«Así nació mi hija»

La experiencia en primera persona, contada por el papá

Héctor nos relata con emoción lo que sintió con la llegada de Ambar.

No me había perdido ni una sola clase del curso de preparación para el parto. Estaba tan convencido de que todo empezaría de forma suave y paulatina que cuando llegó el momento no supe reaccionar. Era nuestra primera hija y me habían dicho tantas veces que los primeros partos son lentísimos que me había hecho esa idea. Mi mujer empezó a quejarse de que le dolía muchísimo y yo pensé que lo que sucedía es que tenía muy baja tolerancia al dolor. Busqué varias excusas para retrasar la salida de casa. Cuando llegamos a la maternidad y la ginecóloga nos dijo que estaba en dilatación completa, casi me caigo de espalda. ¡Por poco tengo que hacer de obstetra en el auto!

Estamos tan acostumbradas a los relatos de parto contados con lujo de detalles y realismo casi cinematográfico por las mamás que nos olvidamos de que en el parto también hay un punto de vista masculino. Veamos cómo lo vive y, sobre todo, cómo lo siente el padre.

El inicio del parto

«Cada parto es un mundo», suele decirse. Y en cuanto a la forma de comenzar, el tópico no puede ser más cierto. Algunas embarazadas se dan cuenta de que el proceso está en marcha con bastante anticipación, puesto que notan la pérdida del tapón mucoso que sella el cuello del útero durante el embarazo. Otras, rompen la bolsa súbitamente y hay quien comienza a perder líquido amniótico poco a poco, porque la bolsa solo se fisura. Muchas mujeres notan contracciones, inicialmente más llevaderas y espaciadas. Es imposible predecir cómo se desencadenará.

En general, los segundos partos suelen desarrollarse más rápidamente, por eso se recomienda a las gestantes que, si esperan a su segundo hijo, vayan a la maternidad en cuanto comiencen los síntomas. Cuando es el primer bebé, en el curso de preparación para el parto explican a las futuras mamás que, salvo que rompan la bolsa y el líquido esté sucio, pueden tomarse la ida al hospital con más calma. Si se rompe la bolsa, se pueden tomar las cosas tranquilamente, dejar a los chicos, si se tienen, con la persona encargada, y darse una ducha rápida antes de salir. En caso de que comience con contracciones, pero sin rotura de la bolsa amniótica, no hay absolutamente ninguna prisa.

Hasta que la mujer sienta que el dolor ya es intenso o no se encuentre a gusto en casa, puede seguir con su vida normal. Algunas veces, desde la primera contracción hasta que realmente se está en una fase activa de parto pasan varias horas, y permanecer en la clínica tanto tiempo resulta agotador.

El ingreso a la maternidad

Al llegar al hospital o clínica, hay que realizar la admisión de la mamá. En ocasiones, este momento genera mucha tensión en los futuros padres, ya que no parece el más indicado para formalismos y papeleo. Sin embargo, los trámites son muy breves. Una vez hecha la admisión, la embarazada pasa al área de maternidad, donde le harán una primera exploración para evaluar si está realmente a punto de parir. En este momento es necesario efectuar un tacto vaginal para conocer el grado de dilatación del cuello del útero, o si ya se ha roto la bolsa amniótica. Además, se toma la presión de la mujer. Si se encuentra en el hospital donde se ha llevado a cabo el seguimiento del embarazo, luego de los trámites de admisión se envía al área de partos la historia clínica de la mamá, donde constan todos los datos de salud y pruebas hechas durante la gestación. También harán preguntas como fecha de la última menstruación, enfermedades anteriores, entre otras.

Cuando llegamos a la clínica y la empleda de la ventanilla me pidió que llenara algunos formularios me pareció la tontería más grande del mundo. ¿Papeleo ahora? No estaba dispuesto a hacerlo. Todo sucedió muy rápido, un camillero ya se llevaba a Cris en silla de ruedas camino a la sala de parto. Así que, preso de los nervios, me colé sin formalizar el ingreso. Corrí por aquel pasillo larguísimo detrás de mi esposa. La empleada avisó a seguridad, pero ni el guardia más entrenado corre tanto como un futuro papá. Ya cuando tuvimos a la pequeña Ambar en brazos, nos reímos llamándola «pequeña sin papeles». El hospital es enorme y me aterrorizaba perder de vista a mi esposa y no estar en el parto.

Durante la dilatación

Una vez que se ha iniciado el parto, la mamá pasa a una sala de dilatación. En algunos hospitales y clínicas dan la posibilidad de dilatar en la habitación que se ocupará después del parto. Estar en un cuarto individual es mucho más cómodo para la embarazada y su acompañante, que estar en uno compartido por varias mujeres separadas tan solo por cortinitas. El espacio es tan reducido que, en algunos centros no permiten que el papá acompañe a su mujer, con el efecto negativo sobre el avance del parto que eso conlleva.

Si la embarazada pasa las horas de la dilatación en una habitación tranquila puede moverse con libertad o darse un baño para aliviar el dolor de las contracciones. También se siente más libre para expresar sus emociones sin miedo a molestar a otras. Mientras está dilatando, la obstétrica responsable vigilará que todo esté bien. Le tomará la presión y la temperatura y le conectará un monitor para vigilar el estado del bebé. Asimismo, cada dos horas aproximadamente, el obstetra realizará un tacto vaginal para evaluar el avance de la dilatación. Durante estas horas, la partera vigila atentamente todo el proceso.

La dilatación no existió, porque no fuimos conscientes de que estaba sucediendo. Cuando llegamos al hospital nos pasaron directamente a la sala de parto. Creo que hubiera estado más nervioso con gente entrando y saliendo de la sala y mil aparatos alrededor de mi mujer. Cuando entraba en la sala, vi cómo echaban a otros padres porque había demasiada gente adentro.

El período de expulsión

Cuando se ha completado la dilatación del cuello del útero empieza el período de expulsión. La mamá siente ganas de empujar, ayudada por la presión que el bebé hace hacia abajo. En este momento, ya se rompió la bolsa, aunque hay casos en los que la mujer comienza a pujar con la bolsa todavía intacta. En algunos otros, el bebé nace dentro de la bolsa amniótica, y una vez afuera, es el obstetra quien rompe las membranas para sacarlo. Popularmente se dice que estos bebés nacen con velo o manto, y que son criaturas que serán afortunadas toda la vida y tendrán un poder especial.

El parto no duró más de media hora, pero esa fue la más larga de mi vida. Mi mujer se quejaba, yo me decía a mí mismo que todo eso era normal, pero temía que algo pudiera pasar. Además, es tremendo ver que ella está sufriendo y uno no puede hacer nada para aliviarla. Lo poco que intentaba hacer o comentar, a ella le molestaba y me contestaba que la estaba agobiando. Así que me limité a expresarle con la mirada que confiaba en su capacidad para traer a Ambar al mundo. De pronto, mi hija ya estaba aquí.
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