Suicidio como punto final artístico
En el mundo del arte existen decenas de suicidios: escritores, músicos, pintores y demás, cuya tendencia a quitarse la vida no está del todo clara, pero hay una conexión con el proceso creativo que puede colocar la labor de ser artista como de alto riesgo.

Al mirar la historia, pareciese que la tentación al suicidio está conectada al desarrollo creativo y artístico. Desde las últimas muertes de los músicos Chris Cornell (Soundgarden y Audioslave) y Chester Bennington (Linkin Park) en 2017, hasta suicidios tan conocidas como el seppuku del escritor japonés Yushio Mishima en 1970 o la sobredosis del pintor estadounidense Jean-Michel Basquiat en 1988, todos se conectan por ser artistas, no hay nada más en común.
En el documental 27: gone to soon (2018), periodistas musicales, psiquiatras y miembros de la industria discográfica analizan la muerte de los cuatro miembros que hicieron famoso el mito de El Club de los 27: Brian Jones (The Rolling Stone), Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison (The Doors). Para todos, existía una fragilidad en todos que provenían de los traumas de la infancia que los llevó al abuso de drogas y estas los guió a la muerte. Inclusive el compositor británico Gary Numan manifestó que para vivir de la música se necesita ser fuerte de mente.
El psiquiatra español José Antonio Pérez Rojo publicó en el 2015 su libro Los escritores suicidas, donde recopila casos de varios autores que se quitan la vida. Para Pérez Rojo “el viaje de la creatividad es azaroso. Se necesita una estructura interior fuerte para que el viaje pueda ser de ida y vuelta, no sólo de ida”. Lo que fortalece la reflexión de Numan: el artista necesita fortalecerse psíquicamente para no perecer.
Personajes como David Foster Wallace, quien se ahorcó a los 46 años en 2008, presentaban inestabilidad interna que logró consumirlos hasta explotar quitándose la vida. Así como uno puede conectar el famoso suicidio de la poeta Alfonsina Storni lanzándose al mar, un año después de que su examante el escritor uruguayo Horacio Quiroga se quitase la vida en 1937. Hay un detonante que manda todo por lo caño.
El psiquiatra Pérez Rojo insiste en que “los hombres crean porque se saben incompletos, inventan para llenar esa carencia” y que “los más radicales, los que se atreven a meter el pie en la hoguera y removerlo, tienen un riesgo mayor (de quitarse la vida)”. Lo que lleva a la creación artística una necesidad constante por motivos psicológicos, como llenar un vacío que se come todo y que al seguir vacío puede llevarte al suicidio.
Durante las influencias del movimiento artístico Romanticismo, donde se sobrepuso las emociones del individuo y del ‘yo’ en la sociedad, el suicidio explotó. El poeta colombiano José Asunción Silva se suicida a los 30 años con un disparo en el corazón en 1896; muerte similar al del ecuatoriano Medardo Ángel Silva que se disparó en la sien en 1919, quien pertenece a la Generación decapitada: un grupo de cuatro escritores influenciados por el modernismo de Ruben Dario y los versos de poetas malditos como Baudelaire o Rimbaud.
En Ecuador, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en el 2016 hubo 1.219 suicidios, cuyo 37% son personas entre 20 a 34 años. En las dos décadas que vamos del siglo XXI, cuatro escritores ecuatorianos se suicidaron: Oswaldo Calisto Rivera a los 20 años (2000), Carolina Patiño con 19 (2007), Dina Bellrham de 26 (2011) y Kléber Ajila Vacacela se quita la vida a los 30 (2016). Todos entran dentro de la muestra mayoritaria de suicidas en los datos del INEC.

Para el escritor ecuatoriano Ernesto Carión, en su artículo Puntapié inicial: ¿Una nueva generación de poetas suicidas?(2017), lo único que une estos cuatro casos fue “el haber elaborado una propuesta inmadura que ha sido preservada por alguna forma de nostalgia nacional ante este tipo de personalidades artísticas”.
Harry Haller constantemente está en el hilo de cortarse la garganta cada mañana. Así muestra el inicio de la novela El lobo estepario (1927) del autor germano Hermann Hesse, quien tuvo tentativa de suicidio a los 15 años al entrar en un estado de depresión.
Haller -me imagino que al igual que Hesse- estuvo lleno de preocupaciones sobre el arte, su apreciación y ser humano en medio de dos guerras mundiales, tuvo que aprender a reír y a no tomar la vida tan en serio sino con el humor correspondiente. Todo hubiera sido diferente si Kurt Cobain o Robin Williams se hubieran tomado todo muy en serio.

