Dudas sobre la lactancia

Ofrecer el pecho a demanda parece fácil, pero en la práctica surgen muchas dudas. Aquí contestamos algunas de las más frecuentes.

¿Un pecho es más grande que el otro y produce más leche?

Es algo normal, ninguna mujer tiene los dos pechos del mismo tamaño y esta diferencia puede aumentar durante la gestación y la lactancia.

Puede que el bebé tenga preferencia por un pecho en concreto, quizá porque la posición para mamar del mismo le resulta más cómoda o porque la leche sale más deprisa o más despacio.

Al lactar más tiempo de un pecho, este produce más alimento (cuanto más se pone al pequeño a mamar de un pecho, más leche sale).

¿Se atraganta porque tengo mucha leche?

Un bebé no se suele atragantar porque las mamas tengan un exceso de leche, sino porque la leche sale con mucha presión. Cuando ocurre, no es capaz de manejar un chorro tan fuerte, tose y le sale la leche por la nariz o se retira llorando.

Se puede optar por colocar al bebé en posición vertical (se atragantará menos que en horizontal) o sacarse algo de leche antes de ponerlo al pecho.

Goteo entre tomas

No tiene importancia, es normal y suele desaparecer a los pocos meses.

Conviene utilizar discos absorbentes de lactancia y cambiarlos con frecuencia para evitar que la piel macere en humedad, lo que puede facilitar la aparición de hongos. Es importante que la piel esté seca.

De repente pide más, ¿por qué?

Es posible que los pechos produzcan menos cantidad de la necesaria o que el bebé esté en una fase de crecimiento y precise más alimento.

En ambos casos, la solución pasa por amamantarlo más a menudo, hasta que los pechos se adapten a producir más leche.

Come cada poco tiempo, ¿tendré poca leche?

Puede deberse a varios motivos:

  • Que el bebé tenga un estómago muy pequeño, lo que hace que digiera la leche muy rápido y sienta hambre enseguida.
  • Que esté poco tiempo al pecho. Así solo toma la leche más líquida y no llega a la grasa, por lo que se llena sin saciarse y tiene hambre en breve.
  • Que esté al pecho, pero chupeteando más que mamando, porque en realidad se agarra mal y la madre no lo detecta.
  • En raras ocasiones, la causa está en alguna enfermedad materna (cirugía mamaria, anemia…), que no permite producir leche en cantidad.

Lo mejor para salir de dudas es consultar con el pediatra, la partera o una coordinadora de un grupo de ayuda a la lactancia. Si el bebé crece y engorda bien, no hay que obsesionarse.

Con un recién nacido es importante ponerlo al pecho con frecuencia, aunque él no pida comer, para que la lactancia se normalice. Pero cuando ya está instaurada, hay que dejarse guiar por la demanda del bebé y procurar que esté al pecho un buen rato para que llegue a la leche más grasa, la que más alimenta.
Es mejor darle solo un pecho pero vaciarlo bien, que ofrecerle los dos y que esté poco tiempo en cada uno. La madre solo tiene que recordar cuál ha sido el último pecho que le ha ofrecido para ponerlo al otro en la siguiente toma. De esta forma se vacían los dos por completo.

Casos especiales

Con cesárea

  • Es esencial proteger el abdomen con una almohada, de forma que el bebé no golpee la herida sin querer.
  • Para que el recién nacido no se apoye en los puntos, la mejor postura es la llamada «pelota de rugby»: el bebé mama boca arriba acostado sobre una almohada, debajo del brazo de la madre.

Con gemelos o mellizos

  • Se puede colocar un bebé a cada lado, en posición de pelota de rugby o uno en esta posición y el otro en la posición de cuna clásica, sobre el regazo. Poner los dos en la postura clásica puede servir al principio, pero cuando crezcan, les faltará espacio.
  • A medida que los bebés crecen, pueden adquirir su propio ritmo. No hay que forzar la situación y darles de mamar simultáneamente a la fuerza, sino respetar su individualidad y adaptarse a la demanda de cada uno.

Asesoramiento: Prof. Dr. Ricardo Horacio Illia, Jefe del Servicio de Obstetricia del Hospital Alemán.