
Y llegó el día que creía imposible
Caracas Rock 2013.
Recuerdo clarito la primera vez que vi el comercial de la carrera Caracas Rock por televisión. Pensé que había que estar loco y muy bien entrenado para correr 10.000 metros. ¡Que locura!
El segundo año pensé: “¿Otra vez? ¡Que locos!”. Decían que la del año pasado había gustado mucho y ahora había más gente.
Ya en su 5ta. edición me dije: “Ojalá yo pudiera correr”.
Sí, es que yo creía que no podía, porque siempre había tenido esa poca resistencia respiratoria, aunado a mi reciente problema con las rodillas.
En bachillerato fui la mejor en educación física, siempre hice ejercicio, pero eso de una resistencia por tiempo prolongado no era lo mío. Yo no podía trotar en una caminadora más de 5 minutos. Digamos que no sabía respirar.
Para ese entonces sentí una mezcla de envidia, tristeza y lástima conmigo misma.
Ayer derrumbé esos sentimientos con la carrera que me inspiró, la que en secreto quería hacer. Vencí mi miedo al “bululú”, vencí mi claustrofobia — fuímos 18.224, porque 6.776 no se presentaron. ¿Franeleros?.
Ayer derrumbé mis “imposibles”, dejé a un lado por un ratico una tristeza honda que llevo en el alma y corrí lo mejor que pude con ese gentío.
Disfruté la ruta, el clima — hasta que el sol fue inclemente — la gente con buena vibra, la buena organización, las bandas, mis zapatos nuevos, mi ánimo.
Disfruté la sensación de llegar a la meta entera, corriendo, cansada, pero feliz de haber realizado algo que tenía años en mi mente diciéndome que era imposible hacerlo.
Ayer vencí uno de mis imposibles. Ayer corrí la Caracas Rock.


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