¿Cuánto tardarás en olvidar esta imagen…?

Piensa en Tus Dramas y Te Quedarás con Ellos

No podemos escapar de la ciencia, a la hora de vivir «la realidad»

Recientemente me mostraron la foto en Instagram de una mamá de 2 niños pequeños que documentó durante toda una semana diversos momentos dramáticos de sus días, para así mostrarle a su esposo cómo es su “realidad” cuando él no está.

La mayoría eran imágenes de sus pequeños llorando o interfiriendo con actividades cotidianas, y reflejaban la dificultad a la hora de completar una tarea, ejercitarse, etc. Es decir, incomodidades lógicas a la hora de criar a un hijo.

Pero el tema del que aquí escribo no es la innegable exigencia que representa ser mamá.

Nota: Yo tengo 1 hijo, lo amamanté a demanda durante 13 meses, 9 meses en exclusiva, y lo hice mientras trabajaba como Consultora, por lo que conozco de cerca el demandante cuidado que representa un hijo. Definitivamente con más de 1, el reto debe incrementarse, así que mis respetos a todas las mamás y papás del mundo.

El ejemplo de esa mamá enfocándose en lo que obviamente no disfruta, lo uso por común y fácilmente identificable, para hablar de un tema que parece estúpidamente evidente, pero escapa de la verdadera comprensión mental de la mayoría: nuestra relación con la «realidad».

¿La Realidad Ya Existe, o la Creamos en el Camino?

Justo ayer, estuve presente en una fascinante conferencia con Nassim Haramein, un extraordinario genio físico (a quien muchos llaman “el nuevo Einstein), en la que entre otros temas habló de la construcción de la realidad.

Sí, la cons-tru-cción.

En este video de 2min. (lamentablemente sin subtítulos en español) habla de cómo nuestros pensamientos crean la experiencia de realidad, desde el punto de vista científico.

Para la mayoría, hablar de “crear la realidad” suena a temas esotéricos, espirituales, ilusos y algo hippies, pero el tema tiene fundamentos científicos que a quien deja en evidencia como ignorantes, es a quienes los desechan sin miramientos.

Mis conocimientos científicos en esta materia son muy limitados y, como decía Sócrates, “Mientras más sé, más sé que no sé nada”, pero de lo que sí tengo certeza absoluta es de mi experiencia directa.

Puedo hablar con propiedad de la abrumadora, enfática, radical y poderosa diferencia que existe en nuestra experiencia cotidiana cuando ponemos el lente sobre el drama y lo que nos incomoda… a cuando nos enfocamos en la plenitud, en lo que disfrutamos, lo que nos entusiasma y apasiona.

Lo sé, porque he vivido ambas “realidades”.

De vuelta por un momento al ejemplo de esa mamá que durante una semana documentó su drama cotidiano, el foco sobre los eventos molestos, eleva las probabilidades de que su «realidad» sea, en líneas generales igualmente molesta.

“¿Y negar lo negativo, no es negar una realidad que también existe?”, me preguntan con frecuencia.

El punto es que esa pregunta es simplista, capciosa y deja por fuera elementos clave para poder iniciar una charla seria sobre el tema.

De manera igualmente simplista, podría decir que hay teorías que explican que solo existe la realidad en la que nos enfocamos.

Por otra parte, la definición de esa realidad que también existe, es independiente del hecho en sí mismo que llamamos real, porque nada trae un significado de fábrica, y depende del que cada individuo le asigne.

Llamar a algo “negativo” es un hecho inherente al observador. No al objeto observado.

¿Qué sucedería si decidiéramos re-interpretar lo “negativo” desde un nuevo diccionario”?

¿Si viéramos los “problemas” desde una perspectiva más amplia, y tomáramos en consideración elementos que no hemos sumado a nuestras ecuaciones?

¿Si nos hiciéramos otras preguntas?

¿Si escogiéramos otras respuestas, despiertos en lugar de hacerlo de forma reactiva y automática?

Del Lado Oscuro de la Fuerza al Luminoso

Durante muchos años fui la reina del drama. Por un par de décadas decidí experimentar con temas dramáticos (enfermedades, amores imposibles y tormentosos, crisis familiares, fracasos profesionales y hasta suicidio).

Si bien los procesaba a través de la exploración filosófica, espiritual y curiosamente también optimista, el punto es que seguía poniendo el lente sobre el drama.

Por más ligera y optimista que fuera mi perspectiva, la verdad es que mi foco, pensamientos, y mirada, estaban puestos sobre lo que no quería. Era inevitable que siguiera re-creando más de ello.

Estaba bajo el efecto de leyes que no comprendía.

Con el paso del tiempo, muchos libros, maestros, búsquedas, encuentros y desencuentros, mi paso al lado luminoso de la Fuerza fue inevitable.

Cambié la mirada. Cambié el foco. Cambié el filtro.

Y cambió todo a mi alrededor.

Al cambiar el observador , cambia lo observado.

¿Cómo salir del drama?

Fue—en mi caso—un largo viaje. No necesariamente tiene que ser largo, pero siempre profundo, auténtico y descarnadamente sincero.

Hay conceptos a nivel filosófico que fueron determinantes en mi transformación radical, pero compartiré algunos cambios actitudinales que reflejan parte de mi experiencia, y son fáciles de modelar para quien resuene con ellos.

Quizá alguno sea el que necesitas leer justo aquí y ahora…

Pase de…

  • documentar mis dramas, a accionar sobre mi entusiasmo
  • enfocarme en los debería, a enfocarme en mis deseos
  • contar mis problemas, a contar mis bendiciones
  • compartir con gente dramática, a conectar con gente ligera, positiva, interesante, nutritiva
  • enfocarme en el afuera y las circunstancias, a enfocarme en mi adentro y mi mirada
  • sentirme víctima, a reconocerme poderosa creadora
  • poner el foco en lo circunstancial, a lo vibracional
  • centrarme en querer resolver y/o tener razón, a obsesionarme por ¡sentirme del carajo!
Pasé de creer que era humana, a saberme un Ser Espiritual teniendo una experiencia física, y que solo yo podía decidir qué tan épica sería ❤