Suburbano Ediciones

Andor (de Raquel Abend van Dalen)

Por SALVADOR LUIS


Originalmente publicada en el año 2013, Andor (Suburbano Ediciones, 2017), de Raquel Abend van Dalen @Abend_Raquel, es una de esas infrecuentes pero llamativas novelas latinoamericanas que enfatizan la creación de dimensiones posibles, una narración que perturba el concepto de la muerte como una simple frontera epistemológica para otorgarnos un universo de ficción donde la extensión espiritual y la fragilidad de la conciencia producen una revaloración de lo que normalmente entendemos como lo existente y lo inexistente.

Edgar Enrique Crane, un venezolano del que conocemos poco más que el nombre, arriba a un ultramundo de hedonismo y extrañeza después de un suicidio fallido. Esta dimensión paralela llamada Andor es una suerte de falso limbo, notoriamente transitorio, pero al mismo tiempo descargado de toda referencia a los dogmas del discurso católico. En contraste con el limbo de la doctrina, Andor es un espacio que comulga por momentos con la rigurosidad de una entidad burocrática sistematizada, similar a la que sugiere Aldous Huxley en Un mundo feliz, y a la vez con la libertad de un complejo turístico construido alrededor de un “parque de diversiones” sin límites. A pesar de esta oposición, ambas concepciones ideológicas (formalismo y soltura) coexisten lúdicamente en el espacio del más allá, haciendo del lema “Andor es para usted”, frase que Crane lee en paredes y documentos repetidas veces, un recordatorio que exalta tanto la euforia como la sospecha del protagonista, sobre todo cuando las fiestas y los actos sexuales con mujeres bañadas de misterio como Donatella o Lola se mezclan con viejas estaciones de tren, réplicas de cementerios o reuniones con oscuros funcionarios.

Aunque la dualidad de lo apolíneo y lo dionisíaco administra parte del argumento desde un punto de vista filosófico, el texto propone en varios pasajes un humor punzante, brindando así nueva vida a los relatos fantásticos de autores como Italo Calvino o Dino Buzzati. Abend van Dalen, asimismo, se distingue por organizar los capítulos de la novela de forma poco predecible, elección que “obstaculiza” la mirada del lector por medio de una suerte de estética de la desorientación, una técnica que, naturalmente, robustece la llegada de acontecimientos inadmisibles en un ultramundo que se utiliza a la vez como lugar de placer y bosque paradojal.

En este sentido, se aprecia el cometido estético de la autora al evitar una declaración absoluta respecto de lo que realmente sucede en esta dimensión paralela; es obvio que parte de ello nace de las continuas desarticulaciones de las certidumbres del mundo que conocemos (el nuestro), pero lo que más llama la atención es el derrumbamiento de ciertas normas que la historia plantea sobre Andor, rupturas que nos despistan al chocar unas con otras, al menos hasta que Abend van Dalen inserta un giro argumental que provoca el reordenamiento de los mundos posibles en la mente del lector.

Si hubiera que compararlo con un producto cultural no literario, Andor es un libro con una atmósfera equivalente al clima irreal y visceral de Twin Peaks o incluso a las primeras temporadas de Wayward Pines o Westworld, se moviliza claramente dentro de esa combinación seductora de desconciertos y afectos irracionales, de espacios laberínticos y cabañas que guardan secretos y duelos que nos empeñamos en esconder. Se trata, claro, de una novela extravagante, una obra que nos permite apreciar tanto la asombrosa imaginación de Raquel Abend van Dalen como su técnica para construir mundos de ficción donde se entrelazan la literatura especulativa, la estética gótica y lo extraño.


Gracias por leer esta reseña

Soy Salvador Luis (1978), director de Specimens-Mag.com y autor peruano: www.salvadorluis.net. Twitter: @SalvatoreLuigi1