Manuscritos del poeta peruano César Vallejo salen a la luz
Hace 40 años la viuda de Vallejo le entregó los papeles al profesor peruano Enrique Ballón Aguirre y hoy se encuentran en forma gratuita en la web.

El peruano César Vallejo es considerado uno de los mayores poetas de todos los tiempos. Inclusive para la crítica literaria inglesa Jean Franco, Vallejo está por encima del premio Nobel chileno Pablo Neruda. Ahora, de este escritor, nacido en Santiago de Chuco en 1892 y fallecido en París en 1938, podemos tener acceso de sus manuscritos en Internet.

El profesor peruano Enrique Ballón Aguirre, catedrático de la Universidad de Arizona, recibió los manuscritos de la escritora francesa Georgette Philippart, esposa del poeta peruano, para su difusión. Ballón tuvo los papeles durante 40 años, hasta su publicación de las 640 páginas en la revista digital Texto!, auspiciada por el Instituto Ferdinand de Saussure de París.
Todo inició cuando Ballón se acerco a Philippart en julio de 1972, como lo cuenta él mismo al periódico español ABC. Los dos tuvieron la idea de publicar las obras de teatro de Vallejo y su Obra poética completa, pero fallaron. El 25 de octubre de 1978, Georgette Philippart le entregó los originales del teatro de César Vallejo y hojas de los poemarios Poemas en prosa, Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz. Un mes después, la viuda del poeta sufrió una trombosis cerebral hasta morir en 1984.
100 años de ‘Los Heraldos negros’

El primer poemario de César Vallejo, Los heraldos negros, cumplen 100 años. El poeta tenía 26 y lo llevó de Trujillo, ciudad al norte de Perú, a Lima para la imprenta en 1918. Durante meses había esperado un prólogo de su amigo y escritor Abraham Valdelomar, pero nunca lo realizó. Como recurso, el poeta peruano puso un epígrafe: “Qui potest capere, capiat” (“quien pueda entender, que entienda”.
A continuación el poema Los heraldos negros:
Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
