Romper tu marca personal mientras vas recordando a la Caracas de antes.

Ayer se realizó la media maratón Simón Bolívar, la ruta era la misma de los 21K de CAF. Esta iba a ser la 4ta. vez que hiciera esta ruta sólo que no estaba inscrita y se suponía que era sólo un chequeo por lo que mentalmente me preparé para disfrutar más de las cosas que no había visto bien las anteriores veces y no pensaba matarme mucho corriendo.

No me gusta dar todo en los chequeos porque siempre obtengo mejores marcas que en las carreras (jajajaja) y eso me frustra, pero uno no cuenta con ese yo competitivo que vive calladito dentro de uno y que cuando ve que en el primer kilómetro el tiempo medio era de 7:43 pegó un grito y dijo: “Está bien que te lo vayas a disfrutar pero tampoco así. ¡Acelera”.

Definitivamente fue un día totalmente distinto a lo que imaginé. Desde que puse un pie en el Parque Los Caobos comenzaron a llegar los recuerdos de mi infancia. A medida que avanzaba por la Av. San Martín veía el colegio donde estudió mi papá, el ancianato que visitaba con las monjitas del colegio, la casa donde vivía un noviecito que tenía. Luego, camino a El Paraíso, los recuerdos de las visitas a las primas de mi papá, el estadio Brigido Iriarte. Noté como en esta carrera la gente no se lanzó a las calles a darnos ánimo. Esa convocatoria la tiene por completo el CAF y no esta carrera del gobierno, sin duda alguna. Apenas unos pocos nos alentaron en El Paraíso. Acotación aparte para el gran partner que estuvo esperando que nosotros pasáramos para darnos Gatorade. ¡Gracias, José!

Subiendo al Helicoide uno tiene sentimientos encontrados, entre el cansancio de esa larga subida y saber las injusticias que allí se cometen uno se queda con un mal sabor en la boca por un buen rato…

En la Av. Victoria los recuerdos se fueron al Club Monagas, donde nos la pasábamos en la piscina y luego nos íbamos a comer helado en el Crema Paraíso de Santa Mónica. Así que rumbo a Los Próceres se agolparon esas memorias junto con todas las veces que patiné sin temores allí, tan sólo mi hermanita y yo, mientras mis papás caminaban tranquilos sin preocuparse por la inseguridad. Cosa imposible en estos tiempos. En Los Caobos aprendí a manejar bicicleta, pero en Los Próceres fue donde aprendí a patinar. Recuerdos iban y venían. Cuando pasé por donde estaba el famoso carrito de hamburguesas cerca de la iglesia San Pedro (o al menos así lo recuerdo) se me hizo agua la boca recordando esos almuerzos domingueros después de patinetear. Ufff, qué delicia.

Ya en este punto estaba cansada porque entre recuerdo y recuerdo había una fuerza dentro de mí que hacía que estuviera corriendo a un ritmo que nunca antes había corrido. Hablo de kilómetros donde corría a 5:50. Y mi meta tanto para CAF como para Plazas es de 6:23 el kilómetro.

Llego a la Av. Universidad y recuerdo la primera vez que llevé a mi sobri a sus clases. Este año se graduó. ¡Cómo pasa el tiempo!

Finalizando esa avenida los recuerdos que vienen son los de las dos subidas que me restan antes de llegar a la meta. Aquí me ganó el cansancio y comencé a bajar el ritmo.

Si bien corrí la subida del Helicoide no pude hacer lo mismo con la que va de los estacionamientos de los estadios de la UCV ni la de la fuente de Plaza Venezuela, pero cuando veía el reloj y lo que marcaba me daba una alegría tan grande que sacaba fuerzas para seguir.

El final del cuento, que para muchos no es nada y para mí es todo, es que pisé la meta haciendo un tiempo de 2 horas 13 minutos 21 segundos. Mi meta era hacer 2:15 en Plaza el 18 de septiembre. ¡Qué felicidad!

Bendije cada entrenamiento rudo que hice en la cotamil, cada subida al Catalán, cada cambio en la técnica de carrera, hidratación y alimentación. 
Bendije cada momento que pude dedicarle a esto en un momento tan terrible de mi país, porque no está fácil. Nada fácil. Y si no hiciera esto ya me hubiera vuelto loca.

No sé qué haré en Plazas. Definitivamente cada día y cada carrera son diferentes, pero este será para mí (hasta ahora) mi mejor PR, sin importar si no estaba inscrita en la carrera o no me dieron medalla.

Este día está marcado en mi corazón por muchas cosas, y eso no tiene precio ni comparación.

Cuando ya no pueda seguir corriendo estoy segura que recordar este día me arrancará una sonrisa.

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