¿Son falsas todas las teorías de conspiración sobre la ciencia? El caso de los anticonceptivos hormonales

Natalia Torres Behar
Nov 5 · 9 min read

¿Conspiración o ciencia? Los anticonceptivos naturales están por fuera de las posturas anticientíficas y pueden ofrecer a las mujeres una perspectiva más natural de su cuerpo, amigo.

Hace poco leí en Twitter a un doctor que se quejaba de cómo cada vez más las personas usaban sus experiencias personales como evidencia científica para tomar decisiones. Uno de los ejemplos que ponía el médico eran las vacunas, y cómo algunas personas tenían malas experiencias con estas o habían leído alguna investigación mal sustentada y decidían no vacunar a sus hijos: los ya conocidos anti-vacunas. Esto ha generado que varias enfermedades que considerábamos desaparecidas, como el sarampión[1], estén volviendo a manifestarse y, sin embargo, no ha habido forma de convencer a este grupo de que vacunen a sus hijos. Ya desde los años 90, cuando empezó a propagarse la teoría de que las vacunas causaban autismo[2], varios grupos de científicos han investigado sus efectos intentando encontrar su relación con esta condición y con otras enfermedades como la epilepsia, pero los estudios han demostrado una y otra vez que tal relación no existe[3] y que en la mayoría de casos las vacunas son completamente seguras y beneficiosas (sobre todo en comparación con las enfermedades que previenen). Pero los anti-vacunas persisten, aconsejan no creerle a los médicos[4] y buscar soluciones naturales.

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Otro grupo similar al de los anti-vacunas, y cada vez con más adeptos, es el de los terraplanistas, quienes aseguran que la idea de que la tierra es un globo es una conspiración de los científicos y los gobiernos, particularmente de la NASA (por qué están conspirando todavía no estaría muy claro, pero los terraplanistas creen que las razones son financieras probablemente). Este grupo asegura que por lo que podemos ver y percibir con nuestros sentidos la tierra es plana y, aunque hay diversas ideas, en general plantean que la tierra es un disco con la Antártida en el centro como una gran torre.

Los detalles específicos de cada una de estas teorías de la conspiración no me interesan mucho, pero sí me interesa el mecanismo de pensamiento que hay detrás de ellas a pesar de que sus conclusiones estén erradas. Aunque estoy convencida de que la tierra es un globo y de que las vacunas no causan autismo, sé también que la ciencia a veces se equivoca. Al fin y al cabo, esta es hecha por humanos. La ciencia no es infalible, no está libre de prejuicios y comete muchos errores. La industria farmacéutica es un negocio que a veces nos vende drogas que no necesitamos, o con efectos secundarios terribles, o a precios inalcanzables. Además, muchas veces los remedios caseros para condiciones poco graves como la caspa, la gripa o, incluso, la gastritis, suelen ser mejores que cualquier medicamento. En países como Alemania, donde vivo actualmente, los médicos son muy reacios a prescribir medicamentos y en las droguerías venden muy pocos productos sin receta médica, pues quieren prevenir las adicciones y la auto-medicación innecesaria. Así pues, me parece claro que hay que mirar a la ciencia con ojos críticos y estar más pendientes de las verdades que nos vende.


Otro de los ejemplos que usó el doctor en Twitter fue el de los anti-conceptivos hormonales y cómo muchas mujeres sufren sus efectos secundarios y recomiendan no usarlos. Las mujeres que deciden no tomar anti-conceptivos están, en su opinión, al mismo nivel que los anti-vacunas, pues sacan conclusiones generales a partir de sus propias experiencias. Y algo en esta idea me molestó. No voy a negar que tomé anti-conceptivos hormonales por muchos años, que creo que son una de las mejores alternativas que tenemos hoy para prevenir embarazos y que, gracias a ellos, en los 70 se pudo dar en gran parte la revolución sexual. No voy a negar, tampoco, que a muchas mujeres los anti-conceptivos hormonales las ayudan a controlar algunas enfermedades y a sentirse mejor y más estables emocionalmente y, definitivamente, no estoy diciendo que en este caso lo anecdótico debería contar como científico. Pero, ¿y si en este caso sí hay una conspiración?

