Beds & Coffins

Los estusiastas

No te cansas de arruinarles finales,

de reciclar mentiras y romances,

de jurarles que las recordarás bien,

que cuentan contigo, que son como nadie.

No te cansas de tus rutinas sucias,

de dejar que te quieran hasta que quieras,

de encontrar las salidas menos discretas

para huir adonde sabes que no irán por ti.

No te cansas de quebrar buenas voluntades,

de decirles que son canciones hermosas,

de cantarles olvidos convenientes,

para las culpas que siempre logras repartir.

No te cansas de presumir tus heridas,

de llevarlas de adorno a cualquier futuro,

de enjaular encantos fuera de ti mismo,

y enterrar entre sus piernas lo solo que estás.

No te cansas de llegar tarde siempre,

de pedir deseos después de la hora debida,

de lograr que a diario pasadas las once

todas interrumpan su vida para pensar en ti.

No te cansas de besarlas y enfermarlas,

de pretender que te ofende el mal en el mundo,

de taparles la boca con tu machismo moderno,

de arrastrarlas a la porquería que se vuelve creerte.

No te cansas de hacerles lugar en tu cama,

de inventar mil formas de tener la razón,

de extrañarlas cuando te falta a quién juzgar,

de hacerles ver que no te importa su dolor.

No te cansas de amar como haciendo favores,

de decirles que con ellas casi no quieres morirte,

de dar lástima más que recuerdos valiosos,

de convertirte en el error que nadie vuelve a cometer.

No te cansas de contar la historia a medias,

de ser una carga en lo que logran olvidarte,

de pensar que eres bienvenido en vez de pasado,

y de fingir que no te das cuenta que les va mejor sin ti.

-Ruth Xilotl

Los refugiados

Llevo a cuestas el tiempo,

no me pesa

se sufre rico,

como la música ajena que siempre es muy alta pero imposible de no bailar,

como tu figura que me hace chispas el cuerpo al verte de lejos,

o el sabor dulce de tu lengua cuando dejas de besarme.

Somos la misma tormenta que nos da refugio,

el desastre ansiado,

la calma que desquicia de muchas maneras correctas.

Tenemos acuerdos y tenemos llaves a sueños secretos,

nos curamos con caricias,

nos dormimos agradecidos.

Estamos en resguardo de nosotros mismos,

nos conocemos las armas y las heridas,

pienso en lo que podría volver a sangrar,

pero lo olvido apenas nos miramos al espejo y no es necesario coser al instante los gestos deseados.

Lo somos,

con todo y que el número implica bastante,

con todo y que allá afuera parecen creer cada vez menos y atacar cada vez más.

Los amantes

Quiero que sepas que hoy he pensado en tu muerte.

La idea me ha tomado por sorpresa en medio de una conversación sobre cumpleaños

y me impactó como bala de salva disparada desde bien adentro.

No hizo el daño que quería. Pero hubiera podido.

Se me enrojeció el pecho escandaloso e imaginar tu ausencia me ardió en lo más profundo de nuestros días juntos.

Me dije que aún no eran suficientes y sacudiendo violentamente la cabeza cerré los ojos tan fuerte que la imagen se enclaustró justo detrás de ellos.

No era mi intención pensar en esa llaga inevitable,

pero ya que estoy en eso, también quiero que sepas que me aterra,

que conociéndome voy a optar por la locura,

que voy querer quedarme con tus últimas ropas

y voy a aferrarme a todo lo que tenga tu olor.

Que esconderé cualquier signo en tu cuerpo de que hayas sufrido

y reclamaré la última sensación de calor en tus manos para secar mi llanto.

Que también me dará miedo olvidarte,

que me traicione la supervivencia y que todo eso que te sé de memoria

se convierta apenas en la versión rebajada de lo mucho que te quise,

que olvide haber jurado mil veces que esta pasión nos haría inmortales,

o que olvide, por ejemplo, que un día me dio tanto miedo perderte

que no tuve de otra que matarte.

save the mermaids·
3 min
·
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