Ficción y no ficción: La verdad de todo esto

De izquierda a derecha: Sergio del Molino, Marta Sanz, Leila Guerriero y Guillermo Altares.

Gracias por elegir la literatura en vez del fútbol“. Así comenzaba la velada. Dos periodistas. Dos novelistas. Cuatro escritores en una mesa redonda en torno a la cual el tema de debate era la creación literaria. Frente al público, la periodista argentina, Leila Guerriero, y los novelistas Sergio del Molino y Marta Sanz. Todo ello conducido por el también periodista Guillermo Altares en el Espacio facilitado por la Fundación Telefónica en medio de la Gran Vía madrileña.

Comenzado el debate, salió a colación el papel del “yo” y las fronteras entre la primera y la tercera persona. Las primeras diferencias entre los ponentes se hicieron patentes dada su procedencia de diferentes ámbitos. Sergio del Molino considera el “yo” como “una forma de conectar, de atraer al lector y propiciar el canal de comunicación“. Sin embargo, Leila Guerriero, no duda en establecer fronteras en el uso de la primera persona ya que para un periodista “el yo puede tapar la historia”. No obstante, “creo que el “yo” siempre está presente aunque escribas en tercera persona. Me hice periodista en un momento en el que el “yo” tenías que ganártelo, pero incluso lo que escribo en tercera persona siento que lo hago en primera. La objetividad es un cuento chino, pero escribo en tercera persona porque me supone un reto“.

En contraposición, Marta Sanz estima que un “yo singular que se construya en lo plural tiene la posibilidad de que la comunidad se reconozco en él“. Y ese es el “yo” que busca en sus novelas. En una postura similar, Sergio del Molino asegura usar un “yo” diferente en cada novela, y es que ese “yo” le sirve para ocultarse entre las páginas: “Mi “yo” es un “yo” tramposo. Es imposible que alguien pueda trazar una línea cronológica mía básica a través de lo que cuento en mis novelas. Parece que cuento mucho sobre mí, pero en realidad no cuento nada. Es un truco para hablar de otras cosas que sí me interesan“.

¿Es la narrativa de no ficción una novela?

En una segunda parte del coloquio el tema giró en torno a los géneros y sus mecanismos. La pregunta surgió como consecuencia de la reflexión de las obras de Marta Sanz, Clavícula y Una historia sencilla, y la duda que suscita sobre si pueden considerarse novelas dado que mezcla poesía, narrativa y diferentes géneros. Sanz confiesa que al escribir Clavícula utilizó “la escritura como herramienta terapéutica para poner fin a un dolo que tenía y el texto se convirtió en una metáfora de mi cuerpo“. De esta forma, la novela, con sus distintos géneros y formas, se convertiría en una mística que refleja el cuerpo roto de la autora.

Leila Guerriero: “Para mí lo más importante es respetar el pacto con el lector de no ficción que espera que lo que lee sucedió en verdad”

Leila Guerriero, sin embargo, considera que el autor de narrativa, de no ficción, es diferente ya que establece un pacto con el lector: Para mí lo más importante es respetar el pacto con el lector de no ficción que espera que lo que lee sucedió en verdad y que no hay nada inventado. Quiero leer “A sangre fría” como no ficción y “Cien años de soledad” como ficción“. Es por ello que una obra de no ficción, a juicio de la periodista argentina, no puede calificarse como “novela”, ya que esa designación “predispone al lector a creer que, en parte, puede estar inventada“.

Para finalizar el evento, Sergio del Molino quiso hacer una reflexión sobre los recuerdos. Recuerdos imperfectos que alojamos en nuestra memoria. Recuerdos irreales que contrastados son diferentes a los de aquellas personas que también los comparten. Considera que son lícitos y verdaderos, puesto que si se recuerdan, es porque fue algo importante: “Prefiero quedarme con un recuerdo mío en vez de hablar con un amigo que estuviera en ese momento. Porque seguro que el recuerdo de mi amigo va a ser diferente, peor y me va a destrozar un recuerdo que yo quiero poner en la novela“, concluye entre risas.