Cuentos de caballeros y princesas

PROMESA

Sé la angustia que se puede llegar a sentir cuando eres consciente de que estás a punto de morir, pero no puedes hacer nada para impedirlo… Nada puedes hacer.

Estás maniatado con cadenas, y no puedes romperlas porque serías malo. No tienes otro remedio que suplicar un milagro, sin desistir en seguir luchando mientras contemplas cómo tus sentimientos son profanados.

La luz que hace brillar tus ojos, se está olvidando de alumbrarte. Pero no puedes hacer nada porque serías malo.

El tiempo atormenta tu fe, pasan los días y nada puedes hacer, porque serías malo. Tan sólo ahora puedes pelear contra tus propios fantasmas. Los ves, ¿verdad? Ellos creen que no eres capaz de verlos, pero si confiesas, serías malo. Es una impotencia terriblemente dolorosa que te está consumiendo poco a poco, al tiempo que esperas el momento de sentir el golpe final.

¿Oyes ese silencio? No te gusta oírlo, porque te sientes solo. Todo el mundo se marcha y tú te quedas solo, arrinconado a un lado de tu lecho de cada noche, pensando… hasta que finalmente, aparece una compañera. Esa compañía que nace desde tus ojos y calienta lentamente tus mejillas. El frío se manifiesta gradualmente en el resto de tu cuerpo, aviva la nostalgia de unos momentos que se quedaron en palabras. Te encoges como un ovillo para protegerte del propio dolor que transmiten tus sentimientos, mientras asaltan preguntas donde no conoces las respuestas. La única respuesta que obtienes es un húmedo suspiro de tristeza.

No llores, comprendo cómo te sientes ante un momento así. Pero, aún puedes hacer algo. Escúchame con atención, porque te lo voy a decir con un susurro…

Ahora que ya sabes mi secreto, es el momento de que salgas de esa tumba de lamentos. Está abierta, ahora sí que está abierta. No te quedes más tiempo contemplando cómo su techo se mugre y se adhiere lentamente hasta quedarse cerrado para siempre…

Válgame Dios… Qué mal aspecto tienes. ¿Qué te ha pasado? ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo? No digas nada, ven conmigo…

¿Sabes una cosa? Te has olvidado de quién querías ser. Te hiciste una promesa a ti mismo, pero con el tiempo, has vuelto a caer en el sitio que te corresponde. Sigue y sigue persiguiendo esos sueños. Está claro que es imposible que dejes de ser así, necesitas ser así. Tus pensamientos y sentimientos van cogidos de la mano. Deja de culparte y no llores, todo lo que ocurre tiene un por qué, pero ahora no es el momento de que lo entiendas porque sería jugar sucio. ¿Verdad que tú no sabes qué es eso?

En fin…

Ahora regresa de nuevo a tu lugar, pero prométeme una cosa… Prométeme que jamás volverás a olvidarte de quien eres.

Prométemelo

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