es tanto de forma como de fondo, es decir, yo no puedo hablar de gobierno abierto si no hay participación ciudadana; si los planes de acción no son co-creados entre todos los actores, no puede haber gobierno abierto. Por eso no es extraño que hoy muchos países empiezan a contar con esta nueva figura de los laboratorios cívicos de innovación, que son espacios híbridos en donde trabaja gente del sector público con gente de la sociedad civil de manera más permanente e identifica problemas, oportunidades, necesidades, y a partir de eso llegan a resultados que son mucho más consistentes y contextuales a los problemas de la gente.
Entonces estamos en un punto de inflexión donde lo viejo todavía no termina de morir y lo nuevo aún no termina de nacer. Y yo entiendo mucho de esa angustia o de las expectativas que tienen las personas sobre gobierno abierto, pero también reitero otra idea que me parece bien importante: la Alianza para un Gobierno Abierto tiene seis años y lo que se ha avanzado en estos seis años es de verdad enorme, o sea, yo lo veo cuando visito los países, veo progreso -a lo mejor no tanto en el impacto porque ahí hay una pregunta abierta sobre qué tantos de estos compromisos efectivamente le están cambiando la calidad de vida a las personas-, pero hay un cambio. Lo que pasa es que estos son procesos de cambios estratégicos de mediano y largo plazo, son cambios incrementales, poquito a poquito, pero siento que la participación es una lección todavía pendiente, sobre todo porque en nuestra querida América Latina tenemos mucha herencia autoritaria de los colonizadores, mucho clasismo, mucho machismo.
En esa línea, es importante resaltar que esto de la apertura va mucho más allá del gobierno, aquí la frase es “predicar con el ejemplo”. Y es que siempre desde sociedad civil o los movimientos sociales vinculados con este activismo se dice que el gobierno es corrupto pero, como decía mi sabia abuela, “para bailar el tango se necesitan dos”, y muchas veces miramos al poder público que se corrompe, pero del otro lado hay alguien que lo está corrompiendo. Siempre los fenómenos de corrupción son una interacción y esto me lleva a pensar en ejemplos de muy respetadas instituciones y organizaciones de la sociedad civil, algunas de carácter internacional, que le critican al gobierno no ser transparente y participativo y luego cuando uno va y mira su página web con suerte si tienen algún reporte financiero publicado, si tienen datos abiertos es un milagro, cómo eligen sus autoridades o de quien reciben recursos es un misterio, entonces hay que ser bien consistentes en esto. La apertura no es solamente del gobierno, no es un tema privativo del sector público o del gobernante.
Pasando a otro tema, aquí en Costa Rica se ha estado impulsando el concepto de Estado Abierto con el fin de incluir a los demás poderes de la República más allá del Ejecutivo ¿Cómo sería para usted un Estado Abierto ideal? ¿Qué se debe hacer para conseguirlo?
Es una pregunta compleja. Lo primero tiene que ver con la evidencia: muchos países en sus Planes de Acción de Gobierno Abierto incorporaban compromisos de carácter legal que referían a leyes que se aprueban en el Congreso, entonces ya aquí había un primer aprendizaje porque no basta con que uno anuncie una ley y la ponga en un Plan de Acción, sino que ahí uno tiene que crear puentes con los otros poderes.
Esto parte de tener una visión más holística o sistémica y me voy a referir aquí a dos cuestiones que me parecen fundamentales en este enfoque de Estado Abierto. Creo que dos ámbitos dónde a mí me parece urgente y necesario que se haga algo incorporando los principios de la apertura es, por un lado, en la justicia, ya que no es posible hablar de Gobierno Abierto en una institucionalidad que no garantiza un Estado de Derecho. En América Latina el tema de acceso a la justicia, al debido proceso, es uno de los temas en los que tenemos más dificultades, e incorporar estos temas a la agenda de apertura es casi un imperativo ético. Y por otro lado, otro ámbito donde necesitamos conciencia es en los gobiernos subnacionales: no es un misterio que gran parte del clientelismo político, la corrupción, el tráfico de influencias y el caciquismo ocurren en los niveles locales de gobierno, y justamente el municipio brinda los servicios más cercanos al ciudadano y sus necesidades, entonces cuando uno habla de Estado Abierto desde el punto de vista institucional, uno se da cuenta que el concepto de Gobierno Abierto, por lo menos en el contexto latinoamericano, no nos alcanza, no da cuentas de la profunda transformación que necesitamos en nuestras instituciones y en nuestras raíces republicanas.
