Diana de Gales: El corazón de la monarquía británica
Hace 20 años murió Diana de Gales, una de los personajes públicos ingleses más queridos internacionalmente.

Cuando Diana Frances Spencer contrajo matrimonio con el Príncipe Carlos en julio de 1981, el Reino Unido atravesaba una grave crisis económica y social, que tenía al 15% de la población viviendo con menos del 60% del ingreso medio, según informe sobre desigualdad social publicado por la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido en el 2000.
El pueblo rechazaba la parca posición de la monarquía frente a la crisis. Era común ver manifestaciones contra el desempleo –entre 1983 y 1984 existieron más de tres millones de desempleados–, apagones generales, basura por todas las calles, y el espíritu de anarquía que reinaba junto a las melodías de los Sex Pistols cuyas críticas a la corona resonaban desde los años 70: la Princesa Diana de Gales llegó y dotó de corazón a una monarquía carente de sentimientos.

Diana provenía de una familia de la aristocracia británica “Los Spencer”, sin embargo, su modo de vida estaba alejado de cualquier tipo de lujos. Cuando corrieron los rumores de la relación entre Diana y el Príncipe Carlos, ella trabajaba en una guardería del barrio de Pimlico, a la que llegaba todas las mañanas en su modesto Austin mini, y vivía en un departamento, que compartía con otras compañeras, en Londres.
Rápidamente los diarios empezaron a asediarla: su foto –cargaba dos niños en brazos y lucia asustada– apareció en el diario The Sun con el titular “Charlie’s Girl” y la siguiente cita “Tú sabes, no puedo decir nada acerca del príncipe o de mis sentimientos sobre él”. Sin embargo, nunca pudo adaptarse al hermetismo real: era una persona que sabía expresar sus sentimientos y que, además, tenía el don para descubrir lo que sentían los demás, de ponerse en su lugar.
A partir de su boda empezó a romper las tradiciones de la realeza –partiendo de la negativa al voto de obediencia– que marcó un antes y un después en la imagen de la monarquía. Los miembros de la familia real vieron con desagrado las actividades que la princesa realizaba –era el primer miembro de la familia que se acercaba a las multitudes en cada presentación o desfile–, no obstante, fueron sus actos los que hicieron que se ganara el corazón del pueblo.

Pocos meses después de su boda creó una fundación utilizando su propio dinero, con la que apoyaría diferentes causas. El primer hito fue marcado por la visita al Hospital Middlesex de Londres.
La bondad de Diana se inmortalizó en una foto donde apareció dándole la mano a un paciente contagiado con el VIH –en aquella época existía miedo en la comunidad ante el posible contagio por cualquier tipo de contacto. La fotografía le daría la vuelta al mundo y provocaría la reflexión de quienes veían en ella un ejemplo a seguir.
Para el año 1992 –cuando su matrimonio estaba completamente perdido– mientras visitaba la India junto al príncipe Carlos, decidió abandonar su compañía y viajó a Calcuta donde visitó a los enfermos y moribundos que residían en el hogar de la Madre Teresa. Nuevamente la princesa demostraba que su imagen pertenecía a la realeza, pero su corazón estaba con los menos favorecidos. Además, la situación sentimental por la que atravesaba en aquel momento la posicionaba en el mismo lado, en el de la tristeza.


Su último viaje fue a la República de Angola en el año 1997, país que visitó con el interés de llamar la atención sobre las víctimas civiles de los campos minados. De esta manera se convirtió en la voz de quienes no eran escuchados y promovió la campaña en contra de las minas antipersonales. Lastimosamente, no vivió para ver que una más de sus tantas luchas lograba su objetivo: el cinco de diciembre del mismo año se firmó el tratado en contra de las minas antipersonales y dos años después, el primero de marzo, entró en vigencia.
Diana no sólo marcó un antes y después con los hitos mencionados. Además visitó a pacientes con lepra en Indonesia, recorrió el continente africano ayudando a los menos favorecidos; estuvo con niños con sida en Estados Unidos, Brasil, entre otros.
La princesa Diana es recordad por recaudar fondos para la lucha contra diferentes enfermedades como cáncer de mama o el sida. También contribuyó con la Cruz Roja y aportó para la construcción de hospicios y hogares: una gran cantidad de obras benéficas que le hicieron ganar el premio Nobel de la Paz en 1997.
Más allá de las polémicas que tuvo que soportar, Diana siempre será recordada como La princesa del pueblo. La chica del cuento de hadas que llegó a la realeza y que conservó su humildad. Y que, a pesar de no alcanzar un final feliz, logró grabar su nombre en la historia como la princesa que revivió a una fría monarquía.
La muerte de Diana fue un gran golpe para todo el mundo. Incluso el gran crítico de la monarquía, John Lydon, exvocalista de los Sex Pistols dijo “Di introdujo un elemento diferente a todo. Se negó a aparecer y solo ser un personaje de dibujos animados en la farsa de otra persona”. Hoy sus hijos, Guillermo y Harry, continúan su legado –en el año 2011 crearon la Fundación Real, mediante la cual brindan apoyo a diferentes obras benéficas.