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Mentira, claro que no la hay. Al menos no planeada. No creo que haya una conspiración de la ciencia contra las mujeres, que las controla a través de los anti-conceptivos hormonales o algo así, pero sí está claro que la ciencia, como el resto de nuestra cultura, está permeada por el machismo. Esto ha causado que la ciencia no estudie el cuerpo femenino tan a profundidad como el masculino o que muchos prejuicios de siglos anteriores aún sigan presentes en cómo se estudian nuestras enfermedades. Nosotras mismas sabemos poco de nuestros cuerpos y de nuestros ciclos (hace poco hubo revuelo en internet por cómo se veían los músculos mamarios de una mujer y cómo nunca los habíamos visto) y tomamos anti-conceptivos hormonales conociendo sus efectos secundarios y arriesgándonos a tenerlos, pero sin saber realmente cómo funcionan y qué hacen en nuestros cuerpos.

Yo hasta hace muy poco lo entendí realmente e intentaré dar una versión resumida. En nuestro ciclo hay diversas hormonas que juegan un papel muy importante, pero hay cuatro fundamentales. Primero, está la FSH, que se produce en la glándula pituitaria en el cerebro. Esta hormona estimula al folículo, que es un conjunto de células que están en los ovarios, recubren al óvulo y lo ayudan a crecer y madurar. Cuando el folículo empieza a crecer, produce estrógeno. El estrógeno se encarga de estimular el cérvix para que produzca fluido cervical y, también, de darle la señal a nuestro cerebro cada mes para que produzca LH, la hormona que produce que el óvulo maduro sea expulsado del folículo durante la ovulación. Este óvulo podrá ser fertilizado por un espermatozoide o será reabsorbido por él. Finalmente, el folículo, que se convierte en cuerpo lúteo, será el encargado de producir progesterona, una hormona que aumenta luego de la ovulación en preparación para un embarazo y que, si este no sucede, baja sus niveles y da paso a la menstruación. El periodo después de la ovulación y hasta que llega la menstruación se conoce como fase lútea y dura normalmente entre 9 y 15 días. Visto en un gráfico, los niveles de hormonas subirían y bajarían dependiendo del momento del ciclo, pero esto no sucede cuando se usan anti-conceptivos hormonales, pues estos tienen una pequeña carga de estrógeno, que genera que nunca ovulemos[5]. Así, el sangrado que tenemos cuando usamos anti-conceptivos hormonales no es una menstruación, pues no hubo todo el proceso anterior para que se diera. Doctores como Lara Briden, experta en salud femenina, aseguran que el sangrado que tenemos cuando tomamos anti-conceptivos hormonales es un sangrado que se da por dejar de tomar la pastilla durante algunos días, ya que estas drogas estimulan el revestimiento del útero, pero paralizan a los ovarios.

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¿Por qué es esto problemático? Porque la producción de hormonas es natural y la ovulación es la parte más importante del ciclo (no solo para la fertilidad sino porque un ciclo normal indica que nuestra salud general está bien y, además, es durante el ciclo cuando producimos hormonas necesarias para nuestra salud). Sin ovulación y, por lo tanto, sin progesterona, podemos tener distintos problemas de salud, pues la necesitamos para nuestro cerebro, huesos y sistema inmune. Hay algunos estudios que incluso aseguran que la progesterona podría ayudar a prevenir algunos tipos de cáncer. Sumado a esto, me parece problemático que las mujeres desconozcamos nuestros cuerpos, que no sepamos qué es lo que pasa cada mes dentro de nosotras y que tomemos decisiones como usar anti-conceptivos hormonales sin entender sus efectos profundos (más allá de los efectos secundarios que siempre nos dicen los ginecólogos como depresión, pérdida de pelo o baja libido) y sin conocer otras alternativas más naturales.

Es problemático, por ejemplo, que aún hoy cuando creemos que tenemos un retraso, nuestras amigas nos aconsejan no estresarnos, porque eso va a generar que se nos retrase la regla aún más, algo que es completamente imposible: el período después de la ovulación (cuando habría podido fertilizarse el óvulo) es siempre estable y normalmente no cambia mucho, por lo que el estrés en este punto del ciclo no lo afecta. Lo que sí pudo pasar fue que la ovulación se retrasara, lo que haría que todo el ciclo fuera más largo de lo normal.