El tema de Estado Abierto es un concepto que ha surgido de nuestra propia experiencia latinoamericana, no es una exportación. Muchos países de Latinoamérica siguen mirando con sospecha el concepto de Open Government porque es gringo, en cambio el concepto de Estado Abierto ha tenido una maduración distinta porque no solamente es en Costa Rica, sino que el Plan de Acción que lanzaron hace poco los argentinos incorpora gobierno subnacional y otros poderes del Estado, Paraguay es igual, entonces Estado Abierto es como la vía latinoamericana hacia la apertura institucional, es una cosa mucho más nuestra, no viene de afuera, tanto es así que la OCDE le ha apostado a Costa Rica, en su última publicación del estado del Gobierno Abierto en el mundo, como un ejemplo paradigmático. No había ninguna obligación de que Costa Rica hiciera este convenio de Estado Abierto y lo hicieron, a lo mejor se puede ver como una cosa de puro discurso, pero el solo haberlo hecho ya marca un punto de inflexión y de alguna manera ha provocado que otros países ya estén empezando a transitar hacia esta idea de Estado Abierto, a pesar de que todavía no tenemos claro exactamente qué es pero, nuevamente, la apuesta es “lo viejo está muriendo indiscutiblemente”, no hay vuelta atrás.
¿Cuál es el aporte de Gobierno Abierto a la transformación del arte de gobernar y la gobernanza?
Esto es como la revolución que generó la imprenta. Piensen ustedes que la internet hoy en día es como la imprenta hace un par de siglos atrás. Nosotros estamos tan metidos dentro de esto que no nos damos cuenta de las transformaciones de calado profundo que están pasando alrededor nuestro. Todo político que no entienda que la vieja manera de hacer política ya está en franca decadencia va a desaparecer, es un animal político en vía de extinción, porque hoy día no es posible volver atrás. Con el tema de las redes sociales, de las plataformas tecnológicas y el concepto de ciudadano conectado a nivel global, los modelos de gobernanza están cambiando radicalmente y, de hecho, el concepto de gobernanza tiene que ver con cómo nos hacemos cargo de tomar decisiones de manera colectiva, donde ningún actor tiene el monopolio exclusivo como antiguamente lo tenía el Estado. Aquí lo que hay es un choque de cultura y de valores: por un lado, los de la vieja escuela dirán “mira, un proceso de participación nos va a demorar más, vamos a perder eficacia y eficiencia”, pero, por el otro lado, si para mí los valores importantes son igualdad de oportunidades, equidad e inclusión, entonces no importa si me demoro dos meses más en tomar una decisión porque voy a estar garantizando que esa es la decisión correcta. Cuando una decisión cuenta con la aprobación, consenso y legitimación entre personas que se miran como iguales, este proyecto tiene muchas más probabilidades de lograr su propósito.
Pero es cierto que estos procesos y cambios no son fáciles. Yo también a veces siento como que estoy aportando recursos en un saco sin fondo, pero aun así creo que vale la pena el esfuerzo. Yo creo que esto es como luchar contra el lado oscuro de la fuerza. Anakin Skywalker era una persona buena, era el equilibrio de la fuerza y se transformó en el lado oscuro, entonces se necesita mucho más entusiasmo. Como decía el Che Guevara: “hay que endurecerse pero sin perder la ternura”. Yo creo que uno tiene que ser crítico pero también aprender a vivir con el contexto. Y con esto quiero cerrar: no le pidamos al Gobierno Abierto la solución a todos los males de la sociedad. Si hay algo con lo que podríamos embarrarla profundamente es pensar que el Gobierno Abierto es el santo grial para resolver todos los problemas. Gobierno Abierto es una vía nueva en la cual estamos canalizando nuestras inquietudes, pero no le carguemos la cura de los males que no vamos a resolver sin una ciudadanía responsable, consciente y movilizada por sus propios intereses. Y ahí hay una corresponsabilidad de todos los que estamos involucrados en esto.
