Te Pierdo — Capítulo IV

—No, piénsalo ¿quién es Amanta?

Visto desde otro punto de vista, desde otro sutil enfoque del lente de la cámara a las desventuras que suelen perseguirme, tal vez esto resulte extraño. Diría que después de conocerte se ha intensificado el sentimiento de sentitme perseuido por ellas pero sería admitir que la pasividad y parsimonia de mi vida anterior a ese salto inesperado no fuese una desventura de tal magnitud.

Tampoco creo que lo que pasó durante todo el tiempo que pasamos desentrañándonos fuese una pérdida de tiempo ni mucho menos pero quienquiera que encuentre este diario mental tendrá siempre la última palabra, si es que eso importa. Lo que yo creo al final es que llegado a este punto lo único que puedo hacer es continuar, largarme y encontrar la forma de hacértelo saber de otra manera pues dudo mucho que leas esto.

Ellos están a punto de encontrarme, así que tengo solo algunos minutos y aún hay mucho que contar, mucho de que dar constancia, sucesos que han causado todo este desastre y que debes saber. En estos momentos, asediado por la ansiedad que me produce la incertidumbre metálica de lo que esté por venir y con la inminente llegada de los inoportunos invitados estoy consciente que he olvidado detalles o he cometido errores que son imperdonables o que pueden quedar muy poco claros. En lo anterior por ejemplo no he mencionado que Olde viajaba con nosotros en el Aero, que la ilusión de Matemimic va mas allá del mero accidente, que si bien ocurrió es hasta esté día que conozco lo que en realidad pasó (lo abordare más adelante) y que se mantuvo oculto en una ilusión que me tragué como una píldora en agua de palabras bonitas, o inclusive la intensidad de esas palabras que en realidad fueron esbozos, fríos remolinos de agua helada, sin intensión tal vez. Todos errores míos has de perdonar. Prosigo.

Olde. Oh pobre de él. Siempre creyó que estabas enamorada del él, lo hiciste pero de otra manera. El día del viaje en Aero y después de haber llegado a un punto tan en lo alto y que nos había causado gran emoción, —como una droga que nos excitaba fisiológicamente— volando un paisaje de montañas que los dioses de los cuentos griegos envidiarían, comenzó haciendo gala de su ya conocida habilidad para modificar la historia. Y es que en realidad los Investigadores Históricos como Olde están realmente en un mundo diferente que dista aparentemente de ser real. El Misterio del Templo de Minerva, la Humanidad Capitalista Antes del Conocimiento, Teorías del Intelecto en los años veinte, etcétera. Todo fue fluyendo a través de su prosa grave y áspera, a son de mitos que parecían salidos de historias infantiles. Lo escuchábamos con atención aparente pero en realidad te importaba poco. Siendo la primera vez que volabas tu mirada estaba perdida totalmente en lo que había más allá del cristal y tu emoción no podía ocultarse. Yo no decía ni una palabra como era usual, me concentraba en conducir el móvil y mirarte de reojo algunas veces cada tanto, también emocionado pero no por una razón que no fuera mirarte tan emocionada, tan hermosa y libre a mil pies de altura. Emoción que duro solo un poco y que terminó por costarnos mucho más de lo que habría imaginado.

De un momento a otro la conversación se volvió peligrosa entrando por un laberinto de trampas emocionales, — no lo vi venir debo reconocerlo — te lo declaró de la nada. Habló de tus ojos, después de tu belleza y por último de tu inteligencia como un pequeño gato persiguiendo una luz. Hasta cierto punto debo reconocer su valentía, cosa que yo no tengo. Dijiste “no” y se lo dejaste más que claro. Me culpó. Perdió el control. No pude defenderme, el golpe fue seco y con la fuerza suficiente para aturdirme, pero no solté los controles simplemente me incorporé y seguí conduciendo. No me importó realmente en ese momento el dolor ó las palabras ó todo lo que estaba pasado, a pesar de lo fuerte que se habían vuelto mis sentimientos hacía ti distaba de ser alguien que se viera afectado por ese tipo de circunstancias. Lo resistiré como siempre lo hago, pensé. Justo antes de un segundo arrebato le hablaste con esa habilidad tuya y lograste que se tranquilizara, después se sentó en un rincón con la mirada perdida. Te lo digo los Investigadores Históricos están locos. Después con esa libertad luminosa sabías lo que tenias que hacer para terminar con el problema. Me hablaste de repente en esos idiomas tan tuyos y ajenos a mí, con esos cambios que le hacías al lenguaje común. Luego el beso largo y fuera de tiempo, y otro más. Un estruendo en caída libre y un golpe, el cristal colapsó y el agua comenzó a entrar en el Aero. Te miré cerca, inconsciente, y un fuerte dolor me invadió el cuerpo rápidamente. Después todo se apago.

Desperté en una Central Medica desconocida sin idea de lo que había ocurrido, el día, la hora, número de instalación, nombre, nada. La amnesia duro unos minutos pero al final cedió. El dolor había desaparecido. Todo alrededor en la habitación era de un blanco hipnótico con material médico y una ventana que daba a una gran buhardilla y el sol. No sabía nada de ti. Pensaba en lo ocurrido, incluso en Olde y en el accidente. Pregunté a la enfermera y solo obtuve monosílabos incomprensibles como respuesta. Después el boletin sobre Matemimic y nadie se inmutó. Estuve sumido en un estado parecido al de los sedantes por un tiempo, que sería de nosotros sin esos malditos medicamentos.

Sin notarlo apareció una silueta sombría bajo la puerta con el sol que se colaba por la ventana a cuestas, era una mujer. Pude reconocerla vagamente, la había visto antes cerca del bosque que rodea el Conocimiento en el exterior de la buhardilla donde investigamos. Una investigadora de nuestro equipo. Hablaba en un idioma extraño — una especie de francés antiguo— con alguien que se encontraba fuera de mí vista en el pasillo y después en lenguaje común se dirigió a mí haciendo a la par una seña que me invitaba a levantarme de la cama. Lo único que sé es que después de ese momento no me importó buscarte, era como si ella me dijera que no debía hacerlo, de alguna extraña manera.

—Soy Amanta — dijo sin más mientras caminábamos por el pasillo vacío de la central medica. — Yo-L — contesté.

Me fui con ella.

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