La Leyenda de Huay Chivo

Una de las cosas que guarda con recelo Yucatán en su vasta riqueza cultural, son las leyendas de monstruos, conjuros y maldiciones que han viajado por generaciones a partir de la palabra. Hoy son contadas para amenizar las noches de tertulia con amigos, aunque también hay madres que las utilizan para persuadir a las almas jóvenes de que se vayan a dormir temprano. Verdad para unos pocos, divertidas para el resto, no cabe duda que adornan mágicamente la historia de una cultura tan inmensa como lo fue la civilización Maya.

La Leyenda de Huay Chivo

Tiempo atrás, en una tribu inmersa en la selvas de Yucatán, vivía un niño precoz que aprendió temprano, la difícil ciencia de curar con plantas. Del Gordolobo aprendió que curaba el guarguero, Aprendió9 también que no había resfriado que el Copal no sumiera y que el Anacahuite controlaba las ganas de mear.

Normal era ver su casa atestada de señoras en desespero, quienes entre llantos y sollozos balbuceaban sus desdichas. A una su escuincle la cagalera no le paraba y la otra chillaba porque el marido en pena y en su lecho inerme, chapurreaba palabra sin sentido alguno. Siempre dispuesto el herbolario infante, diole Pomolché al churriento crío y para el adulto mayor, en pena e inerme un Copal para curar la resaca y de paso la pendejada.

Los años y experiencias convirtieronle en hombre infalible y poderoso. Más todo hombre tiene un Aquiles y el talón de este mago fue enamorarse de la que no debía. Toda la sabiduría que este brujo poseía no fue suficiente para evitar que cayera sumiso a los encantos de la hija de un pastor. No hubo conjuro alguno para atraer la atención de la joven, así como no había tampoco menjurje que lo curase de tan profunda obsesión.

Emperrado por suplir sus más oscuros deseos de rozar con sus caderas, las caderas de la joven, acudió a la más negra magia que en su saber guardaba. En un trance maldito con el demonio hablase y pidíole a este que lo convirtiera en chivo, para así estar cerca de esa india esquiva. Pero el diablo es puerco y tranzar con el fue peor que morir en vida. Ni en chivo quedo pero tampoco humano el demonio lo dejo. De juegos perversos y mente torcida en mitad de cada uno el demonio lo convirtió.

De mago profeta a bestia maltrecha, con rabia y rencor por deforme apariencia nunca a la india amor pregunto. Ahora el engendro vive oscuro y solitario, matando el ganado de pastor extraviado. Terror de la noche oscura y sin luna, olor a mortecina el aire se inunda, señal austera del brujo chivo.

Si la selva esta negra y esta perdido, en su camino cruzará con animal inmundo. Patas de chivo, peludo y sombrío, cabizbajo y sin prisa ha de pasar vagabundo. Si de los ojos es presa y los mira por un segundo, conjuro perverso acarreará con pena y enfermedad maldita a su puerta tocará.

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