Cubano y punto
Cuenta mi abuelo que, desde la época de sus padres…
Texto: Rachel S. Diez
Ilustración: Roxana

Cuenta mi abuelo que, desde la época de sus padres, en el pueblo se bailaba al sonido del tres, la guitarra, el tiple, el guayo, el güiro y las claves. Decía que las descargas de laúd eran el momento preferido, porque anunciaban a los improvisadores.
Los versos eran jaraneros, hablaban de la naturaleza o de la vida campesina. Lo cierto es que el punto cubano o guajiro era el alma de los guateques.*
En su casa, nadie perdía las controversias de Justo Vega y Adolfo Alfonso. Mamá interpretaba a viva voz las canciones de Celina González; mientras tío Anselmo copiaba de la radio las estrofas de El Indio Naborí.
Mi vecino Silverio me contó que el punto tiene de andaluces y canarios, y que, al mezclarse con los ritmos africanos, tomó una sonoridad muy criolla. También dijo que recibió ese nombre por la púa utilizada para “puntear” las cuerdas en las melodías.
El otro día escuché que lo habían declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. ¡Muy merecido! Nosotros lo amamos por cubanísimo, porque habla de quiénes somos y disfrutamos con él.