Pero como venía diciendo, hay otras alternativas no hormonales y naturales. No, no estoy hablando de la T de cobre ni del método del ritmo. Estoy hablando de un método que se llama Método de Fertilidad Consciente (o FAM por sus siglas en inglés: Fertility Awareness Method). Por favor, sigue leyendo. Te prometo que no soy como una terraplanista o una anti-vacunas y que este método tiene soporte científico. Este se basa en la observación de dos señales específicas que le indican a la mujer en qué momento de su ciclo está: la temperatura basal (es decir, su temperatura corporal al despertarse) y el fluido cervical. Según los científicos, al observar estas dos variables todos los días con juicio, una mujer puede saber en qué momento de su ciclo está y si ya ovuló o no[6]. No, no se trata de predicciones, ni de guiarse por la idea de que la ovulación sucede siempre en el día 14, pues cada ciclo puede variar y no necesariamente es de 28 días[7]; se trata de la observación diaria de lo que pasa en nuestro cuerpo.

No me quiero extender mucho más hablando de este método e invito a quienes estén interesadas a investigarlo y a buscar a una instructora con quien trabajar para aprender a usarlo bien. También me gustaría decir que este método usado como anti-conceptivo probablemente no es ideal para todas las mujeres, pero todas nos beneficiaríamos de saberlo para aprender sobre nuestros cuerpos, para conocernos y para tener más herramientas para tomar decisiones mejores para nosotras. Lo mejor: se trata de un método natural, que no pone más hormonas en nuestro cuerpo y que no tiene efectos secundarios y, además, no alimenta a grandes industrias ni corporaciones, pues una vez aprendido, siempre lo podemos practicar.


Me habría gustado responderle todo esto al doctor en Twitter, pero en 280 caracteres es imposible y no vale la pena enfrascarse en discusiones con desconocidos allí. La conclusión de todo esto es que creo que, definitivamente, es importante creerle a la ciencia y estoy segura de que las nuevas tendencias anti-científicas que ven conspiraciones en todas partes son muy peligrosas para todos (no hablé acá, por ejemplo, de los negacionistas del cambio climático, pero cuánto daño hacen). Además, soy muy escéptica de las alternativas naturales y me parece que la mayoría de ellas funcionan gracias al efecto placebo. Y, sin embargo, estoy convencida de que creerle a la ciencia ciegamente puede ser también un problema.

[1] Recomiendo mirar este mapa elaborado por el Think Tank Council on Foreign Relations sobre algunas enfermedades que se pueden prevenir con vacunas y que han vuelto: http://www.vaccineswork.org/vaccine-preventable-disease-outbreaks/

[2] Esto fue en gran parte debido a los estudios de un gastroenterólogo británico llamado Andrew Wakefield, quien en los 90 hizo un estudio de 12 niños de quienes sus padres decían que les había dado autismo poco después de recibir las vacunas contra el sarampión, paperas y rubeola. Entonces Wakefield y sus colegas se pusieron a estudiar los intestinos de estos niños, encontraron que estaban un poco inflamados, decidieron que esto era por causa de las vacunas y que, por ende, las vacunas causaban autismo. Después, Wakefield logró llamar la atención de la prensa y empezó a asegurar que había mucha evidencia al respecto, lo que generó pánico en muchos padres de la época.

[3] Para más información sobre este tema recomiendo escuchar el podcast Science Vs. De Gimlet Media, en particular el programa llamado “Vaccines-Are they Safe?”. En este, Wendy Zukerman, periodista científica cuenta la historia sobre las vacunas y los estudios científicos que hay en más detalle.

[4] Para leer un poco más sobre este fenómeno en Estados Unidos recomiendo leer esta columna de opinión en el New York Times: https://www.nytimes.com/2019/03/09/opinion/sunday/the-real-horror-of-the-anti-vaxxers.html

[5] Para leer más sobre el ciclo menstrual y cómo se ve en un gráfico recomiendo este texto: https://www.msdmanuals.com/home/women-s-health-issues/biology-of-the-female-reproductive-system/menstrual-cycle

[6] Si quieres leer por qué este método es científico te recomiendo el artículo de la doctora Briden “The 5 Best Types of Natural Birth Control”: https://www.larabriden.com/quick-survey-5-best-types-of-natural-birth-control/

Pero para tener información más detallada recomiendo leer el libro Taking Charge of Your Fertility de Toni Weschler.

[7] Sobre este tema de qué constituye un ciclo normal, recomiendo leer este artículo: https://www.today.com/health/menstrual-cycle-not-28-days-many-women-study-finds-t161373

Serifa Monzón

Ecología. Política. Fines del mundo.

Natalia Torres Behar

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Serifa Monzón

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